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quinta-feira, 31 de março de 2016

Las Apostólicas Cartas de Amor


Cierta vez leí no sé dónde, que a veces “amarse no es suficiente” y hay historias de amor que deben terminar para no sufrir. No obstante algunos más incompetentes, en lugar de decirlo en la cara, prefieren escribir una carta de amor de despedida para ese amor que no puede ser.

En conclusión, una gran carta de amor es personal, y contiene alusiones a la historia íntima de la pareja. Ejemplificando lo dicho, cae como perilla si siempre la pareja va al mismo restaurante cualquier día de la semana o mes, tomar uno de los mantelitos de papel y escribir en él una carta: será un recordatorio de ese grato momento.

En determinados casos algunos suelen ser muy sinceros y dan rienda suelta a sus emociones. Pero lo más importante quizá sea esto: “la carta no tiene que coincidir necesariamente con una fecha en especial”. Por ejemplo, pueden ser escritas tres semanas antes de festejar el aniversario de lo que sea. Por lo que significa más cuando el otro integrante de la pareja no la espera. Entonces se convierte en la más profunda declaración de amor.

Poco importa lo bien o mal que la persona escriba. Lo importante es que plasme sus sentimientos en el papel. Por ejemplo: se puede dibujar una ventana y escribir: “Me encanta verte por aquí todos los días, cuando llegas del trabajo”. Y con ello tenemos que una carta de amor es un reflejo de la persona que la escribió… Después, por la noche, ya se verá.

De mi parte, me gustan las que ahondan en el alma, las que dicen que hemos enfrentado juntos una adversidad y salido adelante, porque creo que de eso se trata el amor. También me gustan las que lanzan fuegos artificiales, las que te hacen sentir que el corazón del otro estalla de alegría y pasión… O aquellas que van más profundamente en la cuestión y hacen temblar las piernas y todo lo demás que hay un poco más arriba de las rodillas.

Con todo, ya que hablamos de correspondencias ajenas, una vez que ha pasado la pascua, me arriesgo y puedo hablar sin miedo de ser excomulgado, que un documento histórico, compuesto por centenas de cartas y fotos, terminó por revelar la existencia de una relación muy estrecha entre el papa Juan Pablo II y la filósofa norteamericana Anna-Teresa Tymieniecka… Pero lo inusitado del epistolar caso radica en que ella era casada desde 1956 y madre de tres hijos. Aunque se sabe que esta amiga del Papa murió el 7 de junio de 2014, en la ciudad de Hanover, New Hampshire, en los Estados Unidos, a los 91 años, llevando consigo a la tumba el secreto de sus sueños.

Pese a que las benditas cartas no muestren evidencias de que el Papa haya quebrado sus votos de celibato, las epístolas que él intercambió durante 30 años con la filósofa permanecieron en secreto durante años.

Aparentemente, la amistad entre ellos comenzó en 1973, cuando Anna entró en contacto con el entonces cardenal Karol Wojtyla, entonces arzobispo de Cracovia, para consultarlo sobre un libro de filosofía del cual él sería autor. En la época, Wojtyla tenía 50 años y viajó para conocer Anna-Teresa y discutir sobre la publicación.

A partir de entonces, los dos comenzaron a intercambiar una serie de cartas por un periodo que se prolongaría hasta la muerte de Juan Pablo II… Lo que es redundante, porque sabemos que desde el más allá no hay servicio de correo.

De acuerdo con lo informado por la “BBC”, “a principio, las cartas del cardenal eran formales, pero -siempre hay un pero en medio de todo-, conforme la amistad fue creciendo entre ellos, estos escritos se tornaron más íntimos”. Además, desde que aceptaron trabajar juntos en una versión ampliada de la obra del Sumo Pontífice, Wojtyla y Anna-Teresa se reunieron en varias ocasiones, algunas veces con la presencia -ciega y silenciosa- de sus respectivas secretarias, nos obstante algunas veces, solos… Y es ahí que la imaginación vuela.

En todo caso, las cartas sugieren que la mujer nutría profundos sentimientos por Wojtyla -porque se supone pensaba que con ello tendría garantida su entrada al Paraíso-, mientras el Papa, por el contrario, luchaba para dar sentido a la amistad dentro de los términos cristianos… Huyendo como podía de caer más tarde en las puertas del Averno.

Por ejemplo, en una de las cartas, datada en setiembre de 1976, el Papa escribe: “Mi querida Teresa, recibí todas las tres cartas que has enviado. Usted menciona estar dilacerada, pero yo no conseguí encontrar una respuesta a sus palabras”… O se abstuvo de registrarla en el papel.

Puede que hoy día, descansando el alma ya en alguna estrella celestial, los dos estén intercambiando bajo la luz de los ojos, el eco de las palabras que fueron pensadas y no escritas, el roce inaudible de los pensamientos que otrora fueron contenidos, y en el firmamento se escuche ese silbido dirigido hacia la nada… ¡No es de dudar! 

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

sexta-feira, 11 de setembro de 2015

El Último Papelito de Robinson…


Justo en esta bendita hora, sumergido dentro de este bergantín de loza con mucha agua y poca espuma que tengo instalado aquí en casa, que recuerdo con cariño a las Nereidas, las cincuenta hijas de Nereo y de Doris y hermanas del bien dotado Nerites, exactamente en el momento que estas ninfas se vieron obligadas a permutar inefables baños de pureza por esa funesta ducha de mezquindad con que se pretende agredir un cutis rosado. Pena que décadas de inmersión en aguas creativas y poéticamente suaves, tengan que ser ahora mudadas ante la emergencia de ese aprisco igualitario e insano de las malogradas iniquidades termales.

Una enormidad pensará que éstos son desasosiegos que todo lírico enjabonado padece durante esos sacrosantos momentos de ejecutar su limpidez cutánea. Pues diré que es mero engaño del más suspicaz lector, porque en realidad me ha llamado la atención el inusitado objeto que fue arrojado en aguas del Mar del Norte a inicio del siglo pasado, y sólo ahora ha llegado sano y salvo a manos del destinatario.

Hasta puede parecer una historia de piratas, o quizás salida de las famosas aventuras de Robinson Crusoe, del libro homónimo del escritor inglés Daniel Defoe. En todo caso, en abril de este año, una botella que contenía un mensaje fue encontrada por la jubilada Marianne Winkler en una playa de la isla de Amrum, en Alemania.

Cuanto a esto, nada del otro mundo, pero como la curiosidad de la ociosa Marianne pudo más, ya que ella esperaba encontrar dentro del recipiente una jugosa declaración de amor o un pedido de socorro de algún náufrago lobo de mar, al destaparla encontró dentro de ella una tarjeta postal y la recomendación de que el contenido debería ser llevado para la “Asociación de Biología Marina del Reino Unido”.

Por supuesto que el recado, que fuera escrito entre 1904 y 1906, contenía recomendaciones dirigidas para los posibles especialistas que lo analizarían, en tres idiomas: inglés, alemán y holandés. Asombrada con el hallazgo, luego de leer el mensaje, la jubilada alemana se juntó a su marido en la curiosa tarea de llevar la botella hasta la institución inglesa.

Los reporteros de la agencia “Associated Press” apuraron en entrevista otorgada por el portavoz de la mencionada asociación, Guy Baker, lo siguiente: “Nosotros quedamos muy animados. Ciertamente no esperábamos recibir nunca más alguna de esas tarjetas postales”.

Es que según el vocero, ese recado hace parte de un experimento que fuera comandado por el investigador George Parker Bidder, quien, al inicio del siglo pasado, lanzara mil botellas en el Mar del Norte, para con ello analizar el flujo de las corrientes marinas.

El propio Guy Baker cuenta que la mayoría de los mensajes fueron encontrados por pescadores, muchas décadas atrás, y cada uno de ellos presenta una indicación de donde fue encontrada la botella; por lo que le comentara al periodista inglés del “The Telegraph”: “Nosotros creemos que esta botella sea parte de la última tanda que él lanzara al mar en 1906. Por tanto, debe tener unos 108 años”.

En todo caso, como esa ya es una historia antigua y los flujos y reflujos -más bien intestinales- que pretendía medir Parker Bidder ellos ya lo saben de memoria, con la intención de dar más notoriedad a la anquilosada Asociación de Biología, no han perdido tiempo y ya accionaron el “Guinness Book” para registrar el recado como siendo el más antiguo ya descubierto. El record oficial, hasta ahora, es el de un mensaje en una botella encontrada después de 99 años flotando en el mar.

Con todo, a pesar de la vertiginosa intención de pretender relatar placeres filosóficos sobre el periplo náutico durante un simple baño, noto que la Lógica otra vez se ha mostrado dogmática, rancia, antihigiénica y resbalosa, restándome solamente la esperanza del semicupio, el cual, por razones obvias, no compartiré con nadie… ¡Haya desfachatez!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/