Por de
pronto me entero que después de haber sido proclamado el pasado jueves en una
ceremonia sobria, sin contar con la presencia de jefes de Estado extranjeros o
representantes de otras familias reales, sin calentar el trono, los nuevos
monarcas españoles ya pretenden realizar un viaje de presentación. Conforme lo
anunció el canciller español, José Manuel García-Margallo, los nuevos reyes Felipe
VI y Letizia realizarán su primer viaje oficial internacional al Vaticano, y a
continuación visitarán Marrocos, Francia y Portugal.
Nada en
contra de ello, pero recuerdo que el Rey era, en lejanos tiempos, una figura
omnipresente, aunque distante de los seres mundanos que moraban bajo su
potestad. En el día de su cumpleaños, el monarca se hacía presente por medio de
un retrato de tamaño natural, que se colocaba sobre una tarima ricamente
adornada y frente a la cual se hincaban, para saludarle, todos los vecinos que
vivían bajo su influencia geográfica.
Mirarle a
los ojos era entonces una experiencia casi improbable, y por eso, cuando un
prosaico gobernador de una colonia de América tuvo, en 1819, la oportunidad de
besar las manos del Rey y éste le preguntó qué podía hacer por él, el
dirigente, en vez de solicitarle que le pagaran lo mucho que la Tesorería real
le adeudaba, enmudeció y dejó pasar el momento -único y fugaz- de cobrar.
El primer
rey Español al que algunos países sudamericanos tuvieron oportunidad de ver de
cerca, cuando ya no eran sus súbditos -aunque conservasen por la corona cierto
atávico respeto, no contradictorio con su republicanismo- fue justamente a Juan
Carlos de Borbón.
Por
ejemplo, cuentan que cuando éste llegó de visita al Uruguay en mayo de 1983,
estando al frente del tirano gobierno golpista militar el Gral. Gregorio
Álvarez, con toda naturalidad, el Rey atravesó a pie la Plaza Independencia,
ante los ojos ávidos de los que se agolparon para verle e incluso se animaron a
reclamar más libertades. Su entonces reunión con los líderes proscriptos por
aquellos militares quedó registrada en una foto en la que se destaca su
altísima figura, foto que registra un momento emblemático de la transición
uruguaya hacia la democracia.
Sin
sorpresas ni extrañeza, hoy vemos, cual crónica anunciada, que ese mismo rey ha
abdicado. Obviamente que abdicar no es lo mismo que decir “el rey ha muerto”,
lo que deja en suspenso la frase que completa la conocida expresión: ¿viva el
Rey?
Otro
ejemplo a agregar, es el de una de sus súbditas españolas que narró esta escena
en primera persona: “Me puse mis mejores galas, incluso las joyas de mi
familia; preparé varios platos, serví el mejor vino y me senté, vestida como si
fuese una de las invitadas, a ver por televisión la ceremonia de casamiento del
Príncipe Felipe con Letizia Ortiz… Que, por cierto, para casarse con una
plebeya hubiera escogido a mi sobrina, que es mucho más guapa”. Esa misma
señora se autodefine como “una republicana de izquierdas”.
De igual
modo, también hemos visto que en los días que se siguieron a su abdicación,
abundaron alabanzas a las tres décadas de reinado de don Juan Carlos y a su
defensa de la democracia durante el “Tejerazo”. Pero como si de la muerte se
tratara, un manto de beatitud procurará cubrir al elefante abatido en Botswana,
a la sinuosa Corina y a su yerno Urdangarín. Otros, en cambio, recordarán la
condición de protegido de Francisco Franco, por la cual accedió al trono.
Así lo ha
hecho, desde la “Universidad Carlos III de Madrid”, Rafael Escudero Alday: “Que
sea la gente quien decida qué modelo de jefatura de Estado quiere para este
país: monarquía o república.” El artículo 92 de la Constitución -reclama
Escudero- habilita al presidente del Gobierno a proponer un referéndum
consultivo sobre decisiones políticas de especial trascendencia. Y es del caso.
Estoy
casi seguro que una vez llegado el día de la coronación de Felipe VI, mientras
muchos de los pueblerinos dedicaron su tiempo a reclamar por la abolición de la
monarquía, también, al igual que aquella plañidera señora mencionada
anteriormente, muchas otras similares a ella volvieron a desempolvar las joyas
de la abuela -si es que la crisis actual de España no las obligó a empeñar- y a
descorchar un buen vino. Otros tantos, sensibles a lo que Foucault llamó un día
de “intensificación del poder”, opinarán sobre los zapatos de Letizia y se
emocionarán con la inequívoca señal para la igualdad de género, que dará la
pequeña infanta rubia, junto al anciano monarca.
En todo
caso, soy uno más de los que juzgan que el camino institucional de España lo
determinará ese movimiento pendular que existe entre la oposición al Rey y la
fascinación por el Rey… ¡Monárquico asunto!
(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con
algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
Nenhum comentário:
Postar um comentário