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domingo, 13 de março de 2016

A Veces la Carne es Débil


Anticipo que tiene este caso una elemental explicación, mismo que por veces nos cueste trabajo entender tanto interés por ciertos sucesos, ya que no resulta en pequeño embarazo el tener que descifrar sentidos, y mayor aun si nos faltan las letras de un alfabeto con el que se forman las palabras.

Dejando un poco de lado estas filosóficas reflexiones mañaneras insustanciales y ñoñas, el asunto al que me atengo, es que recientemente, ya que seis décadas en la historia no resulta mucho tiempo, un acontecimiento entrara para los compendios enciclopédicos como uno de los banquetes más inverosímiles de la era moderna; aunque así mismo es de preguntarse si será verdad que realmente los exploradores se comieron un mamut en 1951.

Cuenta la leyenda, claro, que cierto día los integrantes del “Club de Exploradores de Nueva York” se sentaron a la mesa para apreciar un suculento piscolabis de mamut que había estado perfectamente preservado en hielo durante millares de años.

Tales cenas estrafalarias que frecuentemente eran distinguidas por los socios exploradores de dicho club, incluyendo a Neil Armstrong, se tornaron legendarias por causa de sus platos exóticos, como lo eran los bocadillos ojos de cabra y tarántulas fritas; sin embargo, el mamut que fue servido en 1951 llegó al auge de los alimentos para allá de extraños que fueron servidos a los poco miedosos participantes.

Empero, quiso la eventualidad que luego de un análisis realizado en el DNA de un fragmento de lo poco que sobró del mencionado banquete, científicos descubriesen que lo que ellos realmente habían estado comiendo aquella noche eran tortugas marinas.

Evidente que, sentados alrededor de la mesa, en su debido momento los viejos expedicionarios tuvieron sus opiniones y divergencias cuanto al menú; pero resulta que en una publicación que apareció hace muy poco en la revista “PLOS One”, los modernos investigadores afirman: “El museo ‘Yale Peabody’ posee una muestra preservada de la carne que fue consumida durante aquella cena de 1951, descrita en el lugar donde se alberga como siendo la de un “perezoso gigante” de América del Sur (también llamado de Megaterio), y no de mamut”… Por lo que no estamos hablando de cualquier político de media cuchara.

La referida materia periodística también incluye el siguiente comentario: “Nosotros analizamos un fragmento del “citocromo-b” mitocondrial y estudiamos los diversos materiales archivados en el museo para verificar la identidad del bicho que está escrito en la etiqueta, por lo que si fuese verdadera tal identificación, eso aumentaría el tamaño del Megaterio en más de 600% y por tanto alteraría nuestra visión en relación a la evolución de los perezosos”... Mismo que hoy día uno los encuentre en cada esquina.

“Naturalmente, el resultado de nuestros estudios indicaron que la carne servida en aquella cena no era de mamut ni de Megaterio, y sí de tortuga verde de mar (conocida como Chelonia mydas). Así que, la cena pre histórica fue, probablemente, un excelente golpe publicitario elaborado y orquestado por esos exploradores”.

Uno por veces tiene que dominar esa tendencia discursiva que nos oprime el pecho; por tanto, delante de los paradisiacos talentos de esos exploradores de antaño en busca de más certeza sobre la inmortalidad de sus hazañas, lo que se aconseja en verdad, es ser prudente y no comenzar a rastrillar cualquier tipo de incoherencias cognitivas que aun insisten y persisten en confundir ondulaciones que esconden el paisaje fecal dejado por estos mastodontes… ¡Gigantesco!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

segunda-feira, 31 de agosto de 2015

La Inspiradora Nick Minaj


Nunca está demás repetir hasta el cansancio para recordarle al más poético de los leyentes, que el “instinto gregario” no se originó en Grecia, donde se sabe que las estatuas tenían por costumbre vivir en grupos y sus gobernantes se tornaron habitués en no pagar las pignoraciones. Sin embargo, se puede percibir que fenómenos cretinos que catalogan la conducta mental, moral y ética contemporánea -cosa que por señal la cultura helénica jamás lo hizo con recato- no son exclusividad de ellos.

Digo esto, porque el museo “Madame Tussauds”, famoso por reproducir gentes y celebridades de todo el mundo en formato de estatua de cera con una perfección absurda, ahora también busca un lugar de destaque entre la selecta pinacoteca coleccionadora de prodigios estúpidos.

Hay que creerlo o reventar, porque la versión norteamericana del mencionado museo, que existe en Las Vegas, últimamente ha estado recibiendo muchos fanáticos “desequilibrados” por cuenta de la estatua de Nick Minaj.

No porque estos visitantes sean fans de la intérprete, sino más bien porque toda la peripecia a su alrededor comenzara cuando a un hombre se le ocurriera -literalmente- “montar” atrás de la estatua de la cantora de manera y posición lasciva, y a seguir postara la foto en su “Instagram” con una legenda poco común: “Un hombre puede soñar”. Dicha imagen llegó a superar las 400 mil curtidas y, a los pocos, fue creando una fiebre de fotos del mismo naipe con la estatua de cera.

Quien no está al corriente de la farándula, Nick Minaj es una rapera, cantante, actriz y compositora trinitense que ya fue nominada al “Grammy” en seis ocasiones, y que además se tornó conocida por explorar la sexualidad en sus músicas, aunque ella nunca imaginara que los visitantes del museo pudiesen llegar a tal ponto en sus representaciones pictóricas.

Volviendo al tema, como las estatuas del mencionado museo pueden ser tocadas por los forasteros durante las fotos que son sacadas por ellos durante la visita, los responsables por el museo no han encontrado una manera de prohibir esos retratos embarazosos, y hasta porque eso tampoco les interesa tanto, ya que la administración está ganando dinero con el crecimiento de las visitas.

Como consecuencia, tanto en “Instagram” como en “Twitter”, las fotos con la Minaj de cera viraron una moda absurda: son millares postadas en las dos redes sociales.

En todo caso, retomando el asunto, además de la Nada, lo que se pretende aquí no es sólo hablar de boca, y sí valorizar la utilización de la nariz, no sólo por su largo empleo sexual como también por la olvidada maleabilidad creativa que ella demuestra, e inclusive registrar que la estatua de Minaj está expuesta en posición y ambiente semejantes a los que la cantora desarrolla durante el clip de la música “Anaconda”, uno de sus mayores éxitos mediáticos.

Por supuesto que, postrado de rodillas sobre dos granos de maíz delante de tales prestidigitaciones rocambolescas, se ve que hoy día la higiene mental no sólo depende de pañuelitos higiénicos intelectuales y sí de pituitarias intenciones, además, claro, de un excelente dedo indicador que, con certeza, arrancará de allí nuevos horizontes de obras que podrán ser admiradas por un público cada vez exigente, llevando a que los expertos pronosticadores de siempre no logren diferenciar cualquier desigualdad entre las estatuas de Lasar Segall y la de Marc Chagall… ¡Pura ilusión de óptica!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/