No hay
porqué dudar, todos saben que los errores en el habla los cometen de forma
ocasional todos los metidos a verbosos, no obstante para ello existan las
llamadas explicaciones
psicolingüísticas. Es que estos se producen con mayor frecuencia cuando
los hablantes están nerviosos, cansados, ansiosos o intoxicados. Por ejemplo, durante
una retransmisión en vivo por televisión o radio, los hablantes no
profesionales e incluso los locutores habituados, cometen a menudo errores del
habla porque están bajo mucho estrés.
Es también
común que algunos presuntos oradores parezcan ser más propensos a los errores
del habla que otros; aunque los expertos digan hay una cierta conexión entre la
tartamudez y los errores del habla. El mismo Charles F. Hockett nos explica que
“cada vez que un orador siente un poco de ansiedad por un posible lapsus,
tenderá a centrar la atención más de lo normal en lo que acaba de decir y en lo
que él está a punto de decir. Evidente que esto es un caldo de cultivo ideal
para la tartamudez”.
En rigor, desde el punto de vista del psicoanálisis en general, la cuestión
de los “lapsus” abarca a casi
toda actividad humana en la que participan las funciones psíquicas superiores,
principalmente, -aunque no únicamente-, aquellas en las que se encuentran
involucradas las áreas subcorticales y basales en las cuales se mantiene la
memoria humana, y las áreas corticales de síntesis en el lóbulo frontal, y
radica en el afloramiento de deseos inconscientes… Por lo que sólo el propio
Freud lo explica.
Por otra parte, un elemento facilitador de lapsus está dado en las
semejanzas ya sean estas visuales, acústicas, etc.; ya sea produciendo una
inhibición del tipo olvido; o ya sea
provocando una expresión errónea. En tales casos todo parece indicar que un
mecanismo neurológico facilitador -y no
ocasionador-, por el cual suelen producirse diversos tipos de lapsus, es el de
la coincidencia de vías nerviosas al intentar efectuar un acto que resulta
fallido.
Recuerdo que una de las leyes de Murphy -que no era
Freud- dice que “En el peor momento en que algo pueda salir mal, algo saldrá
mal”. Lo que parece ser una frase muy cierta, pues en verdad no es coincidencia
que muy frecuentemente los errores más grandes ocurren en los peores momentos. Mismamente
lo indica el proverbio japonés que dice: “Todos cometemos errores, por eso se inventó
el borrador”. Elemental decir que esto nos recuerda que errar nos hace humanos,
y a la vez nos dice que tenemos el poder de corregir nuestros propios errores;
como es el caso obvio del hospital “Mediclinic”.
En realidad, mi infalible lector, las equivocaciones ocurren y siempre ocurrirán, y juzgo que a este asunto de hoy uno bien podría
titularlo de lapsus, acto fallido,
error, equivocación involuntaria, traspié, o quizás de “mala praxis”, ya que éste es un término que normalmente se utiliza para referirse
a la responsabilidad profesional
por los actos realizados con negligencia.
Pues
bien, es que por cuenta de un desentendimiento originado entre dos médicos, una
anciana mujer de 83 años acabó pasando por una cirugía de corazón, de la cual
no necesitaba. A bien verdad, Rita du Plessis sólo estaba siendo tratada por
infección respiratoria en el hospital privado “Mediclinic”, situado en la
ciudad de Kimberley, África del Sur. Empero, y conforme lo afirma el comunicado
oficial del hospital: “Una confusión entre dos especialistas llevó el paciente
errado a ser operado”.
Por su
vez, el periódico surafricano “Beeld”, informó que el médico percibió la
equivocación solamente en la mesa de operaciones, durante el proceso
quirúrgico. En realidad, la octogenaria Du Plessis estaba internada en la misma
enfermería que el paciente que debería ser operado, y porque ambos enfermos estaban
bajo los cuidados del mismo médico.
Así pues,
tal cual lo sugiere el proverbio japonés, usando el borrador lingüístico, tanto
el médico como el hospital pidieron disculpas por el error… “Después de tomar
conocimiento del incidente ocasionado por el médico, el hospital y los médicos
tuvieron discusiones constructivas con la paciente y su familia”, apuntó la
portavoz del hospital, Denise Coetzee a la agencia de noticias internacionales “AFP”.
La misma Coetzee también se apuró en explicar que la señora Du Plessis “lidió bien
con la operación” y no necesitará que pagar por el procedimiento.
En fin,
que hacer, si una vez enterado de la hospitalaria solución tipo “abracadabra”, necesito
arrepentirme amargamente de haber retirado mis tapones de oído para tener que escuchar
una vez más las equivocaciones habituales del tipo “nada que preste”, y el
ruido ensordecedor de los onomatopéyicos discursando su salacidad para una
multitud de enfermos auditivos que permanece en una quietud pasmarota del tipo quien
nada piensa y cuyos argumentos no llenarían de aire ni mismo preservativos
vacíos… ¡Mala suerte!
(*) Por si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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