Confieso
que algo sé cocinar, no mucho, pues al igual que cuantiosos mortales, yo nunca he
participado de cursos de cocina. En todo caso, de chico me gustaba leer y mirar
las fotos del libro de recetas de “Doña Petrona”. Evidente que existen muchas otras igual o mejor que
Petrona C. de Gandulfo, quienes también dictaron muy buena cátedra en el arte
de la culinaria y gastronomía doméstica.
Sin embargo, lo que se puede observar, mismo con la extensa presencia de buenos
Chef de moda alrededor del mundo, es que hasta el día de hoy a nadie se le había
ocurrido señalar una nueva etapa en el arte culinario, recomendándonos una
receta de por sí muy sencilla y económica… Pero eso ya es pasado y pisado.
De por sí, vale decir que cuando uno aprende a cocinar, es más bien para
mostrar las cosas que más nos gustan de la cocina. No solo lo que nos gustaría
cocinar y por ende, comer, pero también cómo nos gustaría servir, las maneras
de presentar los platos, la posibilidad de probar... Y un montón de mañas más
que posiblemente incitaran un día el desenvolvimiento de nuestra creatividad
personal… El llamado: “toque único”.
Puede que
esa misma índole creativa estuviese escondida dentro del alma de un individuo
chino de 30 años que ahora está siendo acusado de haber matado sus padres,
despedazar los cuerpos y después cocinarlos con sal… Una receta sencillísima.
Y ésta
fue tan simple y neta, que hace un par de días la promotora de acusación llegó
a indicar durante el juicio, que poco más tarde, este amateur de la cocina tendría
colocado los pedazos en recipientes como si fuesen “carne para churrasco”,
El caso
es que las cabezas de Chau Wing-ki, de 65 años, y de su esposa Siu Yuet-yee, de
62, fueron encontradas el último mes de marzo, pocos días después del
desaparecimiento de ambos, en dos heladeras que estaban en un apartamento atiborrado
de sangre. Los otros pedazos de sus cuerpos fueron encontrados en un receptáculo
de basura, cocidos y guardados en recipientes con arroz, como tentativa de los
asesinos para encubrir el crimen.
Por ende,
Henry Chau, de 30 años, pasó a ser acusado de cometer el crimen con ayuda
de un amigo, Tse Chun-kei, de 36 años. Independiente de ello, el periódico
“South China Morning Post” informa que Chau ya se declaró culpado de homicidio
culposo (sin intención de matar) por responsabilidad disminuida, al mismo
tiempo en que Tse negó las dos acusaciones de asesinato; aunque los dos hombres
admitieron haber impedido el entierro decente de la pareja.
Por su
vez, la promotora afirma que Chau y Tse planearon el asesinato durante meses,
comprando cuchillos, heladeras, microondas y una olla de arroz… Y la sal.
Inicialmente,
Chau informara a la policía que sus padres habían viajado para China
continental, pero de próximo admitió el asesinato en un grupo de mensajes en
internet. De acuerdo con el texto que fue leído a viva voz en el tribunal de la
ciudad, él escribió que planeó despistar la policía para ganar tiempo y poder
despedirse de sus amigos… Sin confirmar si su deseo era hacerles degustar su
nueva receta.
Mismo
así, Chau declaró en un grupo de mensajes: “Mi compañero de asesinato y yo, teníamos
planeado convertir esto en un caso de desaparecimiento y nos desprender de los
cuerpos pedazo a pedazo”, quien también admitió ser un psicópata, al indicar: “No
puedo simpatizar con el dolor de las personas debido a mi experiencia durante la
infancia y adolescencia”.
Según menciona
el periódico Post, Chau dijo haber matado a sus padres con la ayuda de Tse en un
ataque de rabia, pero la acusación considera que los asesinatos fueron
premeditados.
Frente a este
clima profundo y sofocado de horror aquí relatado, me entrego a recapacitar
sobre la cualidades culinarias de santa Teresa de Jesús, también conocida como Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, quien haciendo
justicia a su apellido, mismo imposibilitada de moverse a causa de un ataque de
paroxismo que la dejara paralítica, entró un día en la cocina, se sentó en un
caballete en llamas y comenzó a imaginar la flamígera pintura “El jardín de las
delicias” de Hieronymus Bosch (El Bosco), mientras escuchaba “Orfeo en
el infierno”, de Offenbach… ¡Otra receta ecuánime!
(*) Si le
parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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