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quinta-feira, 23 de fevereiro de 2017

Recuerdos


Los recuerdos suelen doler de acuerdo con la intensidad que nuestra memoria esté preparada para guardar imágenes y momentos que han quedado detrás del tul de la nostalgia. Pero cuando estos surgen, agoreros, descabezados, siempre habrá un precio a desembolsar.
Con todo, hay que tener en cuenta que un recuerdo es aquella imagen del pasado que guardamos en la memoria, ya que ésta tiene la capacidad condescendiente y generosa de lograr almacenar, retener y recordar alguna información del pasado. Es más, no pasa de una función cerebral que gracias a las conexiones sinápticas entre las neuronas, nos permite retener las experiencias vividas. Implícitamente los amores fallos, los besos perdidos en el viento de primavera o los abrazos que estrechamos rompiendo corazones.
Ese dolor causado por el recuerdo, nos viene de la mano de la nostalgia, porque ella es descrita como un sentimiento de anhelo por querer revivir un acontecimiento, momento o situación del pasado que el amor nos concedió.
Usualmente, cuando se nos ocurre hablar del recuerdo, nos remitimos a un sentimiento que cualquier alma puede atravesar en cualquier etapa biológica de su vida, pero que suele traer a sus espaldas el sufrimiento de pensar en algo que se ha tenido o vivido en una época y ahora no se tiene, está extinto o ha cambiado, aunque la nostalgia se puede asociar a menudo con la memoria cariñosa de la niñez, de un ser querido, un lugar, juego, objeto personal estimado, o un suceso en la vida del individuo o grupo.
Sin embargo, los recuerdos de amores de ayer no dejan de ser como las palabras. Y aunque una multitud diga lo contrario, a éstas no se las lleva ningún viento. Porque cada palabra destruye o edifica, hiere o cura, maldice o bendice, o nos hace caer de rodillas si se trata de la pasión.
Para evitar sufrir con esos sentimientos dolorosos de los recuerdos, debemos aprender del árbol, ya que todo lo que él tiene de florido, viene de lo que tiene sepultado en sus raíces y se convirtió en recuerdos.

sábado, 5 de novembro de 2016

Palabras, Siempre Palabras


No somos nada sin el candor y sin la palabra que nos deje vida. Pasión, ternura, soledad y muerte complementan la poesía de mi vida y se han transformado en odas para las noches oscuras sin luna y sin sueño.
Con todo, ese plectro no es más que la voz del amor, de los huesos y de la sangre, de los sueños que se tornaron posibles o resultaron imposibles, los mismos que día tras día se han ido depositando como pedruscos sueltos a un lado de mi camino.
Es el sentimiento asidero del canto del tiempo que fluye gradualmente en nuestro río mágico de la memoria. Como si fuesen primaveras que cubren los dolores del alma, o como vivos rayos de sol que derriten nubes de sufrimiento.
Peregrinando por el camino de la vida, fui aprendiendo que no debo acumular más dolor en mi cuerpo, y por eso suelo soltar pequeños pedacitos de lluvia por las noches.  
Pero a la par de esa menudencia de partículas de rocío de atrición nocturna, realizo mi acto de contrición e intento perdonarme siempre y recordar a quien amé en mis días sin sol, reviviendo los escarmientos que esos intensos amores han quedado gravados en mi alma mientras voy besando en silencio cada tiempo que ellos me regalaron.
Sin ofuscar ni entorpecer mi mente, me he dado cuenta que el silencio es el único que logra contestar las preguntas del pensamiento. No es por nada que ambos son cómplices callados de la palabra.
Hoy conservo ingeniosamente todos sus mensajes, y los he guardado en un lugarcito especial de mi corazón, el que junto a mi recuerdo, siempre siempre están dándoles calor. Al fin de cuentas ella me amó tanto en palabras, que nunca se olvidó de amarme en actitudes.

sábado, 22 de agosto de 2015

Una Belleza Oculta


Aquellos que dominan las onomatopeyas del intelecto no necesariamente cabalístico y mesiánico, dicen que el dolor físico siempre se produce por alguna razón y que ello comúnmente nos aporta alguna enseñanza; y que a su vez también existe el sufrimiento o el dolor psicológico… Como por ejemplo, el que nos causan los políticos corruptos.  

Con todo, fuera de los actos nada urbanos de estos individuos públicos, tenemos que el sufrimiento tiene su origen en la propia reacción ante los hechos y no en la realidad de lo que está ocurriendo. No lo produce la realidad, sino la mente en la que se arraiga el deseo, la exigencia, los prejuicios, los miedos, y todos los demás etcéteras adjetivados o no. Por ejemplo, si vamos al campo, llueve y nos enfadamos, la causa del enfado no está en la lluvia, sino en la propia reacción, porque se han contrariado los propios planes y deseos.

Pero también existen otros ejemplos más tangibles y temporales, como llega a ser el caso de un argelino que acaba de demandar por “sufrimiento psicológico” a su flamante esposa, luego de él verla por primera vez sin maquillaje.

Toda fémina que no fue tocada por la mano de los dioses del universo en el quesito belleza, sabe muy bien que un poco de maquillaje puede ayudar a que su rostro se vea más bello, resaltando así virtudes ocultas y escondiendo las imperfecciones que la madre naturaleza le facilitara tan ensañadamente.

Sin embargo, si el maquillaje es usado en exceso, él puede acabar por transformarse en una suerte de máscara o impostura… Y cuanto a esto, creo que algo así le sucediera recientemente a una mujer argelina.

Para facilitar la comprensión del intelecto lector, añado que según lo consigna el periódico “The Mirror”, un hombre de Argelia, cuya identidad no fue revelada, tomara la determinación de abandonar a la mujer con la que acabara de casarse, y no satisfecho presentara una demanda judicial contra ella.

El informe parece algo vago dicho así, en seco, por eso aclaro que la crónica del periódico refiere que el novio nunca había visto a su compañera a “cara lavada”. Y a juzgar por su reacción, la diferencia entre la dama maquillada y en estado natural resultó ser extremamente grande. En su relato, el sorprendido cónyuge asegura que al toparse con su mujer en tal situación, no fue capaz de reconocerla y creyó que una desconocida había entrado a robar en su apartamento.

Conforme informa una fuente al canal noticioso “Emirates247”, el novio le dijera al juez en la audiencia, “que no pudo reconocer a su mujer una vez que ella se quitara el maquillaje”, y acrecentara que “ella era bella y atractiva antes de la boda, pero cuando al día siguiente la vio 'al natural' se asustó al pensar que era una intrusa”… Por lo que es de imaginar que la fiera mujer no conocía el viejo refrán que dice: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

Y es de figurarse de qué tamaño habrá sido el susto del arrepentido esposo, que éste no dudara en iniciar una querella por “sufrimiento psicológico” y ahora pide una indemnización de aproximadamente 21.000 dólares… Una verdadera pichincha, si comparado con lo que él tendrá que pagar a un psicólogo para recuperar la tranquilidad.

Maquillado final, concuerdo, pero, como todo acicalado leyente puede apreciar, todo lo mencionado no pasa de un Cartesianismo geológico y sólo eso: un puñado de bobadas, montañas metamórficas, cordilleras de moléculas proteicas, ónixcientes menudencias, y nada más… ¡Faltaría descubrir cuál es el ónix de la cuestión, evidente!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/