terça-feira, 9 de maio de 2017

Un Día Fui


Me encanta ver esa languidez que siempre se dibuja en tu rostro cuando la presumida ráfaga del viento traicionero insiste en enredarse en las madejas de tu pelo, y retoza en él como un niño que travesea en la calesita.
Con esos gestos de diosa encabruñada robas mi mirada, arrancas de mis ojos contemplaciones de arrobo, sustraes el aire que respiro en tu cercanía, dándome la impresión de que juegas con la luz del universo al quitarme el brillo del sol de la mañana.
Quiero continuar a recordarte cuando aún no existías en mi vida, cuando tú solamente eras sueños y utopías que me desvelaban por las noches mientras te soñaba como racimo de uvas maduras entre mis manos.
Quizás a nada de lo que ahora digo te pareces hoy y sin embargo lo eres todo a la vez, mujer de mi vida. Recuerda que antes de ti, yo era como una barca vieja hundida en la burda ribera de un río en remolino, un intruso errabundo sin destino en una soledad acribillada de sueño y silencio, que a su vez se sentía acorralado entre el mar y la tristeza, como alas rotas de gaviota que se va muriendo de pena al no poder volar.    
Triste ternura fue la mía entonces, cuando ya vencido anduve errante por las calles con el corazón congelado y fracturado entre melancolías a tocar el vértice atrevido y frio de mis sentimiento, tal cual un viejo laúd al que se le revientan las cuerdas. 

Hoy me siento orgulloso de ti, locura que mi espíritu exalta, embriaguez divina que sólo puede surgir del genio creador, porque durante los instantes que estás a mi lado dejo ya de acusarme por todo lo que un día fui, y porque junto a mí eres el aire que de tu regazo emana perfumes y armonías de la fuente de la vida, y porque con tu magia conviertes mi mundo en primavera.

segunda-feira, 8 de maio de 2017

Si Tu Vinieses


Si tú pudieses venir hoy, te prepararía un café con sabor a luna llena, y me sentaría frente a ti para contarte sin prisa cuál es la verdadera causa de mis desvelos.
Es que tú y yo es algo así como si estuviésemos juntos de a pedazos, de a rato, a fuerza de parpadeos, de sueños desatinados en los cuales mientras yo me entrego al sueño tu alma se escapa, viene y se refugia junto a la mía, cuando andariegas y unidas trajinan y vagan por los pasillos de nuestros sueños, se enlazan y enamoran mientras pasean descalzas entre naranjos en flor.
Sin embargo, tu puedes advertir que lo mío no es un amor supuesto, un emoción que ha surgido por causa del flechazo de algún cupido distraído, donde tu presencia es lo que menos importa porque eres parte de mi fantasía.
Créeme, lo mío es un amor real, un amor sin piedad y virtud que no busca reciprocidad y no se engaña, porque al conocer tus defectos, aun así te quiere.
Por las noches, al acostarme, apago el ruido de afuera y enciendo la música de mi interior, para entregarme a contar con mis dedos cada uno de tus lunares antes de ponerme a bailar en sueños la noche entera, abrazados los dos bajo un cendal de guirlandas de estrellas, llevándote aferrada junto a mi torpe corazón mientras aguardando que la madrugada muera en la aurora como la luna muere en el sol.
 En mis sueños quiero, sólo quiero, que me abraces y en silencio me digas todo. Sin reclamos, sin pasado, sin nada de lo que te lastima o nos lastima. Sin nada ni nadie que interrumpa nuestro idilio.
Y ya ves, nada puedo hacer si tú no vienes. Contra eso, nada puedo hacer, vida mía.

quinta-feira, 30 de março de 2017

Moriré en Ti


Por si acaso alguna vez el arfar de tu pecho se detiene y el amor que sientes por mí deja arder en tus venas, si a tu boca ya no llegan más las palabras que endulzan mis oídos, si tus manos se duermen y se olvidan de volar sobre mi piel, deja al menos tus labios entreabiertos para que nuestro último beso dure una eternidad, y me acompañe el calor de ese dulce tacto hasta la muerte.
Si ya no me amas, quiero morir besando en sueños esa brasa ardiente que anida en la boca tuya, rodeando con mis manos un pedazo perdido de tu cuerpo entre las brumas de la madrugada, mientras entretengo mi sueño y busco la luz de tus ojos cerrados para que alumbre mi última morada.
Aunque nuestro amor no pueda ser verdad, sé que otros días llegarán mismo que tú no estés presente. Pero eso sí, nunca han de morir nuestros instantes, nunca se terminarán los libros y los tesoros que acumulamos sin tregua durante la vela de nuestras auroras de amor.
Inclemente muerte súbita de un amor prometido que ha perecido brutalmente mientras nos hostiga la vida en una onda alta, altísima, sobre las demás ondas de este mar en furia que es la vida, tu amor nunca será sombra en mí.
Pálida mujer de vasta cabellera negra como negra son las noches sin luna, entre tus brazos y muy colado a tu piel ya me perdí en amores, y de amores en sueños moriré sin paz llevando tu nombre cincelado en flamas en mi corazón.
Sin tú ya no me amas, seré, que pena, un planeta errante en la distancia sideral, quizás un árbol sin hojuelas perdido y muerto en la floresta, un páramo seco en medio al río que corre y huye, una piedra más al pie de la montaña de esta vida loca… Adiós, vida mía, que ahora de la naturaleza caen lágrimas como océanos de tristeza.

quarta-feira, 29 de março de 2017

Santificado


Han de existir, por supuesto que sí, aunque no sea nada fácil ser un santo en este equívoco mundo en que vivimos.
Pero incluso sin haberlos visto una única vez en carne y hueso ni haber escuchado sus santas palabras ecuménicas, nos basta con ver las innumerables imágenes de madera, piedra y mármol que están expuestas en altares de aquí y allí para que los adoremos.
Es más, algunos de ellos son de barro, con coronilla y todo, lógicamente, que es justificadamente para hacer santo honor al fango de la albardilla de donde surgieron.
Todos, sin excepción, fueron seres bienaventurados que hicieron que sus piadosas palabras y su voz coincidieran con la esperanza de quien de lejos o cerca los miró y aguzó el oído, cuando entonces vieron que tanto las maravillas y las impurezas se ahogaban repentinamente en el olvido y lo normal se convirtió en milagro. Por ende, luego de su muerte los convirtieron en estatua.
Pero no me refiero exactamente a estos, pues intuyo que más santo ha de ser el necesitado humano que ama y no es correspondido. Que si bien sus rezos y rogativas son un tanto diferentes al pragmático modelo eclesiástico, por otro lado no podemos dejar de dar razón a sus apostólicas argumentaciones de amor, las que hilan y rehílan una y otra vez, sentimentales y afables, en un oído sordo.
La concepción del amor y la introspección del lenguaje del apasionado surgen, como en un pase de mágica, de una bolsa de ideas que él tiene escondida en su corazón. Quien un día ya vivió febril de amor, sabe muy bien que esos actos y ruegos responden a una complicada filosofía de sentimientos que no tiene reglas ni se ajusta a criterios de la ley mayor. Es pura pasión.  
Con todo, peripatéticamente, éste ya no se tornará un santo hombre ni un día ganará silla en el reino celestial, si en esos acasos de la vida convierte su ilusión en realidad, ya que tendremos entonces un santo viviendo su propio infierno… ¡Ah, el amor, el amor!

terça-feira, 28 de março de 2017

Ameritando


Unos ya nacen sin necesidad de poner mucha voluntad por ameritar toda la fama que por casualidad en vida les toca. Otros, no obstante, sobre seguro se merecen otros bemoles no tan misericordiosos que se diga.
Es que siempre existirá un precio a desembolsar cuando un determinado individuo elije ser es un célibe mujeriego. Tarde o temprano las mujeres empezarán por abrumarle la vida, momento en que se cansará de las chicas, semidiosas de cuentos de hadas, semiluciérnagas de la noche, y cierto día la cortina caerá y se pondrá romántico y tonto, minuto en que empezará la búsqueda por alguien a quién se ligó fuertemente en el pasado. Mejor dicho, por un tipo de mujer que con sus armas nunca podría competir con la emoción de sus encuentros fugaces. Desde ese día en más, a medida que pase el tiempo, el individuo irá de asombro en asombro, de estupor en estupor, al hallar que las nadas de sus ayeres rebosan de toda insignificancia.
En estos casos, cuando el estupor nos invade el alma, es porque ya andamos cerquita de la orilla de la vida, junto del final de la existencia o, como quien dice, en busca de la sepultura que paciente nos espera, para adentrarnos luego en un nuevo e insólito mundo que en un cerrar de ojos se convierte en nada, aunque, eso sí, dentro de sus murallas es posible escuchar voces de rostros que son máscaras.
Por eso que en este mundo nuestro, todos andamos en estado de alerta cuando llega el atardecer, momento en que se cierran los párpados, que, como pesadas cortinas de un bufo escenario, nos deja solísimos, pensando en lo que fuimos pero sobre todo en lo que no fuimos, hasta que nos abrace el sueño.
Sin embargo, percibo que no debemos rendirnos, ya que la vida es justamente eso, continuar el viaje, perseguir los sueños, destrabar como sea el tiempo, correr los escombros para finalmente destapar el cielo.

segunda-feira, 27 de março de 2017

Nostálgica


Justamente ese día, ella percibió que se encontraba algo cercana, y resolvió seguir adelante para echar un vistazo en la antigua casa de su niñez. Detuvo el auto en la acera de enfrente y por cortos minutos la miró absorta. Notó que las paredes estaban descascaradas. Donde aún quedaba algo de pintura, ésta se mostraba escarnecida. Las ventanas tenían las persianas sueltas o simplemente faltaban.
 Una punta de congoja le apretó el pecho y decidió bajar del coche para ver. El inclemente pasaje del tiempo había dejado gravado allí cicatrices profundas. Esa casa que ella tanto había amado estaba cerrada. Con certeza ya nadie vivía en ella.
Para su sorpresa, imprevistamente se abrió la vigía que existía en el portón, y allí apareció el rostro arrugado de un hombre viejo, indagando lo que ella quería.
-Todos se han marchado ya; unos murieron, otros deben andar por el mundo echando sus plagas por ahí -le explicó el hombre, con voz agrietada.
-Es lo único que sé -agregó carraspeando-. Un cierto día me dejaron quedarme a vivir aquí como casero, pero no me pagan nada.
-Ya le he dicho. No sé dónde anda esa gente. ¿Ve cómo el jardín está abandonado? Yo ya no tengo condiciones de limpiarlo. Mis fuerzas son pocas ahora, y paso casi todo el día acostado -le explicó compungido.
En realidad, la casa parecía adormecida en algún punto del tiempo. Allí no se oía barullo alguno, y, como no había viento, ni las hojas de los árboles se movían.
Los recuerdos afloraron. Ella recordó su cuarto, y de las bajadas, tan prohibidas en su época, por el pasamano de la escalera. Incluso, de la mesa amplia siempre llena de platos de comida y de gente alegre a su alrededor.
Perdida en esos devaneos, emergió en su memoria la imagen de su madre, tan austera; su padre, comprensivo y cariñoso. Le resonaron también las pequeñas discusiones con sus hermanas, la visita de los primos, tan alegres. Todo le venía a los borbotones, un recuerdo tras otro. Eran tantas las evocaciones, que ella no se fijó en ninguna. Era como si una película estuviese pasando ahora por su cabeza con las innúmeras cosas hermosas que había vivido allí.
De pronto ella dio un suspiro mustio al recordar de su primer novio, Carlos, que acabara casándose con su mejor amiga. Nunca más llegara a gustar de otro hombre como había gustado de Carlos…
-¿Será que en verdad fue amor, o pasión de adolecente? -se cuestionó abatida por sus recuerdos, mientras sus ojos bajaron al suelo.
De a poco se vio invadida por una tristeza que la llevó a las lágrimas. Recordar es lindo, pero también es triste, dijo para sí al volver la espalda a la casa.
-Tal vez no debiese haber venido hoy, ni nunca -llegó a reprocharse entre dientes.
-Con certeza, -murmuró mientras cruzaba la calle-, esas mismas cicatrices que tiene la casa yo también las tenga en mí, porque es evidente que los años igual han pasado por mi cuerpo.
Al entrar en su coche, dio partida rápidamente y se alejó de prisa, antes que el mundo se le cayera en los hombros. 

sexta-feira, 24 de março de 2017

Recuerdos


Suspicaces afirman que en ambos lados de los árboles de los bosques suelen crecer infinitas flores que pertenecen a un colorido jardín que ha sido construido con palabras y pensamientos aun sin confesar.
Estos bien que pueden ser extravagancias o liviandades que repentinamente surgen del olvido y se introducen sin permiso en nuestro asombro y nos causa consternación, ya que no importa si de ojos abiertos o cerrados, de la nada veamos brotar ecos de voces de un pasado remoto, mismo que ese pasado sea una colección de silencios ahogados de los que aún quedan partículas calladas que nunca quisimos contar.
 Todo lo perdido ya tuvo su color exclusivo y original; sin embargo, junto a las sístoles de un jadeante corazón viejo, cuantiosos de esos serrines de recuerdos nos invaden en la quietud de la noche entonando su partitura inoportuna para corear los pensamientos que no revelamos, y mucho más si los hemos ahogado en llantos junto a la almohada.
Esos pensamientos disipados se asemejan a una luna llena que imaginábamos elíptica en un oscuro firmamento sin estrellas, aunque a todo momento manifestemos la sana intención de borrarlos o dejarlos escondidos en las sombras del vacío. Pero todo esfuerzo resulta en vano, porque ahí están, como lobos solitarios que aúllan en las madrugadas, que corren, simulan que se detienen y vuelven a correr con sus mandíbulas abiertas deseando desangrarnos.
Cada persona tiene sus propios vaivenes, pormenores que ha ido acumulando en el joyero de su intimidad. Claro que cualquiera de ellos puede que sean algo artificiales, pero las fotografías del antaño lejano y no tanto así no lo son. Estas son fieles testigos de los pensamientos de la época y de palabras repentinas o aleatorias que un día quedaron presas en los dientes por no animarse a traspasar los labios.
Yo mismo no paso de un bosque y una noche de árboles oscuros, pero puedo garantir que quien se anime y no tenga miedo de mi oscuridad, podrá encontrar también en mí enormes canteros de rosas en medio a mi floreta particular.