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sexta-feira, 1 de abril de 2016

¡Ah! Si Existiera el Celular


Es imperioso comedir los hechos, porque aparentemente nuestras tramas ya están perdiendo el brillo. Me refiero a las escritas, las vividas, e incluso las imaginadas, puesto que últimamente nos hemos convertido en héroes perezosos. Dicho así no sería nada del otro mundo, pero, sin ir más lejos, me impactó lo que ocurrió la otra noche cuando una abuela le contaba a su nieta un cuento infantil muy famoso, el de “Hansel y Gretel” de los hermanos Grimm.

Recordemos primero que en el momento más tenebroso de esa aventura, los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se confiesan solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer… Sin embargo, la niña, que escuchaba atentamente la narración de su abuela, le dice, justo en ese punto del clímax narrativo: “No importa. Que lo llamen al papá por el celular”.

La abuela pensó entonces, por primera vez, que su nieta no tenía una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Pero al mismo tiempo descubrió qué espantosa resultaría la literatura -toda ella, en general- si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como creía su nieta de cuatro años.

En verdad, cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.

Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía. Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace.

¿Ya está pronto? ¡Muy bien! Ahora ponga entonces un celular en el bolsillo del protagonista, como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.

¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?

Lo que sucede, es que esa pequeña niña abrió esa noche de la narrativa, a su abuela, sin darse cuenta, la puerta a una teoría espeluznante: “la telefonía inalámbrica va a hacer añicos cualquiera de las viejas historias que narremos, y las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor”.

Podemos imaginar que con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no necesitará esperar con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate… Con un móvil en la canasta, Caperucita podría alertar a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria. Es más, con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam. Y el propio Tom Sawyer no se perdería en el río Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de “Telefónica”… Mucho menos le acontecería al chanchito de la casa de madera, que podría avisar a su hermano que el lobo está yendo para allí.

Un enorme porcentaje de las historias escritas, o cantadas, o representadas en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Por ende, estas han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.

Pienso que ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un telefonito en el bolsillo o en la cartera. La historia romántica por excelencia de Romeo y Julieta, de Shakespeare, basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: “la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad”. Con el celular a mano, todo ese grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción “Banda ancha móvil” de Movistar.

Con la tecnología se habría desterrado por completo la soledad en olvidada Aracataca, y la bruja del clásico Blancanieves no necesitaría consultar todas las noches al espejo sobre “quién es la mujer más bella del mundo”, porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90.

Pienso también que todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas. Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.

Por lo que dijo esa niña la otra noche a su abuela, la telefonía inalámbrica nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles. Por lo que me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real? ¿No estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?

Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos del tipo: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan… ¡Da qué pensar!

(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma editorial Bubok: www.bubok.es/

sexta-feira, 22 de agosto de 2014

Solamente Pintar no es Bastante


De acuerdo con lo que insinúa mi amigo el pintor radicado en tierras lejanas, eso de dedicarse a la pintura, o así como a cualquier otra actividad artística como la literatura o la poesía, siempre trae sus contratiempos de rigor. No obstante un contado número de hombres y mujeres dediquen toda su existencia a la creación artística.

Según él, hoy día existe como un empecinamiento quijotesco de querer crear algo que transpire valor artístico, que trascienda y logre darle cabida a esa metáfora necesaria de la belleza… Y para lograrlo, vale todo.

Por mi parte, pienso que el otro aspecto de todo esto son los posibles criterios de valoración del arte en la actualidad. Todo es, o puede considerarse arte, aunque lo complicado de demostrar, es que el arte siempre ha querido estrechar lazos entre el alma y el conocimiento, cuestión que algunos de los artistas actuales pasa por alto por ignorancia o por dejadez.

Cualquier cristiano puede dedicar unos minutos de charla con cualquiera de esos nuevos covachuelistas del arte encargados de hacer arte conceptual, instalaciones, arte efímero o como lo llamen, y podrá comprobar con asombro que una “miss” -no necesariamente rubia- tiene más argumentos. O sea, estos nuevos artistas distan mucho de ser filósofos en mayúscula y la gran mayoría se queda en el lamentable escaño del analfabeta funcional provisto, eso sí, de gran audacia, caradurismo y mucha intuición estética.

Del resto de ellos, ni la profundidad reflexiva, ni el conocimiento intelectual parecen regir su actividad creadora, la cual colinda bastante con el azar y la improvisación. El propio Ernst Gombrich en su libro “Arte e ilusión”, ha puntualizado algo interesante: “El artista es su mejor crítico. Si dialoga con su obra, es un artista; si dialoga con el público, es probablemente un impostor”.

Evidente que a esto hay que sumarle que la ignorancia cultural del pintor es en la mayoría de los casos proporcional a la ignorancia cultural del espectador. En tales circunstancias el diálogo es una suprema utopía. La preocupación de críticos y curadores estriba al final si un “urinario” tiene tanto valor artístico como por ejemplo las pirámides egipcias. Y discuten incansablemente si el arte efímero tiene validez en un mundo donde todo parece ser momentáneo, incluso los cincos o diez minutos de fama reglamentaria que tienen muchos artistas.

Centenas afirman que el arte en general hoy día, luego de una sinuosa travesía, ha llegado al puerto de la ambigüedad más aparatosa. Alegando que hoy la obra de arte no explica nada y por eso el artista trata de envolverla con un discurso que le proporcione validez tanto como obra de arte y como discurso.

Siguiendo esa misma línea de raciocinio y de acuerdo con lo que informó la semana pasada la red estatal “TV Perú”, ese mismo discurso que buscaba otorgar validez a su obra, fue utilizado por una mujer que terminó siendo acusada de haber robado una vaca y después pintarla para evitar que la misma rumiante fuese reconocida por sus propietarios.

El referido robo aconteció hace unos quince días en la región de Cajamarca, al norte de Perú, y la mujer acabó siendo detenida una semana después por las rodadas campesinas (una especie de guardias comunales) de la ciudad de Cabracancha, en la provincia de Chota.

Según cuentan, los “ronderos” entraron en acción al percibir las extrañas manchas negras en la vaca, lo que permitió descubrir que la mujer, debido a la falta de óleo, témpera o acuarela, las había pintado con tintura para el cabello… “Por ahora seguimos con las investigaciones porque la autora culpa apenas a sí misma y a su falta de creación artística, pero nosotros, con la experiencia que tenemos, creemos que hay algo más, un tipo de bando organizado que está causando pérdidas a nuestras comunidades”, declaró Rogelio Díaz, vicepresidente de las rodadas campesinas de la región, a la “TV Perú”.

Por supuesto que la mujer fue entregue a la policía, la que ahora investiga si ella efectivamente integra un bando que roba el ganado de los campesinos, o es en verdad una pésima artista.

Analizando la cuestión por el lado cóncavo y convexo -o viceversa-, creo que nunca está de más recordar que la cohesión de las materias y pigmentos no es eterna, algo que esta artista no llevó en cuenta al desconsiderar que si el continuo roce de los invisibles dedos del tiempo desgasta mármoles y granitos, lo qué no hará a simples tintas de composición precaria y cochura probablemente irregular… ¿No es verdad?

(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante