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quarta-feira, 8 de fevereiro de 2017

Entre Querer y Amar


Presumo que usted todavía no esté lista para entender cuál es la efectiva diferencia entre amar, querer y estar enamorada, debido a su completa ingenuidad actual y a esa inocencia que los traspiés de la vida ya se han de encargar de destruir. Así como opino que no le basta con que haya escuchado hablar sobre el tema, ya que muchos suelen confundir los términos querer, amar y estar enamorado como si ello se tratara de lo mismo. En primer lugar, le diré que esas palabras son tres cosas distintas.
Por ejemplo, querer es un sentimiento introspectivo que nos impulsa a dirigir nuestro cariño y aprecio hacia una persona, a un objeto, a un lugar e inclusive a una situación. En cambio, amar va mucho más allá del querer, puesto que es un acto, es ser, es principalmente aceptación pura, libre de juicio, por lo que cuando experimentamos el amor, nos elevamos, y como consecuencia, esa práctica nos conduce a un elevado estado de conciencia, cuando no de demencia.
Por supuesto que cuando a uno se le ocurre externar el aspecto sentimental de los humores temporales de nuestro corazón, nos referimos a dos términos que suelen parecer lo mismo, y sin embargo no nos damos cuenta que existen grandes diferencias entre esas palabras que van más allá de los verbos “amar” y “querer” que regularmente envuelven nuestros sentimientos.
Al escuchar esos dos términos, luego los involucramos en cuestiones sentimentales, lo qué, si bien es correcto, al emplearlos para expresar todo el sentir de los profundos afectos, puede hasta sonar muy hermoso a los oídos de un incauto, no obstante el sentimiento a veces nos lleva a cometer un error, y esto nada más es que confundir el significado de los dos vocablos.
Amar, es un verbo que proviene de la palabra “amor”, que significa la acción de expresar un sentimiento intenso, que por su iniciativa busca encontrarse y unirse con otro ser. Es decir, que tiene una innata atracción, inclinación y entrega de una persona hacia otra, cuyo objetivo primordial es procurar la reciprocidad en el anhelo de la unión de dos seres. Y ese empeño implica comunicación, convivencia, complemento y una relación afectiva basada en la decisión y consentimiento de sus propias voluntades. 
Por su vez, querer es también un verbo que significa que un individuo pretende cumplir su deseo. O, dicho en otras palabras, que él busca poseer o apetecer algo o a alguien, para su propia satisfacción personal. Es decir, que hay una inclinación, un interés, teniendo una connotación egoísta y posesiva. En suma, tenemos que el acto de amar es un sentimiento altruista y desinteresado, mientras querer es un deseo que implica buscar una satisfacción.
Ahora, enamorarse o estar enamorado, en cambio, es una obsesión que no tiene nada que ver con amar y muy pocas veces con querer. El hecho de alguien enamorarse implica luego en apego e ilusión, una proyección en alguna situación, persona o cosa, donde alguno pretende hacer coincidir artificialmente características de un modelo que fue idealizado en la mente del que sufre la obsesión o enamoramiento y el objeto real.
Es por eso que erróneamente decimos que el amor es ciego. Y no es así, ya que el amor no es ciego. Ciego nos hace estar enamorados porque ensoñamos un sentimiento en lugar de apreciar. Y me arriesgo a decir que a diferencia del enamoramiento, cuando amamos apreciamos las cosas, las ideas o las personas tal como ellas son, sin idealizarlas.
Lo que es muy diferente al querer, porque se aceptan las ideas, cosas o personas sin querer cambiarlas o dominarlas, o sea, que se aceptan con sus virtudes y debilidades. Y lo que es muy distinto del enamorado, que, dada su obsesión, proyecta su ilusión sobre otro ser, haciéndole coincidir artificialmente con las características de alguien que sólo existe diáfanamente en su mente a través de una previa construcción ilusoria, por lo que muchas veces este individuo suele exacerbar los atributos que considera positivos  y, sin otra, justifica, niega o ignora aquellas características que obvia pero que luego, con el tiempo, considerará “defectos”.
Así que, el enamoramiento tiende a durar poco porque el rigor del día a día va desvaneciendo la espesa niebla de la ilusión que impide ver quien lo padece, y, poco a poco, al pasar su “ceguera”, empieza a percibir aquellos aspectos que siempre estuvieron allí pero que habían sido pasados por alto, aquellos que jamás observó o tomó en cuenta.
En fin, los años ya le ensañaran a usted a descubrir esas sutiles diferencias, pero no se olvide que es preciso amor para hacer pulsar el corazón, se necesita paz para poder sonreír, y una lluvia de amor para hacer florecer una rosa como usted.

sábado, 27 de setembro de 2014

Algunos de la Tercera Edad no son Sen


Antes de abordar el contenido de la trama final, necesito comentar que estudioso en estos asuntos tan tiernos, apuntan que las demencias (Enfermedad de Alzheimer, Enfermedad de Parkinson con demencia y otros trastornos relacionados), son probablemente los trastornos clínicos más importantes de nuestro tiempo en términos de sobrecarga para los individuos afectados y sus familias y, desde luego, de coste para la sociedad. Por ejemplo, la Enfermedad de Alzheimer supone entre el 60% y el 80 % de los casos de demencia.

Todos deben tener en cuenta que tanto en el envejecimiento normal como en el patológico, la disfunción “mnésica” es la alteración cognoscitiva más común con detrimento de la calidad de vida y de la capacidad de nuevos aprendizajes y en la evocación de información valiosa.

Por tanto, el deterioro de la memoria asociado con la edad describe una declinación en la memoria sin otra causa que lo explique; por lo que se ha sugerido que es un fenómeno normal en los ancianos más que una etapa inicial de una demencia u otra enfermedad.

Sin embargo, a pesar de las diversas causas capaces de producir estos deterioros cognoscitivos, eso no suele ocurrir con todos los longevos. Por lo menos así lo apunta el siguiente relato:

De repente, un hombre ya entrado en años, ingresa un viernes por la tardecita a una joyería acompañado a su lado de una despampanante rubia.

Al ser atendido, el hombre le dice al dependiente que desea regalar algo especial para su amiga.

El joyero busca en los escaparates y le muestra un anillo valorado en $ 5,000.00 dólares. El hombre mira la joya y responde:

-¡No! ¡No!... Yo quiero algo realmente especial.

Entonces el joyero se dirige a una bodeguita privativa, y de allí regresa con un anillo increíble.

-¡Esta es una joya valorada en $ 40,000.00 dólares! -le dice el joyero.

Al ver la joya, los ojos de la dama parpadean con brillo excesivo y su cuerpo tiembla de excitación.

El hombre, al darse cuenta de su reacción, expresa: -¡Lo compro!

El joyero, entendiendo que nadie lleva tal cantidad en los bolsillos, le pregunta por la forma de pago.

-Con cheque -le responde el anciano comprador-. Obviamente usted necesitará verificar que mi cheque es bueno. Así que… acá lo tiene.

-Por favor… -agrego, mientras el joyero observaba el cheque-, el lunes llame al banco para verificarlo, y cuando esté todo en orden, llámeme… Yo pasaré el lunes por la tarde para retirar el anillo.

El lunes por la mañana el joyero lo llama terriblemente enojado.

-¡¡¡No hay ningún dinero en esa cuenta!!!

-Ya lo sé, -le informa el anciano-. Pero usted ni se imagina el fabuloso fin de semana que he pasado.

 
Moraleja: ¡No todos los de la tercera edad son seniles!

 
(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante