Dese cuenta al punto que llegan los malos ejemplos dados por los adultos,
que ahora en Oriente Medio los niños fingen ser terroristas y juegan de
decapitación. Nascidas en países donde el
terror hace parte de la rutina de la población, estos transforman prácticas
macabras en retozados divertimientos. De acuerdo con videos divulgados en internet,
ellos aparecen fingiendo ser terroristas y simulando decapitaciones, como si
estuviesen jugando a la pelota o brincando de pique-esconde.
El Irak y en
Siria, donde el grupo extremista Estado Islámico (EI) ha capturado vastas franjas
territoriales, los niños presencian inocentes como algunos seres humanos son
decapitados en plaza pública, crucificados, lanzados de altos edificios y asesinados
a sangre frio.
Para algunos
de esos niños, los integrantes de los grupos yihadistas ya son sus héroes tipo
Batman, Superhombre, Capitán América, aunque en Paquistán los niños brincan de auto
explotarse.
Evidente que
muchos dirán que esas son cosas de niños y que no importan mucho cuales sean
sus juegos ya que la vida humana vale un comino. Pero creo que es de
preocuparse cuando esos mismos niños tuvieron la oportunidad de presenciar el
domingo pasado, a los militantes del Estado Islámico quemando por lo menos 8
mil libros y manuscritos raros de la biblioteca pública de Mosul, en Irak.
De acuerdo
con el director del local, moradores de la ciudad intentaron convencer a los
radicales a no destruir las instalaciones de la biblioteca, pero ellos acabaron
por hacer explotar prácticamente todo el acervo. A seguir, hicieron una gran hoguera
con los libros culturales y científicos, y se llevaron de allí libros infantiles
y religiosos, según los testigos del hecho. El “EI” también destruyó, ese
domingo, una iglesia y el teatro de la universidad local.
La
biblioteca, que fue fundada en 1921 después del nacimiento del Estado iraquí
moderno, contaba en su contenido con manuscritos que databan del 5000 a.C.,
libros sirios impresos en la primera gráfica del país, títulos que datan del
Imperio Otomano, periódicos locales de muchas décadas anteriores y antigüedades
como astrolabios. El acervo de familias de la alta sociedad de la región también
era hospedado en la referida biblioteca,
y gran parte de todo eso era considerado patrimonio raro por la Unesco.
“Es una
pena. Tenía por costumbre pasar por allí en los años 1970. Era uno de los
grandes lugares de Mosul. Aún recuerdo la lista alfabética de los libros”,
lamentó Akil Kata, que se exiló de la ciudad hace años, por cuenta de la
inestabilidad en la región.
En 2003,
invasores habían destruido gran parte del local, robando varios libros y
manuscritos. El contenido acabó por ser recuperado y devuelto al lugar, según el
ex director adjunto de la institución, Qusai al-Faraj. Quien agregó que Irak es
considerada la cuna de la civilización.
Evidente que
mucha gente considera la práctica de quema de libros como algo ofensivo por
diferentes razones: para algunos, es una forma de censura que los líderes
políticos o religiosos aplican contra aquéllos que se oponen a sus ideas. El
ejemplo más famoso y triste fue el de la quema de libros durante el régimen de Hitler
en la Alemania nazi acaecido en la Bebelplatz de Berlín, el 10 de mayo de 1933.
Ergo, aquéllos
que se oponen a la quema de libros generalmente comparan este hecho con lo
ocurrido durante el gobierno de los nazis. Para otros, la quema pública de
libros significa una publicidad gratuita cuyo efecto es atraer la atención
sobre libros que de otra manera quizá no habrían llegado a conocerse
ampliamente. Por eso algunas autoridades prefieren la destrucción privada de
los libros.
En todo
caso, la quema de libros y la destrucción de bibliotecas tienen una larga
historia y pertenece a los lamentables capítulos de la censura, el fanatismo,
la guerra y la estulticia. Pero esa no es una práctica reciente que se la pueda
atribuir gratuitamente a los chiflados de éste y del pasado siglo. Algunos de
los sucesos documentados muestran que la existencia de quema de libros y
asesinato de académicos en la China de Qin Shi Huang en el año 212 a. C., donde
muchos intelectuales que desobedecieron la orden fueron enterrados vivos. Luego,
los libros de alquimia de la enciclopedia de Alejandría fueron quemados en 292
por el emperador Diocleciano… Entonces, ¿qué podemos esperar mañana de estos
niños que fingen ser
terroristas y juegan de decapitación?... ¿Alguien tiene la respuesta?
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