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quarta-feira, 11 de junho de 2014

¡Ojo! No De con la Lengua en los Dientes


Parece un dato interesante, pues mucho se habla por ahí de qué en el universo de los nuevos relacionamientos, saber lo cuanto debemos revelar sobre nosotros mismos es algo así como pisar en huevos… Un simple silogismo, porque es evidente que no me refiero a los de uno, y si a los de gallina.

El asunto es que de acuerdo con el pronóstico profetizado por facundos estudiosos del asunto, resulta que si uno abre muy temprano sus sentimientos con la otra persona, corre el riesgo de sonar desesperado o chiflado. No obstante eso de esperar un poco más, por otro lado deja la sensación de que uno no se importa, o que es vago y distante.

Tal vez por ello la profesora de Psicología de la “Universidad de Massachusetts”, Susan Krauss Whitbourne, llega a sugerir que cuando se trata de auto revelación, uno necesita descubrir el punto de equilibrio perfecto de acuerdo con la fase en que la relación se encuentra. Según ella, querer dividir muchas emociones luego de cara -bien antes de saber lo que la otra persona piensa sobre uno-, puede llegar a complicar las cosas. Pero a su vez, si uno es introvertido y tiende a dividir menos lo que siente, casi nunca encontrará la hora cierta de bajar la guardia, afirma Whitbourne.

En un artículo que fue publicado en la revista “Psychology Today”, esta especialista calcula que todo buen oyente tiende a gustar de personas que cuentan bastante sobre sus vidas. Eso se debe a que cuando alguien le revela sus sentimientos y emociones, ellas tienen la sensación de conocer mejor al individuo; como si pudiesen prever de antemano cómo es que el otro irá reaccionar en determinada situación…. “Estamos constantemente intentando adivinar lo qué las personas harán y por qué lo harán”, garante Whitbourne.

En todo caso, visto ser imposible querer santificar mediocridades con lógica surreal, enumero a seguir algunos puntos importantes que el leyente debe apreciar:

Extroversión y ansiedad - El gran psicólogo norteamericano Carl Rogers, fundador de la terapia centrada en el individuo, acreditaba que la mayoría de las personas con dificultades psicológicas tenían miedo de dejar trasparecer lo que sentían. De acuerdo con Rogers, uno se siente ansioso porque creció en un ambiente donde los padres, profesores y otros adultos nos hicieron sentir constantemente deficientes. Esa ansiedad fue traducida por él en “falta de voluntad en dejar que los otros nos conozcan”.

¿La solución? Una buena dosis de auto revelación para percibir que no existe nada de errado en mostrar nuestras emociones. Para este psicólogo, parece que es más fácil uno abrirse con un terapeuta, por no existir miedo al ridículo o retribución.

Intimidad: una conquista - En un relacionamiento verdaderamente íntimo, los consortes saben que pueden revelar todo. Ellos sienten que pueden confiar uno al otro sus secretos más particulares. No en tanto, llegar a tal punto de intimidad no es una cosa que suele suceder de la noche al día. Sólo a medida que los lazos de los cónyuges se van estrechando, es que ambos pasan a tantear continuamente en cuales áreas y cuánto de sus vidas deben revelar.

Obviamente que no hay problema en contar a cualquiera que usted detesta cebolla. Sin embargo, pretender confesarle a alguien que uno mal conoce, que su primer casamiento acabó por causa de una traición, también no es la mejor manera de recomenzar a relacionarse.

Empatía y conexión - Cuando alguien revela alguna información personal, es probable que uno espere el mismo grado de sinceridad de la otra parte. ¿Pero será que la gente pasa a gustar más de otro/a, simplemente por trocar elogios y reclamaciones sobre nuestra propia experiencia de vida?

Pues le diré que en 2013, Susan Sprecher, una psicóloga de la “Universidad de Illinois”, desenvolvió un estudio que buscaba analizar el grado de reciprocidad entre extraños. Su objetivo era observar si la cantidad de informaciones particulares trocadas mutuamente, influenciaba de alguna manera el nivel de aprecio que uno sentía por el otro. La situación fue creada para simular el momento en que uno encuentra a alguien por primera vez y quiere pasarle una buena impresión, claro.

Sprecher concluyó que personas que evitan dividir sus emociones y sentimientos, sea por timidez, ansiedad, o por no tener lo qué decir, tiene más chances de iniciar relacionamientos con una gran desventaja a futuro. Todo, porque en vez de zambullirse de cabeza cuando la conversación está poniéndose más íntima, generalmente esos individuos hesitan hasta el punto de perder la oportunidad de “conectarse” con el otro sujeto. En estos casos, Whitbourne recomienda: “Intente comenzar por asuntos más neutros, como puede ser su preferencia por determinada estación del año, por ejemplo, y de a poco vaya hasta donde ambos se sienten confortables para la ocasión”.

Bueno, en cuanto a mí, reafirmo una vez más preferir los énfasis griegos, cuando lo Sublime quedaba restricto a Euterpes y viajes musicales en busca de lo Humano… Cosas sanas, nada más, como eso de participar de enduro en Cochabamba, extraer la raíz cuadrada de wiskis redondos o confundir tragedias de Sófocles con comedias de Platón… ¡Formidable!

(*) Si le parece, dese una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...

terça-feira, 20 de maio de 2014

Cúmplase la Ley con Todo Rigor


A pesar de que en ciertos momentos uno pueda notar la ocurrencia de ciertas situaciones, circunstancias o de ciertos desahogos del cuerpo que podrían inducir a una opinión contraria, de por sí, esto no merece que le echemos las culpas al desencuentro de sentimientos y voluntades en familia. No en tanto, fácilmente se puede imaginar el infierno en que se podría convertir la vida de muchos si se viesen reunidos en un mismo reducido espacio, como suele ser en un condominio habitacional.

Pero por lo que se aprecia, queda demostrado una vez más hasta qué punto el alma humana es un pozo infectado de contradicciones, mismo que, a pesar de todos sus defectos, sepamos que la vida ama el equilibrio. Eso da que pensar, pues juzgo que si mandara sólo ella, haría que el color oro estuviera permanentemente sobre el color azul, o que todo lo cóncavo tuviese su convexo, que no sucediese ninguna despedida sin llegada, que la palabra, el gesto y la mirada se comportasen como gemelos inseparables que en todas las circunstancias dijeran lo mismo y amén.

Siguiendo vías para cuyo desarrollo pormenorizado no nos reconocemos ni aptos ni idóneos, pero de cuya existencia e intrínseca virtud comunicativa tenemos absoluta certeza, tanto de nuestras propias como la de los demás, me lleva a pensar que fue el conjunto de todas las observaciones que acaban de ser expedidas, lo que hizo surgir el memorándum en cuestión.

Y una vez que éste fue emitido y protocolado, los moradores de un condominio de la ciudad de Americana, ciudad del interior del Estado de São Paulo, Brasil, se vieron sorprendidos con el pedido de una de las moradoras del conjunto habitacional.

En la tal carta, ella recomienda, sin medias palabras, para que los otros moradores “evitasen hacer barullo durante el acto sexual” después de las 22 horas, solicitando para que todos los condóminos sean un poco más comedidos en la hora del “vamos ver en la horizontal”, según lo ha informado el periódico “Novo Momento” al reproducir la carta, que dice:

“Estimados...

Para que logremos tener una convivencia harmónica entre todos, les pido que, en la hora de practicar sus relaciones sexuales, se atengan a la cama. El caso es que ella puede estar golpeando en la pared (pensando en los vecinos de al lado), o en el piso (pensando en los vecinos de abajo), incomodando y despertando a personas que no están interesadas en como los otros practican sus actividades sexuales.

Les recuerdo que todos los moradores deben respetar la ley de silencio, que comienza a las 22 horas… Acreditando en su comprensión... La Síndica”.

Una vez que el memorándum fue colocado en el mural del predio, no demoró para que el aviso pasase a ser comentado por los demás moradores, aunque el contenido de éste no llegase a ser discutido en la reunión del condominio… Sin embargo, al encararlo de manera bien humorada, los moradores dicen ahora que después de las 22 horas entró en vigencia la “ley del silencio sexual”.

Todo, porque una de las moradoras vivía a reclamar de las vibraciones de las camas en las paredes y en el piso de los apartamentos vecinos al de ella. Lo que, por lo visto, indica que por allí el personal anda bastante animado, ¿no? 

Pues bien, entiendo que tengo poco entrenamiento para la reflexión, y, aunque el asunto pueda explicarse como un signo de senilidad prematura, confieso que me ha sorprendido la solicitud.

No en tanto, creo que en otras culturas más sofisticadas, todo lo ocurrido en dicho condominio podría solucionarse rápidamente con una visita al psicólogo, aunque un montón de gentes opine que sólo los locos peligrosos lo hacen, y sólo en camisa de fuerza… Son los mismos que opinan que recurrir a terapia es tener que confiar asuntos íntimos a un desconocido, a quien además se tiene que pagar para que lo escuche a uno…. Idea absurda; para eso están los curas y las tías… ¿No concuerda?

(*) Si desea seguir la misma línea y enfoque de este Blog, dese una vueltita por “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog que contiene apenas instantáneas del cotidiano. Disfrútelo visitando http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ y pase por mis libros en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...