Reconozco que en ciertos momentos necesito recurrir a mi biblioteca para
ver si encuentro en ella hipérboles semejantes. Fue justamente en medio de los
anaqueles donde descubrí que luego de enterarse de los vieneses de Diderot y de
ser iluminado con lo que mejor disponía el Iluminismo en aquel entonces, que el
gran ensayista y biógrafo Samuel Jhonson
decretó que la vara de pescar tiene, en una de sus extremidades, un anzuelo, y
en la otra, un imbécil.
Con todo, fue luego después de él subir las “highlands”, probar la magia
de los viejos maltes escoceses y escribir su “Viaje a las Islas Occidentales de
Escocia”, que se tornó sabio de vez y descubrió que la imbecilidad está mismo
en todas partes.
Pues bien, ya pasados más de trecientos años de estos hechos y a pesar de
la gran cantidad de anécdotas dejadas por el Dr. Johnson, e igualmente siendo
herederos de su estilo aforístico y de su filosofía basada sobre todo en el
sentido común, parece que en la actualidad, en Malasia no
desparecen solamente aviones en pleno vuelo.
Por supuesto, pienso que puede que surja la necesidad de aplicar la
extrema asepsia filosófica en la conducta diaria de algunos caminantes, sobre
todo en los grandes momentos creativos, cuando el día y la noche se confunden
en lujuriantes y solitarios escenarios de una mítica silenciosa, más
profundamente en una poética manera de ser, existir e interpretar los misterios
de la vida.
Quizás, a lo mejor, o por ventura -el lector elije-, sintiéndose influenciado
a causa de esos aforismos madrugadores que muchas veces llegan a ronronearnos
la cabeza, es que un joven disfrutó de una desagradable sorpresa luego después
de comprar por internet un sugestivo dispositivo que se decía capaz de poder
aumentar la escasa protuberancia que él tenía situada en la entrepiernas. Sin
embargo, una vez que le fue enviado por correo, el aparato no pasaba de una regia
“lupa”.
Pues bien, si usted ya logró dominar su carcajada, mi amigo lector, le cuento
que tal desconcierto aconteció muy hace pocos días en la ciudad de Seri
Kembangan, en Malasia, país que suele perder de vista aviones repletos de
cándidos pasajeros.
Dando proseguimiento a tan inaudita noticia -ya que del avión no se sabe
nada-, de acuerdo con el periódico local “The Star”, parece que el hombre,
identificado apenas como Ong, llegó a relatar al personal del “Escritorio de la
Asociación de Servicios Públicos y Reclamaciones” -grande nombre para matricular
demandas-, que había desembolsado 450 ringgits malayos (aproximadamente U$ 150)
para un vendedor online, y les explicó con más detalles por cual motivo.
En resumo, Ong denunció que la tan deseada mercadería le fuera enviada a
su residencia dentro de un paquete que contenía un manual de instrucciones. El
referido folleto encuadraba una orientación para que el cliente no utilizase el
producto bajo la luz del sol. Es que, expuestas a la luz del Sol, las lupas pueden
causar quemaduras, pues la lente converge los rayos solares en un único punto…
Por lo que no deja de ser un estimable esclarecimiento del vendedor.
En todo caso, lo sorprendente aquí, mi estimado leyente, es uno enterarse
de la existencia de tan diminuta protuberancia en las anatomías de los malayos,
pues de acuerdo con las autoridades locales, otras 12 personas también fueron
engañadas por el falso vendedor. Desconfían que el sospechoso puede que haya
lucrado más de U$ 25 mil con tan ingenioso golpe, y anuncian que las víctimas difícilmente
tendrán su dinero de vuelta, ya que no fueron emitidos comprobantes o notas
fiscales que prueben las transacciones.
Y es ahí que les digo: “Ay de aquél que dispensa la Fantasía de la noche
para nutrirse de las Realidades del día”… ¡Impresionante!
(*) Si le
parece, dese una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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