Tenga en cuenta, mi fotogénico leyente, por si le da por querer tomar fotos
en un ambiente con cierta peligrosidad, de no olvidarse que lo primero es su seguridad.
Es que los bípedes humanos somos muy dados a anteponer la persecución de “la
foto” a la lógica y a nuestro propio instinto de supervivencia. En verdad, ese
es el compromiso primero del buen fotógrafo, por lo que sin ello muchas veces estos
no conseguirían algunas de las fotografías más únicas y geniales, puesto que hay
que intentar primero no morir en el intento.
Entendidos
en el asunto han hablado muchas veces de los peligros que acechan al fotógrafo
y su material, como lo es la propia vida, el deterioro o robo de cámaras y
objetivos, la propia obra fotográfica que a veces suelen ser el uso ilícito, la
pérdida de imágenes por ausencia de copias de respaldo, el deterioro de las
copias en papel… Pero el aficionado ya se preguntó por: ¿su propia salud?
Muchos son
los individuos que se dedican a la fotografía, ya sea como afición o
profesionalmente, pero en su intento a veces se dan una serie de factores que
conjuntamente son el caldo de cultivo perfecto para alguna clase de dolencias:
transportar y cargar con pesos
significativos y mal repartidos (colgado del cuello o de un hombro
solo), posturas forzadas y
extrañas, muchas horas sentados delante
del ordenador (en algunos casos además portátil o poco ergonómico en
general), etc.
Aparte de la
vista ser otra de las grandes resentidas hoy en día. No obstante ya se haya
quitado en una gran mayoría los peligrosísimos riesgos de la fotografía
química, a cambio ahora se maltrata
mucho más la vista debido principalmente a las pantallas de ordenador u
otros dispositivos similares que nos obligan a forzar mucho la vista durante
horas. Evidente que con malas costumbres, tanto el fotógrafo como cualquiera pueden
terminar con un problema serio por culpa de no tomar las precauciones debidas.
Podemos
también enfrentarnos a otra serie de riesgos
para nuestra integridad física dependiendo de cuál sea la especialidad,
como por ejemplo el fotoperiodismo de conflictos bélicos -en cuyo caso ya todo
esto tiene mucho menos sentido- o sin ir más lejos la prensa gráfica de
actualidad ya sea en eventos deportivos, espectáculos peligrosos,
manifestaciones o cualquier otro ámbito con aglomeraciones de gente donde
podemos ser golpeados o tener algún tipo de incidente.
Hay grandes
fotógrafos que incluso se han asegurado
el dedo índice derecho por sumas de dinero astronómicas, igual que hacen
muchos deportistas de alto nivel con sus miembros más preciados. Y no me
extraña, pues si mi capacidad de hacer fortuna dependiese de una falange yo
tampoco dudaría en asegurármela por el máximo que me fuese legalmente posible…
No en tanto el escatológico de mi vecino haya preferido contratar una póliza opulenta para proteger de daños a su miembro más preciado, lo que no es
el caso.
Pero en fin,
siendo el tema en cuestión tan enfático, hiperbólico y persuasivo, raciocino
luego que al no tener en cuenta estos esclarecimientos preliminares de todo
buen fotógrafo, es que una pareja
polonesa acabó muriendo después de caer de un peñasco, en cuanto ellos intentaban
tirar un selfie, durante su periodo de vacaciones en Portugal.
El percance
ocurrió en el “Cabo da Roca”, que está situado en la costa de Sintra, a cerca de 30
kilómetros de Lisboa, el punto más occidental de Portugal continental y de la
misma Europa continental, por lo que recibe millares de turistas a cada año.
Pese a lo
adverso del caso, el trágico accidente fue presenciado por sus dos hijos, de
cinco y seis años, los que luego fueron atendidos por los servicios sociales
portugueses y requirieron de apoyo psicológico, mientras otros familiares que
residen en Polonia eran contactados por las autoridades competentes.
La
pareja, casada había 40 años, se cayó de una altura de 80 metros, luego de atravesar
una barrera de seguridad que señalaba el local. Es que ellos querían obtener un
mejor ángulo para la fotografía… Eterna
Fuentes
del equipo de rescate informaron a la agencia de noticias internacionales EFE,
que hubo demora para realizar el rescate por cuenta de la inestabilidad
geológica del terreno, y que el equipo de 14 bomberos necesitó utilizar un
helicóptero.
No sé qué más decir, pero la historia me lleva a pensar que estos
turistas llevaban pegado a sus nombres propios un apellido que bien podría, por
su infortunio, ser “Algor”, idéntico como suele ocurrir con una legión de
desconocidos que cargan consigo unos apellidos insólitos cuyo origen, significado
y motivo desconocen… ¡Mortal!
(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo
aguardan algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están
en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
Nenhum comentário:
Postar um comentário