De acuerdo con lo que insinúa mi amigo el pintor radicado en tierras
lejanas, eso de dedicarse a la pintura, o así como a cualquier otra actividad artística
como la literatura o la poesía, siempre trae sus contratiempos de rigor. No
obstante un contado número de hombres y mujeres dediquen toda su existencia a
la creación artística.
Según él, hoy día existe como un empecinamiento quijotesco de querer crear
algo que transpire valor artístico, que trascienda y logre darle cabida a esa
metáfora necesaria de la belleza… Y para lograrlo, vale todo.
Por mi parte, pienso que el otro aspecto de todo esto son los posibles
criterios de valoración del arte en la actualidad. Todo es, o puede
considerarse arte, aunque lo complicado de demostrar, es que el arte siempre ha
querido estrechar lazos entre el alma y el conocimiento, cuestión que algunos
de los artistas actuales pasa por alto por ignorancia o por dejadez.
Cualquier cristiano puede dedicar unos minutos de charla con cualquiera
de esos nuevos covachuelistas del arte encargados de hacer arte conceptual,
instalaciones, arte efímero o como lo llamen, y podrá comprobar con asombro que
una “miss” -no necesariamente rubia- tiene más argumentos. O sea, estos nuevos
artistas distan mucho de ser filósofos en mayúscula y la gran mayoría se queda
en el lamentable escaño del analfabeta funcional provisto, eso sí, de gran
audacia, caradurismo y mucha intuición estética.
Del resto de ellos, ni la profundidad reflexiva, ni el conocimiento
intelectual parecen regir su actividad creadora, la cual colinda bastante con
el azar y la improvisación. El propio Ernst
Gombrich en su libro “Arte e ilusión”, ha
puntualizado algo interesante: “El artista es su mejor crítico. Si dialoga con
su obra, es un artista; si dialoga con el público, es probablemente un
impostor”.
Evidente
que a esto hay que sumarle que la ignorancia cultural del pintor es en la
mayoría de los casos proporcional a la ignorancia cultural del espectador. En
tales circunstancias el diálogo es una suprema utopía. La preocupación de
críticos y curadores estriba al final si un “urinario” tiene tanto valor
artístico como por ejemplo las pirámides egipcias. Y discuten incansablemente si
el arte efímero tiene validez en un mundo donde todo parece ser momentáneo,
incluso los cincos o diez minutos de fama reglamentaria que tienen muchos
artistas.
Centenas
afirman que el arte en general hoy día, luego de una sinuosa travesía, ha
llegado al puerto de la ambigüedad más aparatosa. Alegando que hoy la obra de
arte no explica nada y por eso el artista trata de envolverla con un discurso
que le proporcione validez tanto como obra de arte y como discurso.
Siguiendo
esa misma línea de raciocinio y de acuerdo con lo que informó la semana pasada
la red estatal “TV Perú”, ese mismo discurso que buscaba otorgar validez a su
obra, fue utilizado por una mujer que terminó siendo acusada de haber robado una
vaca y después pintarla para evitar que la misma rumiante fuese reconocida por
sus propietarios.
El referido
robo aconteció hace unos quince días en la región de Cajamarca, al norte de Perú,
y la mujer acabó siendo detenida una semana después por las rodadas campesinas
(una especie de guardias comunales) de la ciudad de Cabracancha, en la provincia
de Chota.
Según
cuentan, los “ronderos” entraron en acción al percibir las extrañas manchas negras
en la vaca, lo que permitió descubrir que la mujer, debido a la falta de óleo,
témpera o acuarela, las había pintado con tintura para el cabello… “Por ahora seguimos
con las investigaciones porque la autora culpa apenas a sí misma y a su falta
de creación artística, pero nosotros, con la experiencia que tenemos, creemos que hay algo más,
un tipo de bando organizado que está causando pérdidas a nuestras comunidades”,
declaró Rogelio Díaz, vicepresidente de las rodadas campesinas de la región, a
la “TV Perú”.
Por
supuesto que la mujer fue entregue a la policía, la que ahora investiga si ella
efectivamente integra un bando que roba el ganado de los campesinos, o es en
verdad una pésima artista.
Analizando
la cuestión por el lado cóncavo y convexo -o viceversa-, creo que nunca está de
más recordar que la cohesión de las materias y pigmentos no es eterna, algo que
esta artista no llevó en cuenta al desconsiderar que si el continuo roce de los
invisibles dedos del tiempo desgasta mármoles y granitos, lo qué no hará a
simples tintas de composición precaria y cochura probablemente irregular… ¿No
es verdad?
(*) Por si
está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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