No podemos dejar
entre renglones que tanto Alemania como Japón, dos naciones que quedaron
horriblemente destruidas a consecuencia de la guerra en el siglo pasado (por
ellas desatadas a decir verdad) supieron levantarse rápidamente de sus escombros
y volvieron a ser potencias.
En
contraposición, países con enormes recursos naturales como Argentina, Brasil,
Venezuela o México, para circunscribirnos a nuestro continente, no han sabido
hacer algo parecido, a pesar de sus ventajas y de no haber sufrido la miseria
de la postguerra. La Argentina, de hecho, llegó al umbral de la riqueza y el
desarrollo sostenido a principios del siglo XX y sin embargo, luego involucionó
en su progreso y no logra salir de su marasmo. Si miramos hacia atrás en la
historia, ejemplos de culturas que cayeron en la pendiente abundan y de ello
algunas conclusiones se pueden sacar.
El Imperio
Otomano, en su apogeo era musulmán y rivalizaba con Venecia y Francia, en
cultura y poder. Habían establecido un sistema educativo del estilo del IENA
francés. Cuando las fuerzas del Sultán conquistaban una región o una ciudad, se
llevaban a los chicos como esclavos. Las niñas, a los harem y los niños al
palacio. Pasaban a ser propiedad del Sultán y eran educados con rigor para
formar parte de la Administración del imperio. Los más capaces avanzaban de
acuerdo a su desempeño y no era inusual que un esclavo, llegase al fin de su
carrera, a ser nombrado gobernador de una región o alcalde de una ciudad. El
imperio en su nadir era gobernado por una meritocracia donde la excelencia se
premiaba. Los hijos de los esclavos eran ciudadanos libres, pero no podían
formar parte de la administración pública. Al contraerse el imperio comenzó la
decadencia. Ya no obtenían tantos esclavos para administrar al imperio. Se
quebró el sistema de la educación en la escuela del palacio. Empezaron los
acomodos y avanzó la mediocridad.
Los países
exitosos han sabido desarrollar un buen sistema de educación al margen de tener
una base cultural que premia el esfuerzo, la honradez, el éxito, en la cual se
desprecia la holgazanería y el ocio. Gran Bretaña se caracteriza por sus
“public schools”, y sus prestigiosas universidades. Lo mismo ocurre en Francia,
Alemania, EE.UU., Japón y ahora China. Los hay también más pequeños, sumamente
exitosos como los escandinavos. Basta contrastar su PBI per cápita y los
resultados de sus alumnos en las pruebas PISA. Es una realidad que aquellas
naciones que producen buenos académicos, técnicos y profesionales tienen una
buena base de educación primaria y secundaria, así como escuelas tecnológicas y
centros bien aceitados de aprendizaje.
Donde no
existen estas condiciones, donde se ha perdido este impulso, la sociedad no
sanciona a quienes no se capacitan, el gobierno no cumple debidamente con la
función educadora y en lugar de fomentarse la inversión y el emprendimiento, se
subsidia la holgazanería, el resultado es muy negativo.
Pensemos en
el pueblo judío, el que hasta hace poco no tenía país. Por haber sido
perseguido a lo largo de la historia y en muchos casos habérsele impedido ser
poseedor de tierra, la forma más tradicional de acumular riqueza, tuvo que
ingeniárselas de otra manera. Se dedicaron al comercio, a la joyería, al arte,
a la banca, al intercambio de moneda, a la prestación de servicios y a
distintas profesiones. Y por sobre todo, como sus bienes podían serles
confiscados, siempre han privilegiado el estudio y la preparación de sus hijos
y parientes. En la sociedad judía está muy mal visto no estudiar o no trabajar
y es grande la presión de la comunidad al respecto. Los resultados están a la
vista.
El número de
personalidades de este origen que han hecho una diferencia en el mundo es
inmenso, desde Albert Einstein, hasta Sigmund Freud, pasando por Karl Marx, el
propio Jesús, Jonas Salk, Albert Sabin, también en el arte, en Hollywood, etc.
Hay 14 millones de judíos en el planeta y en 105 años han recibido 15 docenas
de Premios Nobel en diversidad de áreas, mientras que la población islámica que
asciende a 1.4 billones, cuenta con 3 Premios Nobel, aparte de algún Premio de
la Paz, según informa el pakistaní Farruk Saleem, director ejecutivo de un
“think tank” en Islamabad, fundado en 2007.
Detrás de
estos logros hay un hilo conductor fundamental por el que hay que apostar: la
EDUCACIÓN… Por eso es bueno preguntarse: ¿Cuándo será que los gobiernos de aquí
van reaccionar?
(*) Por
si está dispuesto, pase por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”. Allí lo aguardan algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Además, mis libros están en www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante
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