Por supuesto que me refiero a esos asuntos de carácter ventoso que suelen
ocurrir dos por tres en nuestro planeta; pero tampoco es de dudar, mi apacible
lector, que de cierta manera el sexismo se cuele en todas las fisuras de
nuestro comportamiento hasta alcanzar niveles
tan infinitesimales, al punto que apenas somos conscientes de que ello ocurra.
Incluso los bípedes más ecuánimes con el otro sexo, probablemente tropezarán en
alguna clase de sesgo sexual. Por ejemplo, no hace mucho que ciertos expertos
en la materia explicaban cómo las mujeres eran más incompetentes en matemáticas
porque creían que así debía ser, y que, sin embargo, eran mucho más solventes
si en las pruebas matemáticas se evitaba en lo posible el sesgo sexual.
Por
tanto, si se pregunta: ¿Daniela puede llegar a ser más asustadora que Daniel?,
opino que muchos no sabrán responder, pues todo dependerá de las
circunstancias; en todo caso parecería que es verdad, al menos cuando estamos
hablando de huracanes.
Todo, porque ahora descubrimos que bautizar
a un huracán con nombre de mujer influye en el número de víctimas que éste
produce. Es que al designarlo con un nombre dulce de mujer (Azucena, por
ejemplo) en vez de uno contundente de hombre, parecería que la gente toma menos
precauciones para su supervivencia porque considera que será menos peligroso,
según demuestra el reciente estudio que acaban de publicar en “Proceedings of the National Academy of
Science” los investigadores de la Universidad de Illinois, en Arizona.
Para llegar
a esa tergiversada conclusión, dichos sabios analizaron los huracanes y el
número de víctimas producidas por los mismos en el intervalo de 1950 hasta
2012. De hecho, descubrieron que de los 47 huracanes más letales, los femeninos tuvieron el doble de víctimas
que los masculinos: 45 frente a 23. Además, constataron que si el nombre
femenino sonaba particularmente suave, entonces el número de víctimas podía
llegar a triplicar, como es el caso de Charley o Eloise.
Para llevar
a cabo el referido estudio, un grupo de voluntarios calificaron en una escala
de 1 al 11 el nombre del huracán (1 igual a muy masculino, 11 muy femenino). Pero
tuvieron el cuidado de suprimir el “Katrina” (2005) y “Audrey” (1957) de la ecuación, porque éstos fueron muchísimo más letales que los
promedio y se salían de todos los valores por su monstruoso efecto.
Como
conclusión del ejercicio, parece que el sexo huracán afectó en cómo los
encuestados dijeron que se prepararían para tal huracán. Con base en ello, Sharon Shavitt, la coautora del
estudio y profesora de marketing en la Universidad de Illinois, se metió en el ojo del huracán para buscar una razón.
Según ella, este desbaratado fenómeno de la naturaleza trae consigo “sexismo
implícito”, ya que se toman decisiones por razones de “género” sin analizar el
peligro real que conlleva, pero
matiza: “Los estereotipos que subyacen
a estos juicios son sutiles y no necesariamente hostiles hacia las mujeres:
pueden implicar considerar a las mujeres como más cálidas y menos agresivas que
los hombres”.
¿Cuál es
el resultado de ello? Pues todo indica que cuando el huracán es bautizado con
el nombre de un hombre, las poblaciones de las áreas atingidas tienden a tomar
más precauciones o hasta mismo evacuar las regiones por donde el huracán
pasará. Empero, cuando el huracán tiene nombre femenino, las personas tienden a
permanecer en la región, pues suponen que el fenómeno va a ser menos intenso
por sonar más inofensivos a los oídos del público.
En todo
caso, un meteorólogo australiano del siglo XIX, Clement L. Wragge, fue el primero a quien se le ocurrió bautizar a
los huracanes. Al principio eligió nombres bíblicos, como Zaqueo, Uza o Tamar. Sin
embargo, se sabe que hasta 1979, la Comisión Meteorológica de Estados Unidos
sólo otorgó nombres femeninos a los huracanes, aunque en el mismo periodo el
servicio meteorológico australiano comenzara a asignar nombres de ambos sexos.
No en tanto, en la actualidad se reúne una comisión y prepara los nombres
que se pondrán a cada tifón, empezando por la A y finalizando por la Z. Por ejemplo, en 2011, el primer ciclón se llamó Arlene, el segundo
Bret, el tercero Cindy, el cuarto Don, el siguiente Emily...
Pese a
estos detalles de aparente sexismo, mi amigo leyente, y en consonancia con el
buen sentido que nos acostumbramos a ver diariamente en la prensa, lo mejor es
relajar en la reconfortante certeza de que el futuro será brillante y
prosperidad ira florecer… Por lo menos hasta el próximo huracán llegar.
(*) Si le
parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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