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quarta-feira, 6 de abril de 2016

Perdidos en el Basural de la Vida


Sentado en mi trono de pelagatos, normalmente puedo ver desfilar el tiempo y sus minucias, los torbellinos del desorden, las golondrinas que retornan cargadas de experiencias varias y otras efemérides por el estilo. No obstante, siempre existirán cosas que nos han de sorprender. Por ejemplo, el otro día me encontré con mi amigo que, asustado, me tomó del brazo y me dijo: Mira, ayer perdí un billete de U$ 100. Por si acaso lo encuentras, es mío, dice Federal Reserve Note y tiene dibujada la cara de Franklin en la misma…

Pues bien, excepto éste relato exasperante, desde mi banqueta puedo ver también cielos que se aclaran y oscurecen sin interrupciones, y de cerebro atribulado por causa del comentario de mi amigo y otro evento casuístico, se me ocurre preguntar: ¿Lo que uno no haría si tirase por acaso un anillo de 400 mil dólares a la basura?

Ergo, si la respuesta del arrebatado lector fue algo próximo de revolver toda la basura posible e imaginable, entonces sin duda podrá muy bien ser el propio protagonista de esta historia… De por medio mugrienta.

El caso es que, Bernie Squitieri, un individuo de 54 años, fue, recientemente, el responsable directo por protagonizar escenas impensables para lograr encontrar un maldito anillo. Es que luego de haberlo colocarlo por engaño en la lata de basura, se vio obligado a revolver diez toneladas de residuos até encontrar el objeto.

Todo comenzara cuando Carla, la comedida mujer de este norteamericano, limpiaba la casa. Previdente, ella retiró el anillo para realizar mejor las tareas y lo dejó en la cocina, encima de un pedazo de papel toalla. El amoroso marido, loco para mostrar sus habilidades hogareñas pero desatento al extremo, en cierto momento amasó esa hoja de papel con el brillante dentro -del que aún no quitara la última mensualidad-, y lo tiró al tacho de la basura.

Al otro día, cuando Carla dio falta de la joya, tuvo una reacción que es de por sí esperada en toda buena ama de casa: tuvo un finiquito con su marido y lo obligó entre coacciones varias a que fuese inmediatamente atrás del anillo… Se supone que entre las tantas amenazas de Carla, estaba aquella de la abstinencia sexual por seis meses.

Como eso no se sabe pero se entiende, aligero que ni un rayo, Bernie decidió entonces llamar al servicio de coleta de basura de Missouri y pidió -literalmente de rodillas-, para ser informado sobre el camión de basura que pasara la noche anterior por la calle de su casa.

Poco después Bernie fue llevado a un basural que poseía nada menos que diez toneladas de residuos. Loco de la vida, el norteamericano no tuvo más remedio que arremangar la camisa y comenzar a revirar todo hasta que logró encontrar el bendito anillo de su mujer. ¿Y no es que él fue rápido? Demoró apenas 25 minutos para encontrar la joya perdida.

Por si el leyente ya se está preguntando por qué motivo alguien usa un anillo de tan alto valor dentro de su casa, independiente de cual sea, la respuesta es simple: de acuerdo con la propia Carla, la joya tiene seguro pero posee mucho más valor sentimental que financiero. Por eso forzó la barra e hizo que su desastrado marido fuese a revolver la basura, mismo sabiendo que la joya estaba protegida si la perdía.

Sin duda en este mundo nuestro, todos vivimos en estado de alerta. En un pasado no demasiado lejano, las alarmas eran de la naturaleza: inundaciones, temblores de tierra, vientos huracanados, lluvias torrenciales, aunque no hay que olvidar que a veces venían acompañadas por desvaríos humanos. Con todo, ahora son éstos los que provocan las peores alarmas… ¡Dramático!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

domingo, 1 de novembro de 2015

Volver de Espíritu Renovado


Nada que tenga una correlación directa con los recientes festejos del día de Halloween que acontecieron por el orbe en la noche de ayer, aunque en los agasajos a muchos se les haya dado por afirmar a boca llena: “No creo en brujas, pero que ellas existen…” y se entregasen a festejar la efemérides con desmedida algarabía.

Como sea, esa frase ya famosa, en el siglo XVI, sería completada con un: “Sí, ellas existen”. Al final de cuentas en aquella época era normal que las mujeres fuesen acusadas de practicar brujerías y, en diversos casos, condenadas a muerte... Que no era exactamente “la chiquita” como muchos pueden sentirse inducidos a pensar.

Para ser más correcto, el caso que hoy se trata habría acontecido en Inglaterra, en 1612, más específicamente en Pendle Hill, pueblo que está situado en la región Lancashire. Es que allí, durante el transcurso de ese año, 12 mujeres acusadas de brujería fueron juzgadas, siendo diez de ellas condenadas a la muerte por ahorcamiento. Con todo, resulta que a una de esas brujas se le ha antojado “volver”… No necesariamente disfrazada de suegra y montada en una escoba.

Pues bien, a quien se le ha dado por afirmar tal novedad espectral sin escobajo ni plumero, ha sido a la médium Christine Hamlett, de 58 años, que afirma ser una “paparazzi” de los espíritus, justamente a quien se le antojó decir que ha fotografiado el espíritu de una de las brujas fallecidas en aquel año. Por ende, dicha imagen traería a flote el fantasma de Jennet Preston, quien fuera condenada a muerte a los nueve años durante el juicio en cuestión… Lo que desmentiría el dicho que las brujas son viejas y suegras.

Por supuesto que fue la misma Christine quien afirmó al reportero del “Mirror” lo siguiente: “Yo estaba en Pendle cuando sentí que allí había una presencia, algo que me llamaba -y por suerte no le tirara del tobillo para arrastrarla hacia la cueva-… Usted mismo puede ver en la fotografía la figura de una chica joven -le dijera al cronista-. A mí siempre me gustó este lugar por causa de sus historias, por el aura que posee. Ahora, la prueba de que estaba cierta la tengo en mi foto”.

Las indicaciones de la médium, no en tanto, no pararon por ahí. Según ella, la imagen contiene el fantasma de una de las brujas de 1612, y quien prueba eso es… “Otro espíritu”. En este caso, lo que ella afirma, es que lo que está presente en la misma imagen es el espíritu que pertenece al juez que condenó a las mujeres en aquel año.

Después de divulgar las fotos para el mundo -y ganar algunos pesos con ello-, la médium explicó su fama de “paparazzi” de los espíritus. Según Christine, ese es el apodo que sus amigos le dan, una vez que siempre que ella va a los cementerios, consigue convencer los espíritus a dejarse fotografiar.

Juzgo que una importante duda quedará sin aclaración para siempre jamás, esto es, si Christine, en el caso de haber podido hablar aunque fuera dos minutos con el juez, se hubiera entrado en este caso hablando de muertos, humos, ollas enormes y crematorios, o si, al contrario, el placer de una amena conversación entre puertas o tumbas, tanto da, habría hecho acudir a su espíritu algún tema más apacible, como el regreso de las golondrinas o la abundancia de las flores que normalmente se observan en todos los camposantos… ¡Maquiavélico!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/