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sábado, 7 de novembro de 2015

El Hilo Dental No Sirve Para Todo


Es incuestionable que un bello sonriso nunca sale de moda. Por tanto, si el carcajeado leyente quiere salir bien en la foto, no olvide que un sonriso bien cuidado es señal que cuida de la higiene y de la apariencia de sus dientes, o sea, es sinónimo de salud bucal.

Claro que para conquistar ese sonriso bonito y saludable, ni siempre cepillarlos es suficiente, ya que existen áreas donde la escoba no consigue alcanzar para remover toda la placa bacteriana y pequeños residuos y brozas que se alojan en la boca… Principalmente en la de aquellos que practican ciertos actos pecaminosos.

Es sabido que cuando estos serrines no son completamente eliminados, ellos terminan colaborando con el aumento de la placa bacteriana y enfermedades periodontales. Por eso, para garantir una higiene bucal completa y perfecta, la utilización diaria del hilo dental es indispensable… En la boca, por supuesto.

Muchas personas no pasan el hilo dental por haraganería o falta de tiempo, pero usarlo por lo menos una vez al día, de preferencia después de cenar, puede evitar que uno pase largos periodos con residuos adheridos entre los dientes, y a su vez ayudaría a minimizar las consecuencias de ese acúmulo… Ahora, eso de inventar pasar un hilo en otros lugares para limpiar cavidades ocultas, puede llegar a ser desastroso para cualquiera.

Independiente de lo escrito aquí, puedo agregar que no es fácil trabajar en hospitales. Todos lo sabemos. De vez en cuando los galenos y demás clínicos se ven delante de casos extremos que podrían dejar a cualquier persona abismada. Como uno que ocurrió hace pocos días en Jiangxi, una provincia que queda al sur de China, y que de repente dejó todo un país de ojos sesgados de pelo en pie y con ojos de lechuza a media noche.

Con respecto a lo ocurrido, médicos locales reportaron que un hombre llegó al hospital de la referida provincia bastante quieto y aparentando sentir mucho dolor. Habló poco con las personas que lo atendieron y sorprendió a todos con su real problema, que sólo fue revelado luego después de realizado un examen de rayo-X.

A pesar de no querer hablar, el hombre mostró a los médicos que sentía mucho dolor en sus genitales. Así que, luego que fueron realizados los exámenes preliminares, descubrieron que el individuo estaba con un pedazo de hilo de metal inserido en su uretra.
Los médicos, claro, se preocuparon de inmediato con la situación, porque el tal hilo de metal no estaba solamente inserido profundamente en la uretra del susodicho ciudadano, sino que también estaba llegando hasta su vejiga. A causa de ello su dolor era enorme.

De acuerdo con relatos recogidos por el periódico británico “Mirror”, el hombre -sin identidad revelada- fue bastante solícito con lo que le fue pedido durante el atendimiento. Sólo que no quiso, de manera alguna, revelar a los funcionarios del hospital cómo fue que aquel pedazo de metal había ido a parar en su uretra… Ya que dientes allí no crecen.

Al instante de realizados algunos exámenes de rayo-X y la intervención médica, el hombre fue para la mesa de cirugía. Allí pasó por un proceso especialmente delicado, una vez que los médicos lucharon no solamente contra el pedazo de metal, sino también contra una infección que ya había dado la cara. Al final del procedimiento el hombre se recuperó y consiguió volver a su casa en pocas horas.

En contrario a lo que el buen sentido proclama y mientras me entrego a meditar sobre ciertas filosofías con sabor de Nada, me pregunto: ¿puede haber algo inmediatamente más trágico que digerir incandescencias o rozar hemorroides? Puede, sí, basta con uno introducir un hilo en aquel lugar… ¡Tremebundo!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

sábado, 3 de outubro de 2015

Difunteando con un Sonriso en los Dientes


Supongamos, por ejemplo, que uno se aproxima, pide permiso para pasar, pero quien está delante hace un movimiento de rechazo y dice: “Si tienes prisa, haber venido antes”. En ese momento uno calla porque nunca se sabe cómo va a reaccionar la sensibilidad de los otros; sin embargo, a su lado hay otro sujeto y eso basta para que nos dé paso de inmediato. No satisfecho con el gesto, uno no se contenta y le da una palmada en la espalda del de delante y luego consigue avanzar fácilmente entre la mole humana para así llegar más cerca del lago donde dicen que se encuentra el “cisne Lohengrin”.

Ergo, esa travesía lleva su tiempo porque la gente es mucha, sin contar con que, a medida que uno se va acercando al borde de la multitud, cuesta más abrirse camino, y no por súbita mala voluntad, sino porque la apretura apenas permite moverse. El aparatito ya está encendido, pronto para registrar tan campestre escena, porque uno cree, seguramente, que donde tanta gente se reunió por la razón de todos conocida, es lícito, y quizás propio, llegar hasta la orilla y registrar nuestra presencia en un selfies…

Pues bien, la conjura de la película también podría ser otra, y si un día a alguien se le ocurre hacer nuevamente un filme de acción y terror que en lugar de lo romántico el galán bregue con algo peligroso al ser humano, creo que el propio Steve Spielberg puede dejar los tiburones de lado. El asesino del contubernio ahora bien puede ser una… selfies.

Eso mismo, mi cinéfilo leyente. Es de no creerlo, pero actualmente, si nos enfocamos en los datos estadísticos, es más probable que a uno lo alcance la muerte tirando una selfie de que ser atacado por un tiburón. El estudio que trae este impresionante y curioso dato fue realizado hace muy poco por el sitio “Mashable”.

Sólo para saciar la curiosidad de algunos, en lo que va del 2015 ya fueron registradas 12 muertes accidentales causadas por las selfies. Ahora, por ataques de tiburones, el número resulta razonablemente menor, ya que en todo el mundo han sido reportados solamente 8 casos de este tipo a lo largo del año.

Sin ir más lejos, durante la última semana, por ejemplo, un turista japonés murió al intentar tirar una foto en el “Taj Mahal”, en la India. Por supuesto que su muerte terminó contribuyendo para la estadística del tipo más común de muerte accidental por selfies: “caída en la hora de sacar la foto”.

En todo caso, por increíble que pueda parecer a cualquiera, el segundo motivo que más tiene relación con las muertes por selfies, está conectado con trenes. Empero, tal causa no es de extrañar, porque en el mundo todo ya viró moda eso de querer tirar fotos próximo de las vías justo en el momento que los trenes pasan. Por cuenta de ello, ya fueron relatadas tres muertes con esa idiotice.

En Rusia, por ejemplo, el gobierno ya implantó una cartilla sobre selfies. En ella se alerta para los peligros con trenes y la atención y cuidados que hay que tener en los lugares altos… Aunque nada dice sobre los riesgos que uno corre bajo las metrallas de Vladimir Putin. Por otro lado, en los Estados Unidos, la tierra del pacífico Barak, un parque del estado de Colorado simplemente cerró las puertas por causa que muchos visitantes -idiotizados- se aproximaron de osos para tirar las selfies.

En fin, pienso que también puede existir algo inmediatamente más trágico que el hecho de un humano querer tirar una bendita selfies en lugares peligrosos, como podría resultar querer digerir incandescencias o rozar hemorroides sobre escarpados toboganes históricos… ¡Habría que ver!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/