Durante
las últimas semanas le han dado tanto a la tecla sobre la Primera Gran Guerra,
que uno no puede dejar de lado los 17 millones que murieron en ella, y de que ese
mismo conflicto tornó posible la dictadura de Hitler, la Segunda Guerra, además
de otorgarnos cuatro décadas de una Europa dividida por la Cortina de Hierro.
Por tanto, hoy día, ese pasado sangriento se tornó fuente constante de
advertencia.
No
obstante uno debe reconocer que un siglo después, aquella misma Alemania, el pivote
de las dos grandes guerras, haya pasado a ser el sustentáculo de la
integración, la locomotora económica de la Unión Europea y, sobre todo, el país
donde el pacifismo está en los genes de la población.
Para el
historiador Guido Knopp, la lección de la catástrofe fue archivada en el DNA
alemán y es la que hoy define la política del país. Recordando incluso, que el
chanciller federal Konrad Adenauer, primero gobernante de Alemania Occidental después
de la Segunda Guerra, fue quien pagó un precio alto -la división alemana, el
muro de Berlín- para alcanzar su meta: la integración occidental.
El legado
de dos guerras proporcionó también los principios de la política del ex chanciller
federal Willy Brandt, quien conmovió al mundo al arrodillarse junto al
Monumento a las Víctimas de la Segunda Guerra en Varsovia. Con su “Ostpolitik”
(Política del Este), Brandt, que recibió en 1970 el Nobel de la Paz, inició el
diálogo con el Este, que tornó posible más tarde la “Glasnost” y la “Perestroika”
del entonces secretario general del PC soviético, Mikhail Gorbachev, y la
reunificación alemana, dos décadas más tarde.
-Alemania
aprendió con el pasado y hará lo posible por la integración europea y para que,
del suelo alemán, nunca parta la agresividad capaz de comenzar un nuevo conflicto
-acostumbraba decir el ex chanciller federal Helmut Kohl.
-Para casi
todas las familias alemanas, la Primera Guerra fue la concretización del
nacionalismo propagado desde la guerra de Francia contra Alemania, en 1872. Y quien
investiga la historia de los hogares del país, entiende porque el pacifismo es
hoy una característica de los alemanes, -indica este historiador.
Sin
embargo, la mayoría de los libros sobre la Primera Guerra apuntan el
militarismo alemán como la causa del conflicto. No en tanto, el historiador
australiano Christopher Clark revé esa teoría en su libro “Sonámbulos”. En él,
Clark afirma que Alemania tuvo su parcela de culpa, así como los otros países envueltos.
Mismo que
tenga pasado a ser un Estado nacional apenas en 1871, Alemania ya era el país
que más progresaba en Europa, con un boom económico, progreso social y
desenvolvimiento científico igualmente brillantes. Mismo así, existía una
corrida nacional a los armamentos. No solamente los Generales eran fanáticos por
la guerra. Por lo que el pintor expresionista Franz Marc, decía: El mundo quiere
purificarse, quiere la guerra.
Para
ello, armas más mortíferas eran creadas. Y ya a partir de 1915, los alemanes
pasaron a atacar a los enemigos con gas, el que, más tarde, fue perfeccionado y
usado en Auschwitz.
El
australiano Clark ve con preocupación el actual contexto europeo: la crisis de
Ucrania y la política de casi indiferencia de la Unión Europea. Para él, esa
situación sería similar a la de 1914, cuando un atentado en la pequeña Sarajevo
contra el archiduque austríaco Francisco Ferdinando explotó en una guerra
mundial, por lo que traza un paralelo sobre la falta de entendimiento entre el
Occidente y Rusia.
-El año
de 1914 sirve de advertencia: es grande el riesgo en parar el diálogo. Aunque
sea difícil, los canales de comunicación deben permanecer abiertos. El argumento
“no tenemos más tiempo” está equivocado -apunta éste en su obra…
Y está
bien lo que él dice, pero creo que por ahora, sólo falta que los gobernantes
europeos lean su libro.
(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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