Lejos de querer parecer escolástico y antes de que algún menguado lector
anticipe su juicio, explico que la ciencia se ha ocupado en explicar que el
sujeto que padece cleptomanía no puede evitar el impulso de robar objetos,
independientemente del valor económico de lo que roba; pues puede estar
sufriendo de un deterioro laboral, familiar, personal y legal. Eso se debe a un
trastorno del control de impulsos y se ha clasificado como una adicción
psicológica.
En realidad, la mala conducta de estos sujetos es precedida por una
ansiedad creciente que se alivia inmediatamente después de poseer el objeto
deseado, produciéndose un reforzamiento negativo. Dicho refuerzo es una de las
causas por las cuales se mantiene la conducta problema.
En todo
caso, un cleptómano, a diferencia del ladrón -inclusive el de corazones-, roba
por necesidad de satisfacer un impulso, mientras que el último roba por
diversión, necesidad de satisfacer un deseo material, económico o social
llegando incluso al profesionalismo… Y hasta realizar fantásticas películas en
Hollywood.
La
diferencia radica en que el ladrón lo hace por un deseo material y económico, o
por necesidad. Un ladrón puede pasar horas, días e incluso años planeando un
gran golpe, mientras el cleptómano obedece generalmente a un impulso relativo
dependiendo del lugar y tiempo en que él se encuentre.
Pues bien, olvidemos la explicación anterior y atengámonos a un hecho
acaecido la semana pasada, cuando un hombre terminó detenido en Australia
después de robar un coche fúnebre. Nada demás, salvo que éste contenía un
féretro dentro. Conforme informó la prensa local, el sujeto lo hizo delante de
los familiares del difunto que se preparaban para realizar el funeral.
Conforme lo explica la emisora “ABC”, tan insólito incidente ocurrió en
las “Blue Mountains”, una región montañosa situada en los alrededores de Sídney,
donde en realidad iría acontecer la ceremonia, cuando de repente un hombre salió
detrás de algunos arbustos, se sentó en el asiento del conductor y arrancó con el
vehículo.
Al notar la ocurrencia, los atontados y pasmos parientes del fallecido
bloquearon enseguida la calle con otro vehículo y consiguieron detener al
desconocido que, después de huir, tuvo que dar marcha atrás luego de entrar en
un callejón sin salida.
El individuo,
de 49 años, de inmediato alegó para los familiares del muerto que necesitaba ir
al hospital. No en tanto, acabó siendo retenido por los coléricos presentes
dentro de una camioneta hasta la llegada de la policía.
Poco más
tarde, las autoridades informaron que el hombre sufre de problemas mentales y
que estaba siendo procurado después que desapareciera de la casa de reposo -léase
manicomio- donde estaba internado.
El desequilibrado
varón terminó por ser llevado a un hospital donde fue sometido a exámenes antes
de ser enviado a la casa de reposo, en cuanto los familiares del fallecido pudieron
finalmente realizar el funeral sin problemas.
Al cavilar
sobre lo que suele ocurrir durante un réquiem, ya comienzo a articular planos
para mi grande bajada y a listar los pocos perteneces que podré llevar. Pues,
como se sabe, el espacio en aquellos artilugios de maderas es exiguo. Por
consiguiente, además de mi frágil figura, pienso en cargar sólo lo
estrictamente necesario para la manutención personal en los abismales amagos
del océano… Pacífico, por supuesto.
(*) Si le
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