Considero
que los seres de instintos solitarios; los que carecen de un hogar, un cobijo o
un cariño que puedan llamar suyos; los que no regresaron a su morada
considerada en sí mismo para encontrarse con su espíritu no encarnado en cuerpo
alguno, eterno, inmutable; esos son los que mejor entienden su severidad, su
poder redentor, la gracia de su derecho secular a nuestra felicidad, a nuestra
admiración…
¡Sí!
Pocos hay entre nosotros que nos ha tocado vivir en este valle de lágrimas, que
logren comprendan esto; pero, en cuanto a sentirlo, lo sentimos todos, y digo
“todos”, sin excepción, porque los que no lo sienten no merecen entrar en la
cuenta.
Es
posible también que ella sintiese, confusamente, aunque con gran fuerza y
despropositada voluntad, el anhelo de poseer entre manos una verdad o una
ilusión semejante, llámela el lector como quiera, ya que tan pequeña es la
diferencia de nombre y tan poco lo que esta diferencia significa.
Sin
embargo, si ella no hubiera sido capaz de pintorescos aspavientos, creo que se
habría estremecido con sólo pensarlo un poco más. No obstante bien sabemos
todos lo cuanto muchos se estremecieron al ver las imágenes que esta secretaria
llegó a publicar en la red. En realidad, eran fotos desnudas de ella misma
dentro del Parlamento suizo destinadas para más de sus 11 mil seguidores en
Twitter, mismo que a posterior ella haya declarado a un periodista de un
rotativo local, que no acreditaba que hubiese violado regla alguna. Mismo así, ella
acabó suspensa de sus actividades en cuanto el caso es investigado.
Lo rubicundo
del caso, mi trémulo leyente, y de acuerdo con lo mencionado por el periódico
suizo “Neue Zuercher Zeitung” (NZZ), es que muchas de las fotos que ella tiró
de su cuerpo, fueron tomadas dentro de uno de los lindones gabinetes del Palacio
Federal, un edificio de 162 años de la ciudad de Berna, que es sede de reuniones
del gobierno y Parlamento suizo.
La mujer,
que no fue identificada -por el nombre, ya que con el cuerpo que tiene es
suficiente-, es una de las secretarias del Parlamento, la cual llegó a declarar
al periodista del “NZZ”, que las fotos suyas no violaban las directrices de los
servidores federales porque dicen exclusivamente respecto a su vida privada. En
todo caso, el reportaje periodístico no llegó a informar por qué razones ella
publicó las imágenes al más puro estilo “Eva”.
Por otro
lado, un portavoz del departamento de recursos humanos del gobierno, alcanzó a
mencionar que sólo tomaron conocimiento del caso por medio del reportaje que
fuera publicado la semana pasada… O sea, que ellos no la seguían por Twitter.
La misma Anand
Jaqtap llegó a declarar: “El sector de servicios parlamentares tendrá que
decidir basado en las circunstancias específicas, si en realidad ese es un caso
de violación de las obligaciones de buen sentido común entre empleado y empleador”.
La secretaria,
por su vez, al ser cuestionada si ella estaba preocupada de que sus queridos
compañeros pudiesen ver las fotos y otras cositas más, ella simplemente respondió:
“Pienso en esa cuestión constantemente”.
Como bien
se puede notar, esta declaración da a entender que, de cierto modo, ella no
supo conservar la necesaria cohesión entre cuerpo y alma; empero puede decirse
que se dio de ello cuenta con intensidad que nos resulta conmovedora; algo
semejante, ni más ni menos, a la misma intensidad de la vida de un individuo
que hace que su muerte sea más emocionante que la de un árbol… ¿Qué se yo?
(*) Si le
parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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