En primera instancia, me siento en la obligación de realizar algunas
aclaraciones oportunas con respecto a cualquier conyugio, pues debe tenerse en
cuenta que la palabra divorcio
viene del latín: “divortium”, y se utiliza para personificar la disolución del
matrimonio, mientras que, manejada en un sentido más amplio, se refiere al
proceso que tiene como intención dar término a una unión conyugal… La que
normalmente ya venía a las patadas. Sin embargo, en términos legales modernos,
el divorcio sólo fue asentado por primera vez en el Código Civil francés de
1804.
Por lo general, también suele afirmarse
que las causas de un divorcio son menos numerosas y más sencillas que sus
consecuencias. Empero, todo indica que el proceso del divorcio es la segunda
causa más dolorosa después de la muerte; aunque todos nacemos sabiendo que
somos mortales y que algún día, lo deseemos o no, vamos a tener que partir de
este mundo. En cambio, el divorcio ya es una decisión voluntaria.
Por otro lado, tampoco se debe confundir divorcio de una pareja con la “anulación
del matrimonio”, ya que esto no es más que declarar que el matrimonio nunca
existió, una derogación que no solo se encuentra normado en el ordenamiento
jurídico de algunos países, sino que, además, se encuentra regulado en el
derecho canónico con larga data… Y más bien, utilizado para agradar a los que
tenían plata.
Claro que nadie está obligado a
divorciarse, pues es de imaginarse que la mayoría de los matrimonios se forman
con las intenciones que duren una vida entera. En todo caso, cabe preguntarse: ¿Cómo
nace entonces esa determinación de romper un hogar?
Diversas investigaciones se han abocado a tratar de determinar cuáles
podrían ser las variables que presentan un mayor riesgo de divorcio, aunque no
necesariamente se puede presumir que son aquellas las causales directas de
éste. Pero citando cifras de indagaciones
al respecto, vemos que estas se centran -en la mayoría de los casos-, en que los
divorcios suelen desencadenarse que ni tornados en Texas o huracanes en el
Caribe, por causa de adulterio, riñas y/o disputas de los conyugues. Evidente que también existen causas bastante más raras
pero a veces no menos frecuentes, que incluyen asuntos como el ronquido
insoportable de uno de los cónyuges, la falta de higiene personal, adicciones a
distracciones, política, deportes o hobbies… Pero muy pocas veces tienen como disparador una película infantil.
Sin embargo,
eso último fue exactamente lo que sucedió hace pocos días en Japón, ya que tras
llevar seis años de matrimonio, una mujer nipona pidió el divorcio por la razón
más absurda que se recuerde.
Todo indica
que el fanatismo de esta mujer por la película animada “Frozen” le hizo
replantearse la vida que llevaba junto a su marido.
Según
informó el periódico “Mirror”, el hombre -ahora ex marido- de 31 años, confesó
al sitio “Kikonsha” cuál había el motivo de que su mujer le pidiera el divorcio.
Conforme su versión, su mujer, de 29 años, se había obsesionado a tal punto con
la película de Disney, que lo invitara a verla con ella… Y allá fueron los dos.
Pero la poca
impresión que causó la trama del mencionado filme en el menguado marido,
terminó por indignar a la mujer, quien por de pronto decidió iniciar los
trámites de divorcio.
Claro que
aquí falta que les detalle las causas para no causar un espasmo cerebral en el
lector y ni parezca una noticia descalabra. Por tanto, una vez terminada le
sección, ella le dijo a su marido: “Si tú no puedes entender qué es lo que hace
a esta película grandiosa, entonces hay algo mal contigo como ser humano”.
No se
necesita agregar otros detalles de la discusión por ya imaginarnos lo que
ocurrió, pero se sabe que tras esos momentos de una insalubre reyerta familiar,
la esposa decidió irse de la casa y mudarse de vuelta con sus padres, aunque
parece dudoso que la justicia incluya a “Frozen” entre las causales de
divorcio.
En todo
caso, mucho se ha dicho que nos molesta el triunfo ajeno -como suele parecer
aquí-, pero la explicación no es envidia sino sentido común: el éxito es
normal, ya que el ser humano está biológicamente constituido para el fracaso, y
prueba de ello es que tiene metabolismo en lugar de baterías… Entonces, ¿para
qué soñar con el éxito si podemos vegetar tranquilamente en nuestros fracasos?
(*) Si le
parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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