Como si la cuestión en sí fuese un caso digno de
comedia bufa frecuentemente representada por los comediantes con superación y
éxito en los tablados de los teatros o en las pantallas grandes de las salas de
proyección, en contraposición a ello, el contenido del drama se debe a que a una
mujer estadounidense se le ocurrió nada menos que apelar a los tribunales para poder
cambiar su nombre de pila -que ella misma asegura que es muy feo-, por uno más
bien exótico y original que seguramente a usted no se le ocurriría nunca ni figura
en el santoral.
Empero, para desdicha de esta mujer y suerte de sus
hijos, ella deberá vérselas antes con un juez reacio a admitir tales
modificaciones.
El caso
en cuestión, es que la estadounidense Sheila Crabatree, una coqueta madre de
dos hijos adolescentes que ni que la estén matando piensa revelar su edad,
desea con exacerbado entusiasmo poder cambiar un día su odiado nombre por otro
que -según ella- reflejaría mejor su personalidad.
Teniendo en
cuenta lo que informa el
periódico “Columbus Dispatch”, parece que doña Sheila está dispuesta a llevar
adelante todos los trámites que hagan falta para poder llamarse… “Sexy”.
Al más
mentado lector puede sonarle extraño el nombre y la ocurrencia, pero según Sheila
explica -y no Freud, que para ese tipo de salida recomienda serenidad y dos
dedos de frente-, el nombre se le ocurrió porque conforme acabó revelando:
“como uso ropa de Victoria's Secret todo el tiempo, me veo muy sexy, así que
voy a ir a por ese nombre”, declaró toda risueña al ser entrevistada.
En todo
caso, para lograr superación en su
cometido, ella deberá pagar 87 dólares y contar con la anuencia del juez, pero todo
indica que este último detalle podría resultar complicado de cumplir.
Sucede
que el honorable juez Robert Hoover, del condado de Licking, Ohio, ha atendido
más de un caso de similares características, y en varias ocasiones él ha vetado
nombres raros.
Cuentan
que en una ocasión, el juez rechazó el pedio de un hombre que quería llamarse “Demonio
de Tasmania”, aunque para no desanimarlo, le permitió llamarse “Taz”. Asimismo,
en otra oportunidad le negó la solicitud a una jovencita que quería llamarse “Winnie
Pooh”.
En otra
oportunidad, cinco años atrás, una mujer llegó a caballo a la corte y entró al lugar
vestida sólo con una bata. La mujer se despachó con un discurso acerca de la
Última Cena, y dijo que le gustaría llamarse “Jesucristo Señor y Salvador”.
“Se lo
negué porque no estaba seguro de que ella estuviera en sus cabales”, alcanzó a explicar
el juez Hoover al mencionado periódico, cuando el oportuno entrevistador le
hizo recordar el fallo.
Volviendo
al tema principal, resulta que Crabatree, nacida en Pataskala, Ohio, dijo también
odiar tanto su nombre, que desde niña ha venido usado el segundo, Renea, que
suena mejor y no causa chacotas.
Sin
embargo, frente un posible y seguro tropiezo por causa de la recia actitud del
magistrado, doña Sheila declara estar preparada para defenderse del historial
de rechazos del juez, afirmando que posee un “Plan B” que podría emplear de ser
necesario.
Frente a
esto, imaginamos -el sabio lector y yo-, que sea necesario estudiar ciertas
obras enciclopédicas, caudalosas y insensatas, para lograr comprender la
mediocridad absoluta que está llevando a la humanidad a corromperse con tamañas
ideas, cuya esencia maniaco-depresiva poco mitológica desprecia hasta los
mismos dioses y señores de la Tierra, los Cielos y los Mares, tirando sobre
nuestros cansados hombros la responsabilidad de tener que cuidar de sus
ocurrencias que llegan a envolver asuntos como “pedofilia zen”, “ajedrezismo
anal”, “lesbianismo filatélico” y otros tantos temas mortales ofrecidos de
forma abundante todos los días… ¡Peripatético!
(*) Dentro
de la misma línea y condición de este Blog, dese una vueltita por “Infraganti!!!
Imágenes sin retoque”, un blog que contiene apenas instantáneas del cotidiano.
Disfrútelo visitando http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ y pase por mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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