-¡Qué frío hace hoy, doctor! Menos mal que aquí, en este rinconcito del
bar, estamos calefaccionados. Y es más, con café de por medio.
-Así es, mi amigo. Por lo menos aquí se pasa bien. Siempre la charla de
amigos es buena y más cuando hay mucho para hablar.
-Cuente… Cuente…
-¿Es que usted no se ha enterado?
-Claro que sí,
doctor. De muchas cosas. Pero como verá, no soy adivino, así que no puedo imaginar lo que
usted tiene en mente comentar.
-¿Es que no es sabedor de la cantidad de desterrados que han llegado a
Europa desde África durante el primer semestre del año?
-¡Una enormidad! Pero cuente más, por favor.
-Pues sin tener en cuenta los que han muerto en el intento, como lo fue
ayer en la costa de Libia, parece que en total han sido más de doscientos mil
en los primeros seis meses del año, y eso me da qué pensar que a los europeos se
les ha dado vuelta la tortilla.
-¿Cómo, así?
-Piense conmigo. Hace más de dos siglos que los europeos llenaron América
de esclavos africanos y, como consecuencia, en muchos de los países del Caribe
y otras naciones más, la preponderancia ahora es de negros y afrodescendientes.
-¿Y eso, que tiene que ver?
-¡Simple! Pues juzgo que como máximo, dentro de diez
generaciones, Europa se convertirá en una gran Caribe del Primer Mundo.
-¡Qué insensatez, doctor! Eso nunca ocurrirá. Fíjese que Hungría ya ha
comenzado a hacer su murito al mejor estilo chino.
-Bueno, en ese caso, puede que ellos se hayan inspirado en Israel, en
Norteamérica, en Rusia… Qué se yo.
-Es bien probable ellos estén queriendo retroceder a la época medieval, y
en lugar de ponerse a construir pequeños castillos para meter a poca gente
dentro, se les ha dado por hacer muros más grandes para aislar el país de la
turba migratoria que les está llegando de todos lados… ¿No le parece más justo, doctor?
-No, me parece injusto... ¿Sabe por qué?
-En lo más mínimo, doctor.
-Lo digo por causa de su egoísmo y su inhabilidad para tratar de un
asunto muy serio, como lo es el hambre y el atraso económico generado por
diversos motivos en muchas naciones que ellos llaman de Tercer Mundo. Sin
necesidad de aludir al arraigado tema del racismo, claro.
-En eso, no le quito la razón, doctor.
-Por otro lado, con algunos procedimientos que varios países europeos han
aplicado últimamente, ellos dan a entender que con esas ideas de asilamiento
pretenden continuar siendo arios a la fuerza, mi amigo.
-Puede ser, doctor, pero concluyo que, matemáticamente, de ser verdad su
vaticinio, y de las tasas de migración continuar a ser tan elevadas como las de
este año, que en doscientos años a nosotros nos irá mejor.
-No comprendo a donde usted quiere llegar con su raciocinio.
-Es que si es como usted prevé y con el paso de años Europa se convierte
en un gran Caribe, por aquí seremos entonces un continente de caucásicos… ¿No sería fantástico?
-En ese caso, opino que su presagio dependerá en quienes voten los nietos
de mis nietos, ya que hoy día estamos años luz de que eso ocurra.
-Es cierto. Todo un tema…
-Puede que sí, mi amigo. Pero eso lo dejaremos para otro día. Hoy me
tengo que ir. Estoy atrasado…
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