El mundo
mudó, o quién sabe sería mejor decir que los integrantes del mismo han mudado
mucho con el paso del tempo… ¿Ejemplos?... ¿Usted quiere ejemplos? Pues bien,
aquí va uno: antiguamente la gente tenía un estilo ultra-conservador-desconfiado, y por tanto guardaba sus economías abajo del colchón, dentro de un agujero de la
pared o del piso, o lo ponía sobre el cielorraso. Era lo más seguro que había en aquel entonces, obviamente
mientras nadie se hiciese pis en la cama o no apareciesen los hambrientos
roedores para comerse los billetes.
Más bien, eso se debía a que los de menos caudales que
vivían en el campo, por causa de su aislamiento de los centros urbanos, el mal
transporte y la escasa o nula comunicación existente, tenían necesidad de
disponer del efectivo para la compra-venta de ganado y afines. Por su vez, los
pueblerinos no en tanto, lo hacían por el principal temor que ellos tenían del cobro de
comisiones, es decir ver que su dinero se redujese y el hecho de perderlo todo
ante el eventual quebranto de una entidad por cierre,
quiebre, etc., ya que no conocían la cara del dueño. Pero a estos mismos el
tiempo los fue doblando de a poco, conforme me lo narró mi amigo Pacho, un gran
filósofo duraznense entendido en estos asuntos de manejar y saber guardar plata
ajena.
De a poco también fue surgiendo otra modalidad usada por los que poco
tenían a guardar: “la alcancía”.
Más bien, la alcancía se remonta a una palabra de origen árabe que ha tomado
significado con el paso de los años. Según lo explica el filólogo y etimólogo español Joan
Corominas en el “Breve diccionario etimológico de la lengua castellana”, el
sustantivo alcancía viene probablemente del árabe vulgar “kanzîya”. Esto es
solo una probabilidad, ya que se trata de una fuente no documentada, pues
Kanzîya es un adjetivo femenino derivado de kanz, que significa “tesoro
escondido”.
También tenemos, según comentarios en inglés sobre el posible origen de la
alcancía, que para el siglo XV, al fabricar utensilios de cocina, se utilizaba
un tipo de arcilla de color naranja que se conocía como “Pygg”. En ese momento
también era costumbre en los hogares utilizar estos utensilios para guardar
dinero a modo de ahorro. Pero cuando se utilizaban utensilios de cocina con
esta finalidad, comenzaron a llamarlos de “pygg jar”. Ya para el siglo XVIII
comenzó a utilizarse este tipo recipiente al que se le dio un nuevo nombre que
ha llegado hasta nuestros días “Piggy Bank”. Tal nombre recuerda y juega con el
nombre de la arcilla y la del cerdo, Pygg y Pig, sin olvidar que el cerdo
siempre ha sido un animal asociado a la “riqueza” y abundancia… Palabra que me
induce a pensar que mi vecino debe ser riquísimo, ya que de… Bueno, el
comentario ya es suficiente.
En todo caso, las alcancías en los niños se suelen utilizar para inculcar
ideas de ahorro. Y aunque cualquier cacharro sirve para ese fin, el cerdito es
una de las figuras más tradicionales de recipiente destinado al almacenamiento
de monedas, ya que por su forma graciosa es usado habitualmente por niños y
jóvenes. Sin embargo, vemos que hoy día la planificación de la economía familiar
pasó a ser uno de los problemas que más se da en las nuevas parejas que deciden
unirse y compartir un hogar -mismo que sea para vivir a las patadas-, puesto
que en la mayoría de los casos las finanzas no alcanzan para satisfacer todas
las aspiraciones de las personas, ya que ellos abandonaron el viejo concepto de
ahorro.
Así pues, dando secuencia al raciocinio inicial sobre la mudanza de hábitos
-ojo, no confundir con sotanas-, tenemos pues el más reciente ejemplo de
mutación de viejas prácticas. Digo esto, mi ahorrativo leyente, porque acabo de
leer que médicos de un
hospital de Costa Rica terminaron por retirar US$12.800 del estómago de una joven
guatemalteca que supuestamente tenía como misión llevar el dinero hasta su
país, conforme lo informó el “Organismo de Investigación Judicial”, (OIJ).
De
acuerdo con lo mencionado por el OIJ a los reporteros de la “Agencia EFE”, la
mujer, de 19 años, que no tuvo su
identidad revelada, fue internada el
sábado 26 de julio con problemas de salud en el Hospital de Heredia, y terminó confesando
que engulló las notas verdes -muy parecidas con lechugas- que estaban guardadas
dentro de cápsulas de látex… O sea, ni banco ni chanchito.
Pero debido a su espasmódico antojo, la guatemalteca fue luego
transferida para el “Hospital México”, en San José, donde terminó siendo
operada de emergencia a fin de retirar el dinero que, en total, sumó la
bagatela de US$12.800.
Conforme mencionó a la prensa local el director de OIJ, Francisco
Segura, esa joven no supo explicar cómo había llegado a Costa Rica y señaló que
sólo recordaba que fuera llevada de ómnibus… “Evidente que será investigada y
responderá por su crimen... Las autoridades analizarán el caso para saber el origen
y el destino del dinero, así como intentarán identificar a los demás comparsas”,
agregó.
Una vez analizado con sumo criterio tal preciosidad, resta sólo una
pregunta que no quiere callar: ¿Será por causa de las observadas mudanzas de
hábitos y a la multiplicación de estos hechos -al igual que los panes-, es que
el papa Francisco
estaría preparando una reforma del IOR, el Instituto para las Obras de
Religión, más conocido como Banco Vaticano?... ¿Hace
sentido, no?
(*) Si le
parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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