Todos recuerdan que de segundo o cuarto año de la
secundaria le empezaban a llover invitaciones en cartulinas blancas con letras
doradas: ¡Los cumpleaños de 15!
Como ocho o diez años después, comenzaron los
casamientos. Luego llegaron los cumple de los hijos, de los amiguitos de los
hijos, de los hijos de los amigos. Después todo se volvió más tranquilo, el de
los nietos en saloncitos, de 5 a 7 y media de la tarde y adiós… Eso, hasta que
alguien inventó el cumpleaños del número redondo, festejar los 70. ¡Y estuvo
genial! ¡Sí, señor!! Es casi casi, la “Fiesta de la Nostalgia”.
Este relato se debe a que nos invitaron a una,
justamente cuando hacía mucho tiempo que mi mujer y yo no teníamos una salida bien
vestidos. La modista arregló vestidos, ensanchó trajes y pantalones. Así que llegado el día, nos
fuimos al encuentro de los compañeros de una generación pujante y vital.
Llegamos, saludamos a Jorge, el festejado, y cuando nos
sirvieron, desde unos fuentones con mechero, los platos calientes que se comían
de pie, comenzaron los problemas: Ravioles y ñoquis al verdeo; Mollejitas
fritas con salsa cuatro quesos; Camarones en salsa provenzal, y otros etcéteras
por el estilo.
Claro, todo bien servido a los 200 comensales que,
apretaditos y de pie durante la recepción, sosteníamos un plato caliente con
una mano, el tenedor con la otra, el vaso de whisky como se podía, mientras saludábamos
a un amigo con la cabeza, siempre con un leve pero persistente temblequeo de párkinson
en las manos.
Pero el desparramo de salsas fue inevitable... Me
mancharon el traje 3 veces, una con salsa roja, la otra con aroma a ajo y otra
con una crema espesa. No obstante, por fin pasamos al salón principal.
De repente noté que la conversación en la mesa se
fue poniendo linda. Todas las frases comenzaban con:
-¿Te acordás de...?
-¿Vos estabas el día que...?
-El que no está bien es...
-¿Sabes quién tuvo otro nieto?
-¿Viste quién se murió?
Pero cuando alguien trataba de recordar quién fue el
que hizo tal o cual cosa en los años 50 y pico, aparecían los… ¿eeehhhh?, ¿Cómo
era?... ¿Cómo se llamaba?... Y las conversaciones entre nosotros fueron más o
menos así:
-¿Y ustedes ya tienen nietos? -Nos preguntó un
invitado al que se le movía la dentadura postiza.
-Sí, una -le dijo mi mujer.
-¿Dos nietas ya?
-No, una sola.
-¿Dos varones?
-¡¡NOOOO, UNA NIIIIETA!!
-¿Nineta? Qué lindo nombre. Disculpa que no te
escucho bien… Están poniendo la música muy alta.
-Acá tengo una foto de mi nieta -le dijo mi mujer al
otro invitado.
-Ni te molestes -le contestó él-, sin los lentes no
veo nada.
Sin embrago, la fiesta estaba muy buena, el
disc-jockey pasaba de “Zapatos Rotos” a “Yo en mi casa y ella en el bar” y de “La
Lambada” a “La Felicidad”, sin olvidarse de Smith y sus pelirrojos ni de
Antonio Prieto y Palito Ortega.
De repente, vi que de la pista me hacía seña un
pelado que oficiaba de locomotora para que saliéramos a bailar con el trencito.
Dos veces me tenté y dos veces me senté.
Dos veces me paré y dos veces mi mujer me pegó un
pellizcón en zonas de compromiso, y mientras me aplicó el plan taco aguja mientras
me gritó en secreto al oído: -¡¡Espera a los lentos. Si bailamos esto se nos
descose todo!! ¿Por qué no vas a fumar un cigarro afuera con Carlitos y Oscar?
Ahí viene el mozo ¿Te pido algo?
-Sí, pedime un trago largo con Mylanta y un par de
Aspirinas batido con bastante hielo. Estoy que repito todo lo que comí. Ya vengo....
-Mi amor -me dijo mi mujer cuando me paré- llévate
el celular por las dudas y llévate también este papel con el número de la mesa
anotadito, que después te la pasas buscando por todo el salón.
El baño estaba de lo más concurrido, muchos flojos
de vejiga y prostáticos nos encontrábamos a cada rato… ¡¡Eso sí que estaba
divertido!!
Desde adentro, el tipo del micrófono avisaba que se
había perdido una señora llamada Raquelita, que no encontraba la mesa y que
estaba junto al tipo que pasaba la música. Que fueran a retirarla allí mismo.
Fue una fiesta inolvidable, a las 11 de la noche nos
tomaron la presión a todos y un enfermero nos atendía sin costo a los que se
sofocaban bailando. El cardiólogo hacia bajar la presión de los más graves con
pastillas sublinguales.
Por suerte no fue necesario utilizar el aparato para
electrocardiogramas ni tampoco el Desfibrilador Externo Automático. Para
tranquilidad de todos, avisaron que una ambulancia hacía guardia pasiva en la
puerta del salón.
Junto con los suvenires, en un detalle realmente
novedoso -Jorge es un detallista-, a los que queríamos seguir tomando cerveza
nos iban entregando pañales desechables.
¡Formidable invento esto de los cumpleaños de 70!
¡Y mejor todavía, que se pongan de moda justo ahora,
que aún estamos hecho unos potros!
(*) Siguiendo
la misma línea y estilo del presente Blog, surge ahora “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, conteniendo apenas
instantáneas del cotidiano. Disfrútelo en: http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ Conjuntamente, continúa a su disposición mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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