sexta-feira, 26 de dezembro de 2014

Plétoras Navideñas


Cuando alguien menciona a Santa Claus, San Nicolás, Viejito pascuero, Papá Noel, Father Christmas, Père Noël, Babbo Natale, el Tió de Nadal, o cómo miércoles sea que lo llamen en su pueblo, lo primero que a uno le llega a la cabeza es la imagen de un individuo obeso, barbudo, sudoroso, fatigado pero siempre sonriente, que vive en las proximidades del Polo Norte junto a la gorda Señora Claus -alias Noel o como sea- y una gran cantidad de “Duendes navideños” que le ayudan en la fabricación de los juguetes y otros regalos que le piden los niños a través de cartas; para, como por arte de magia, él salir en la noche del 24 de diciembre andando en un trineo mágico volador, tirado por “renos navideños”, liderados por Rodolfo (Rudolph); un reno que ilumina el camino con su nariz roja, brillante y potente, que es seguido por media docena de otros cornudos renos con mirada bobalicona.

En realidad, esa y todas las otras leyendas similares que nos hablan de éste evento son tan viejas como la humedad, y de alguna manera los mayores se han encargado de contarlas y repasarlas a los niños, y así sucesivamente esto viene aconteciendo por décadas “per saecula saeculorum”… Aunque a veces siempre se puede innovar.  

Pues bien, justamente eso último fue lo que sucedió cuando el místico Papá Noel se adelantó algunas horas en Hong Kong el último miércoles, cuando un coche de transporte de valores dejó caer, aparentemente sin percibirlo, billetes en el valor de dos millones de dólares americanos, para la inmensa alegría de los pedestres y conductores que pasaban por el lugar.

Por algunos instantes la circulación en la calle de Gloucester, centro de la ex colonia inglesa, fue paralizada, porque los conductores y pedestres que andaban por allí se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo y corrieron para recoger los dólares, antes de que ellos comenzasen, literalmente, a volar.

En total, fueron perdidos 15,23 millones de dólares de Hong Kong, lo equivalente a 1,96 millón de dólares americanos.

Conforme llegó a narrar el comisario de policía Wan Siu-hung, el chofer del coche transportador de valores no notó que durante la media hora que duró su trayecto, la puerta trasera del vehículo no estaba bien cerrada… O fuera abierta por la mano maga del gordo barbudo que anda siempre de rojo.   

En consecuencia, dos cajas de metal conteniendo dinero se cayeron a la calle y éstas se abrieron, desparramando las cédulas.

Evidente que la policía isleña llegó rápidamente al lugar, equipada con cascos de protección y porras, para intentar recuperar el dinero perdido.

Por supuesto que el conductor del camión de transporte de valores solamente percibió el incidente al llegar a su destino.

Conforme alertó un comunicado de la policía de Hong Kong que no cree en leyendas, avisó: “Todos los que tengan encontrado dinero deben entregarlo para la policía lo cuanto antes, o será considerado robo. La sanción penal para estos casos puede llegar a diez años de prisión”.

Entre tanto, al contrario de lo que el buen sentido prescribe, es exactamente en esos momentos que el espectáculo agrada al odre, ya que es exactamente en ese punto que la tragedia más noble se aproxima mucho más a la sátira más grotesca… ¡Leyendario!

(*) Visite el blog “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, http://guillermobasanez.blogspot.com.br/...

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