Parece un dato interesante, pues mucho se habla por ahí de qué en el
universo de los nuevos relacionamientos, saber lo cuanto debemos revelar sobre
nosotros mismos es algo así como pisar en huevos… Un simple silogismo, porque es
evidente que no me refiero a los de uno, y si a los de gallina.
El asunto es que de acuerdo con el pronóstico profetizado por facundos
estudiosos del asunto, resulta que si uno abre muy temprano sus sentimientos con
la otra persona, corre el riesgo de sonar desesperado o chiflado. No obstante
eso de esperar un poco más, por otro lado deja la sensación de que uno no se
importa, o que es vago y distante.
Tal vez por ello la profesora de Psicología de la “Universidad de
Massachusetts”, Susan Krauss Whitbourne, llega a sugerir que cuando se trata de
auto revelación, uno necesita descubrir el punto de equilibrio perfecto de acuerdo
con la fase en que la relación se encuentra. Según ella, querer dividir muchas emociones
luego de cara -bien antes de saber lo que la otra persona piensa sobre uno-, puede
llegar a complicar las cosas. Pero a su vez, si uno es introvertido y tiende a
dividir menos lo que siente, casi nunca encontrará la hora cierta de bajar la
guardia, afirma Whitbourne.
En un artículo que fue publicado en la revista “Psychology Today”, esta
especialista calcula que todo buen oyente tiende a gustar de personas que cuentan
bastante sobre sus vidas. Eso se debe a que cuando alguien le revela sus sentimientos
y emociones, ellas tienen la sensación de conocer mejor al individuo; como si
pudiesen prever de antemano cómo es que el otro irá reaccionar en determinada
situación…. “Estamos constantemente intentando adivinar lo qué las personas harán
y por qué lo harán”, garante Whitbourne.
En todo caso, visto ser imposible querer santificar mediocridades con
lógica surreal, enumero a seguir algunos puntos importantes que el leyente debe
apreciar:
Extroversión y ansiedad - El gran psicólogo norteamericano Carl Rogers,
fundador de la terapia centrada en el individuo, acreditaba que la mayoría de las
personas con dificultades psicológicas tenían miedo de dejar trasparecer lo que
sentían. De acuerdo con Rogers, uno se siente ansioso porque creció en un ambiente
donde los padres, profesores y otros adultos nos hicieron sentir constantemente
deficientes. Esa ansiedad fue traducida por él en “falta de voluntad en dejar
que los otros nos conozcan”.
¿La solución? Una buena dosis de auto revelación para percibir que no existe
nada de errado en mostrar nuestras emociones. Para este psicólogo, parece que es
más fácil uno abrirse con un terapeuta, por no existir miedo al ridículo o
retribución.
Intimidad: una conquista - En un relacionamiento verdaderamente íntimo, los
consortes saben que pueden revelar todo. Ellos sienten que pueden confiar uno al
otro sus secretos más particulares. No en tanto, llegar a tal punto de
intimidad no es una cosa que suele suceder de la noche al día. Sólo a medida
que los lazos de los cónyuges se van estrechando, es que ambos pasan a tantear
continuamente en cuales áreas y cuánto de sus vidas deben revelar.
Obviamente que no hay problema en contar a cualquiera que usted detesta
cebolla. Sin embargo, pretender confesarle a alguien que uno mal conoce, que su
primer casamiento acabó por causa de una traición, también no es la mejor
manera de recomenzar a relacionarse.
Empatía y conexión - Cuando alguien revela alguna información personal,
es probable que uno espere el mismo grado de sinceridad de la otra parte. ¿Pero
será que la gente pasa a gustar más de otro/a, simplemente por trocar elogios y
reclamaciones sobre nuestra propia experiencia de vida?
Pues le diré que en 2013, Susan Sprecher, una psicóloga de la “Universidad
de Illinois”, desenvolvió un estudio que buscaba analizar el grado de
reciprocidad entre extraños. Su objetivo era observar si la cantidad de informaciones
particulares trocadas mutuamente, influenciaba de alguna manera el nivel de
aprecio que uno sentía por el otro. La situación fue creada para simular el
momento en que uno encuentra a alguien por primera vez y quiere pasarle una buena
impresión, claro.
Sprecher concluyó que personas que evitan dividir sus emociones y sentimientos,
sea por timidez, ansiedad, o por no tener lo qué decir, tiene más chances de
iniciar relacionamientos con una gran desventaja a futuro. Todo, porque en vez
de zambullirse de cabeza cuando la conversación está poniéndose más íntima, generalmente
esos individuos hesitan hasta el punto de perder la oportunidad de “conectarse”
con el otro sujeto. En estos casos, Whitbourne recomienda: “Intente comenzar
por asuntos más neutros, como puede ser su preferencia por determinada estación
del año, por ejemplo, y de a poco vaya hasta donde ambos se sienten confortables
para la ocasión”.
Bueno, en cuanto a mí, reafirmo una vez más preferir los énfasis griegos,
cuando lo Sublime quedaba restricto a Euterpes y viajes musicales en busca de
lo Humano… Cosas sanas, nada más, como eso de participar de enduro en
Cochabamba, extraer la raíz cuadrada de wiskis redondos o confundir tragedias
de Sófocles con comedias de Platón… ¡Formidable!
(*) Si le
parece, dese una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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