Incontables
veces uno escucha pronunciar a nuestro alrededor un montón de comentarios
despectivos y displicentes: un bochorno, un estorbo, una mugre, un inútil,
palabra esta última que de por sí lo dice todo cuando tenemos que clasificar lo
que supuestamente ya no sirve para nada.
Pero como
no siempre es posible tener ideas originales, pienso que ya basta con tenerlas
simplemente practicables, pues por lo menos eso nos posibilitaría tornarnos
capaces de producir una idea, mismo cuya bondad intrínseca de ella esté de
antemano demostrada por el hecho de que otros la han tenido antes y puesto
muchas veces en ejecución.
Apoyado
en este tipo de filosofía insípida, también entiendo que a un montón les gustaría
alargar un poco más el remanso de la cama, aprovechar mejor el buen sueño de la
mañana, que, tal vez porque tenemos de él una conciencia vaga, sin duda es, de
todos sueños, el más reparador.
En fin,
no sé porque menciono todo esto, pues, a bien verdad, lo que debía citar era
que los invertebrados son seres indispensables para la Tierra: polinizan los
cultivos, reducen la cantidad de insectos dañinos para el ser humano, filtran
el agua y alimentan el suelo de nutrientes que lo mejoran; además de ciertas ocasiones
hacernos la vida imposible.
Sin
embargo, lo que se ve, es que mientras en 40 años la cantidad de humanos en el
mundo se duplicó hasta llegar a ser hoy más de 7.000 millones de habitantes en
todo el planeta, el número de insectos, gusanos y crustáceos ha llegado a disminuir
un 45%, conforme lo reveló un trabajo que fue difundido hace poco en la revista
“Science”.
Ben
Collen, de la “Universidad College London”, y coautor del referido estudio,
llegó a explicar: “Nos sorprendimos al descubrir que las pérdidas de
invertebrados eran similares a las de los animales más grandes, puesto que hasta
ahora pensábamos que los invertebrados eran más resistentes”.
No
obstante según los investigadores, dos factores han estado contribuyendo para
la desaparición de los invertebrados: la pérdida de hábitat y el cambio
climático… Sin necesidad de mencionar el matamoscas, el insecticida en aerosol
y otras preciosidades más que usamos a diario.
Por su
vez, un otro estudio que llegó a ser publicado en la misma revista, alcanza a describir
de manera sorprendente una relación de causa-efecto entre la desaparición de
especies animales y el aumento de conflictos, del crimen organizado y la
explotación infantil a escala mundial.
Es que según
este estudio realizado por investigadores de la “Universidad de California”, en
Berkeley, todo radica en que la desaparición de empleos y la penuria
alimenticia podrían provocar directamente un alza del tráfico de seres humanos.
¿Entendió?
No importa, no se preocupe, pues quizás se deba más bien a la sencilla razón de
que no es sólo en la vida despierta el lugar exacto donde las palabras que
decimos dependen del humor de la ocasión, y por veces nos desviamos por caminos
y travesías del cerebro que ahorita mismo me es imposible reconstruir y describir
con suficiente precisión.
En todo
caso, hay que tener en cuenta la revelación del profesor Justin Brashares, autor
principal del estudio, quien explicó: “Este artículo describe el declive de la
fauna como una fuente, y no como un síntoma de conflictos sociales”… Y
advirtió: “Millones de personas dependen directa e indirectamente de animales
salvajes para sus ingresos y subsistencia y este recurso disminuye”.
Siendo
así, cada uno que saque sus propias conclusiones delante del pasmo generado por
esas pituitarias obsesiones universitarias, mientras yo mismo he de buscar
controlar mis inquietudes en cuanto me entrego de alma en puño a creer que
utopías sordas y paralelas musicales se encontraran un día en el infinito…
¡Extraordinario!
(*) Por si
está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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