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terça-feira, 5 de abril de 2016

Una Pasión Más Grande que el Mar


Presumo que un disgusto, por más pasajero que éste sea, una jaqueca o migraña, incluso de las más soportables, es capaz de transformar inmediatamente el curso de los astros, de perturbar la regularidad de las mareas, de retrasar el nacimiento de la luna, y, sobre todo, desajustar las corrientes del aire, el sube y baja de las nubes; y basta con que le falte un único centésimo a nuestros pesos reunidos para el pago de una cuenta, para que los vientos se levanten, se abra el cielo en cataratas, como forma de que la naturaleza se muestre toda compadecida con el inquieto afligido.

Hay de todo en este mundo, pero mismo así no han de faltar los escépticos de siempre, me refiero a esos que tienen por función dudar de todo incluso sin pruebas en contra o a favor, que mi proposición es indemostrable y vera el exagero.

No los culpo por pensar así, y para agradar su egolatría, enmiendo mi reflexión y digo que a lo mejor, pensando que ella era una Krisztina Egerszegi -no confundir con la CK argentina-, o una Inge de Bruijn, o tal vez en ese momento estuviese vistiendo el espíritu deportivo de la norteamericana Janet Evans, que una turista inglesa de 65 años intentó alcanzar a nado un navío que zarpó del puerto de Funchal el sábado retrasado a la noche sin ella a bordo.

Ahogada entre varias bocanadas del pernicioso salitre del mar, cuatro horas más tarde, la mujer, tremiendo y asida a una pequeña valija, fue rescatada por un grupo de pescadores que, para su suerte, la avistara ese sábado a la medianoche, a unos 500 metros de la costa, en aguas del Océano Atlántico, conforme lo comentó Félix Marques, hombre responsable por la administración del puerto de Funchal, en la capital de la isla portuguesa de Madeira.

“Pese a la oscuridad de la noche, los pescadores percibieron la mujer gracias a sus gritos”, acrecentó Félix, que se mostraba feliz.

Es más, de acuerdo con el relato del periódico “Correio da Manhã”, la turista dejara el navío “Marco Polo” en el puerto de Funchal, donde éste realizara escala, después de ella discutir con su marido. Aparentemente -con aquella parte anatómica colgante ya inflada como pelota de fútbol-, el hombre había decidido más que alígero volver para Gran Bretaña de avión… Más o menos así como irse lo cuanto antes a la gran puta.

Pero una vez en el aeropuerto, que queda en la costa este de la isla, la mujer vio pasar, de repente, de lejos, el navío de la empresa británica “Cruise & Maritime Voyages”, a camino de Lisboa. Sin meditar mucho -y sin verificar antes si estaba de pose del flotador y su biquini-, ella entonces se zambulló en el agua a las 20.00 horas con la intención de nadar hasta el cruzeiro, de acuerdo con lo relatado por Marques.

Cuatro horas más tarde, con la piel más arrugada que perro de raza “Shar Pei”, la sexagenaria mujer fue rescatada y llevada a un hospital en Funchal, con avanzado estado de hipotermia. De acuerdo con la cadena “SIC”, su marido ya no estaba más en el navío porque había tomado el primer vuelo para Inglaterra.

Enterado de tanta desilusión aguada y vista esta historia con la intensidad que se merece, inmediatamente recuerdo la íntima relación entre la locura del balé “Giselle”, la pobreza irrisoria de la literatura contemporánea y, claro, mi sempiterna homenaje a Freud, a quien se le atribuye la simpática historia pasada en Viena, cuando, ociosos, un asesino, un necrófilo, un zoófilo, un sádico y un pirómano estaban sentados en un banco de jardín sin saber exactamente como ocupar su tiempo… Por suerte allí no había mar... ¡Impresionante!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

terça-feira, 20 de outubro de 2015

Efectos de la Turgencia Craneana


Es lógico que un disgusto por más pasajero que sea, como lo puede ser una jaqueca, incluso de las más soportables, sea capaz de trastornar inmediatamente el curso de los astros y perturbar la regularidad de las mareas. Otros dicen que conforme ocurra, hasta pueden retrasar el nacimiento de la luna y, sobre todo, desajustar las corrientes de aire, el sube y baja de las nubes y otras cosas por el estilo… Por supuesto que si el dolor es de guampas, ahí ya no hay tu tía que valga.

Dirán los escépticos, esos que hacen profesión de dudar de todo incluso sin pruebas en contra o a favor, que esta proposición es indemostrable, pero ya verán ellos que no es bien así como lo piensan e intuyen. Quien diga que la naturaleza se muestra indiferente a los dolores y preocupaciones de los hombres es porque no sabe ni de hombres ni de naturaleza… Cuanto más de mujeres. 

A causa de esas inmoderaciones, recuerdo que hubo una época en que el propio Harpócrates, el austero dios del silencio en tierras helénicas, ordenara que las criaturas fuesen comedidas al expresarse en el relacionamiento interpersonal para con los que tienen el propósito de imitar la honestidad. Con todo, además de los violadores de sepulturas, que bien sabemos les gusta tocar viola sobre los túmulos de lo Verosímil, estamos rodeados de las estupideces habituales que nos llegan con un ruido ensordecedor de onomatopéyicos discursos que buscan defender códigos recontra ultrapasados.  

Que lo diga una mujer que vive en Arabia Saudita, ya que ella ahora corre el riesgo de ser presa por un motivo impetuoso y audaz -a su favor, claro-. Ocurre que cuando ella flagró a su marido besando a la empleada doméstica, no dudó dos veces y filmó el cariñoso momento y lo luego lo postó en internet… Todo por causa de la repentina y fuerte puntada que ella sintió en la frente superior de su cabeza.

Como esos no son malestares que uno los solucione con Mejoral o Aspirina, como resultado de ímpetu, en la grabación, el hombre aparece en la cocina de su casa con la mimosa empleada. Después de una breve conversa, el marido comienza a pasar su mano boba en el cuerpo de la mujer antes de abrazarla y besarla. 

De acuerdo con el periódico árabe “Sada”, la acorneada esposa ya sospechaba de la traición y decidió usar una cámara escondida para flagrar el apasionado momento. Con todo, su identidad y la de su marido no fueron reveladas por la prensa local.

“La punición mínima para su marido es escandalizarlo”, exclama la mujer engañada en la descripción del video que fue postado en “Youtube” para el deleite de los internautas.

Sin embargo, mismo delante del flagrante incontestable de la traición, la mujer con espíritu vacuno puede ser condenada a un año de prisión o arcar con una multa de casi U$ 150 mil. Todo, porque según la ley del mencionado país, cualquier persona que usar celulares o cámaras fotográficas con el intuito de difamar a alguien por la razón que sea, deberá cumplir la punición establecida en la legislación.

Luego de dar cuenta de lo ocurrido, los internautas del mundo entero pasaron a criticar la posibilidad de la condenación de la esposa que le salieron guampas. Entre tanto, como ocurre en la vapuleada democracia, otras personas acreditan que la difamación, a pesar de la traición del marido, debe ser castigada.

Por tanto, para apacentar el espíritu y crear un clima de absoluto suspenso, hago caretas “Kabuki” y respondo al amado lector que simplemente saltaré ventanas de la conciencia para penetrar de vez en esa cuestión de la altisonancia innoble que nos rodea… ¡Tremebundo!

  (*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/