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quarta-feira, 20 de janeiro de 2016

Hoy Día el Cartero no va Muy Lejos


La película Marte (The Martian, en su título original), que fue basada en el bestseller de Andy Weir, y el hallazgo de pruebas que muestran que hay agua líquida han hecho del planeta rojo uno de los protagonistas de 2015. Y aunque pueda resultar tentadora la idea de imitar a los astronautas flotando por la elegante nave espacial recreada en el filme de Ridley Scott donde se los ve realizando experimentos mientras exploran el planeta rojo, una misión real podría parecerse más a la angustiosa parte en la que uno de los astronautas lucha por sobrevivir.

Pues bien, aprovechando el momento, la Nasa acaba de abrir un nuevo proceso de selección para reclutar astronautas. Algunos de los elegidos podrían formar parte de la primera misión tripulada que vaya a Marte en los años 30. Lo que para cualquier astronauta, viajar al espacio es, además de su trabajo, un sueño.

Pero una cosa es ir a la “Estación Espacial Internacional” (ISS), adonde se llega en unas horas; a la Luna, que supone un viaje de dos o tres días, y otra bien distinta es ser uno de los elegidos para una futura misión tripulada a Marte, cuya duración total rondaría los dos años y medio.

Lo cierto hasta ahora, es que para cada trayecto harían falta entre seis y ocho meses, a los que habría sumar una estancia en Marte de unos 500 días para que el viaje de regreso coincidiera con la alineación de planetas más favorable con el objetivo de acortarlo al máximo y consumir el mínimo combustible posible.

Sin embargo, la película también ha influenciado el ánimo aventurero de muchos jovenzuelos, por lo que el servicio postal británico, más conocido como “Royal Mail”, necesitó calcular con la ayuda de la Nasa, cuál sería el costo para enviar una carta al planeta Marte, al tener en cuenta el pedido de un niño de apenas cinco años.

El valor finalmente apurado corresponde a la estratósfera cifra de 11.602,25 libras, y justipreciado la cuantía apurada, es posible que ese precio sea muy superior a las actuales y futuras posibilidades del jovencito Oliver Giddings.

En la respuesta a Oliver, que también quiere ser astronauta, el Royal Mail explicó, días atrás, cómo fue que llegó al cálculo de la tarifa postal hasta Marte, diciendo lo siguiente: “El combustible de las naves es muy caro y eso afecta el envío de cartas en todo mundo”. Por lo menos eso fue lo que escribió uno de los responsables por el departamento de atendimiento al cliente, Andrew Smout, quien agregó: “La Nasa me confirmó que su última visita a Marte, usando el vehículo “Curiosity”, costó cerca de 700 millones de dólares”... “La nave espacial es muy pequeña, por eso la parte del almacenamiento es sobrecargado… Tomado por base el peso de la nave y cuánto cuesta el viaje a Marte, dijeron que enviar algo que pese alrededor de 100 gramas, costaría aproximadamente 18 mil dólares”, concluyó Smout en su carta.

Oliver, que actualmente vive próximo a Lytham St Annes, noroeste de Inglaterra, respondió al Royal Mail para agradecerles por haber dado retorno a su pregunta, diciendo: “Es muy caro enviar una carta a Marte. A más, ¡haría falta muchos sellos!”.

Juzgo que el pequeño Oliver, que sueña con convertirse en astronauta mientras mira el cielo estrellado, no sabe aún que durante el viaje tendrá que pasar muchos meses aislado en una nave y expuesto a la radiación, y que cuando llegue tendrá que sobrevivir en un planeta con un aire irrespirable en el que deberá protegerse permanentemente de las temperaturas gélidas y la radiación letal, por tanto, una vez que lo comprenda, puede que ya no esté más dispuesto a ir a Marte y mucho menos mandar cartas.

Independiente de lo aquí registrado y ante la inesperada generosidad del Royal Mail, lo sospechoso sería fingir que no oímos o no leemos, puesto que estos pequeños juegos de familia y de sociedad no tienen mayor importancia, ya que nadie se va a poner a sacar conclusiones precipitadas por el hecho de que hayamos acertado, sobre todo porque las personas que creen tener motivos para complacernos con una carta nunca podrán ser muchas, mismo que nuestra obligación sea comportarnos con naturalidad en todas las circunstancias de la vida… Mismo aquí en la tierra.

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

quinta-feira, 24 de setembro de 2015

Un Phubbing Mamario


En tiempo presente, la verdadera, honesta y límpida intención de algunos, es dejarse abstraer por esos modernos adminículos mentepsicóticos estéticamente perfectos que los dioses griegos jamás podrían imaginar y prever. Pero eso ya tiene nombre: “phubbing”

A bien verdad, la extraña palabra ‘phubbing’ viene de “pone” (teléfono) y “snibbing” (desairar), que no es más nada que lo que ocurre cuando alguien ignora a los demás por estar concentrado en lo que aparece en la tela de su teléfono celular.

Realmente eso no es algo que ocurre tan solo entre compañeros de trabajo; también en almuerzos con los mejores amigos de la vida, en cenas y reuniones con la familia, en plena cita romántica a la luz de las velas y, lo que es peor, hasta en la cama, cuando cada miembro -y no órgano- de la pareja se encuentra absorto en su propia pantalla.

En todo caso, este es un término lingüístico que fue acuñado por el australiano Alex Haigh, de 23 años, quien fundó un movimiento “anti-phubbing” para crear conciencia sobre los efectos nocivos de esta maldita práctica de la vida moderna en las relaciones interpersonales.

Con todo, también existe lo opuesto y en sentido contrario a lo antes expuesto. Por ejemplo, ya existe la comprobación de un caso anfípodo a lo que está sucediendo con muchos vivientes.

Me explico: Doña Wendy, de apellido Holt, de 51 años, no era muy habitué que digamos a usar su telefonito, porque seguramente la factura mensual le saldría un ojo de la cara, y porque tampoco casi nadie la llamaba. Puede que a causa de ello, pronto cayera en el hábito de guardar diariamente su celular en el corpiño, ya que espacio allí no faltaba y le resultaría más fácil y rápido encontrarlo caso tocase… Aunque es de suponer que para otros tipos de toqueteos en las partes lactíferas, ella lo dejase previamente arriba de una mesa… Quien duda es loco.  

Sin embargo, hace unos años ella pasó a acreditar que la radiación proveniente de su telefonito sería la culpada por el cáncer de mama que le fue diagnosticado en 2012, ya que no existía tal precedente en su familia.

La enfermedad, que se inició bajo una forma rara llamada de “cáncer inflamatorio”, actualmente se encuentra desparramada por otras partes del cuerpo de Wendy, como pulmones y glándulas linfáticas, y, lamentablemente para ella, ha resultado en un diagnóstico terminal.

Fue la propia Holt quien llegó a comentar: “Compré mi primero celular en la década de 90, y desde entonces, todos mis siguientes celulares han estado en contacto con mi piel por lo menos 70% del día”. Agregado aun, que no encontró ningún nódulo extraño en sus senos y que apenas despertó un día con manchas rojas en el pecho, pero nunca imaginó que el diagnóstico sería de cáncer. No obstante, al consultar con médicos luego recibió la mala noticia que la condujera a una dupla mastectomía seguida de tratamientos por radioterapia y quimioterapia… Que, excepto por su rostro, en lo demás quedó como Angelina Jolie.

A pesar de la situación para nada jocosa, la médica oncóloga Karol Sikora fue quien afirmó ser “improbable” que el celular, o la forma como ella lo mantenía guardado, sean los culpables por la enfermedad. Añadiendo aún: “Existen algunos estudios al respecto de celulares y posibles tumores en el cerebro, “los gangliomas”, pero el caso de Holt no se encaja en éste”.

Evidente que Wendy está viviendo una situación, como poco, dramática, que puede no parecer exactamente así para los míseros efímeros de dos pies, que simplemente espían el existir de manera inmediatista y precisa en las telas de sus aparatitos, antes de retornar a la Nada de la cual vinieron un día… ¡Llamativo asunto!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/