Quizás se
haya olvidado esto, pero acaso vale recordar que en el siglo XI, el emperador
bizantino hizo cegar a 14 mil prisioneros búlgaros capturados en la batalla de
Kleidión. La orden de Basilio II establecía que a uno de cada cien había que
dejarle un ojo, para que los tuertos pudieran guiar la multitud de ciegos de
regreso a Bulgaria.
¿El objetivo
de tanta crueldad? Aterrorizar al enemigo de Constantinopla.
Eso deja
evidenciado que la brutalidad para amedrentar al prójimo es una práctica que desde
hace mucho recorre la historia. También hay ejemplos más recientes: en las
guerras decimonónicas argentinas decapitaban a los vencidos y colgaban las
cabezas en lanzas para aterrar al otro bando.
Juzgo que hoy
día lo mismo busca el Estado Islámico (ISIS) con sus decapitaciones exhibidas
en Internet. Eso, porque batallones enteros de los ejércitos de Irak y Siria
huyeron despavoridos, los que en lugar de combatir dejaron blindados y
artillería en manos de los yihadistas.
Pero a
diferencia con el pasado, el ISIS lo hace en un tiempo en el que la crueldad aún
continúa siendo practicada pero ésta no era ostentada. Por lo que deja en
abierto la pregunta: ¿Cómo puede justificarse la ostentación de la crueldad en
pleno siglo XXI?
En verdad,
en las regiones afganas y paquistaníes de la etnia pashtún, el talibán lo hace desde
el rígido código “pashtunwalí”, mientras que el “califato” establecido entre
Irak y Siria lo hace desde las suras y los hádices, o sea aplicando
literalmente los 114 capítulos del Corán y las acciones y dichos atribuidos al
profeta.
Se afirma
que como Mahoma fue también combatiente y gobernante en un tiempo de guerras, y
como los primeros califas (Abú Bakr, Omar, Otman, Alí y los Omeyas) expandieron
el Islam mediante la conquista, esas páginas contienen relatos, simbolismos y
proclamas guerreras. Por tanto, así como ocurre en otras religiones, fueron
cruciales los teólogos que interpretan en distintos tiempos y circunstancias
los textos sagrados del Islam.
Pero otros
teólogos, como Muhammad ibn Abd al-Wahab, consideraron que toda interpretación
del Corán y de los hádices es una tergiversación. De aquel predicador del siglo
XVIII viene el wahabismo, vertiente coránica oficial en Arabia Saudita y
fundamento ideológico de Al Qaeda y del ISIS, aunque ahora en una versión aún
más extrema y de crueldad requintada.
Para esa
versión, los chiitas, alauitas y drusos profesan herejías que deben ser
erradicadas en tierras mahometanas, mientras que el cristianismo de caldeos,
asirios y siríacos, además de los cultos pre-islámicos como el yazidismo, son
creencias “infieles” que también deben ser exterminadas.
Al igual como lo hacía el emperador bizantino que devolvió a Bulgaria un
ejército de ciegos, en la actualidad el cuchillo yihadista decapita para
aterrorizar. A su cruzada la sobrevuela el pasado remoto. Claro que también los
recientes siglos plagados de tiranías, invasiones y guerras, además de un
presente mundial ensombrecido de incertidumbres y fanatismos inquietantes.
Y ahora: ¿qué novedad surgirá en el 2015?... No perdemos nada por esperar…
Salvo la vida, claro.
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