Aguzando los
sentidos y la ilusión, da para imaginar que al inicio Él se viera delante de un
estremecimiento de placer, que se sintiera como si estuviese principiando el
trabajo más difícil y delicado de su reciente vida de constructor de almas, y,
tal cual un alfarero, se ofrendara a la aventurada cochura de una pieza de
altísimo valor estético modelada por un artista a quien no le importa rebajar
su genio hasta las precarias condiciones de ese humilde lugar donde estaba, y
no podría admitir, de la pieza se habla, mas también del artista, las
consecuencias ruinosas que resultarían de la variación de un grado de calor, ya
sea por exceso ya sea por defecto.
De lo que
realmente aquí se trata en la ilusión del pensamiento de quien escribe, es de
cocinar el barro de una insignificante figurilla que pronto generaría cientos y
miles de copias, aunque siempre habrá quien diga que todos nacemos con el destino
trazado. Con todo, sabemos que lo que quedará a la vista y en los registros
bíblicos, es que sólo de estos de barro fue que vinieron al mundo otros adanes
y otras evas que muy pronto se multiplicaron como los panes y los peces de otra
escena posterior.
La ferviente
imaginación también lleva a imaginar que Él parece dispuesto a asumir una
postura de tácita condescendencia luego de probar distraídamente la solidez del
barro, la muda de sitio, sin necesidad y, como si apenas el azar, y no la
voluntad, le hubiese guiado los pasos, se encontró delante de la primera
figurilla que había modelado, y pocos segundos después todo quedó transformado
en un montón informe de barro… El barro de la mujer se amasó sobre el barro del
hombre, son los dos otra vez un barro solo.
Con todo,
siglos se pasaron desde entonces, hasta que de pronto surgió el profesor Steve
Collins, de la “Universidad Trinity” de Nuevo México, en los Estados Unidos, y,
como líder de un equipo de excavaciones que trabajó en el proyecto “Tall
el-Hamman”, en el Valle de Jordán, se puso a revolver el pasado de la historia
de la humanidad. Es que todo indica que él y su grupo de arqueólogos habrían
descubierto la mística ciudad de Sodoma.
En materia del
History Channel, fue el propio Collins quien dijo: “El equipo de arqueólogos
desenterró una mina de oro de antiguas estructuras monumentales, revelando una
ciudad-estado que dataría de la Edad de Bronce, y que dominó la región sur de
Jordania, en el Valle de Jordán”.
Este mismo
estudioso de la alfarería ajena, también afirmó que la mayoría de los mapas arqueológicos
de la región se mantenían en blanco hasta el día de la expedición bajo su
liderazgo iniciarse. La ciudad-estado era desconocida por los arqueólogos hasta
este entonces.
Según lo ha
informado, el sitio escavado posee dos camadas. Una inferior y una ciudad alta.
La última está cercada por un muro de diez metros de altura, construido en ladrillos
de barro, al mismo tiempo que también existen puertas, torres y una plaza
central, de acuerdo con estos estudiosos del barro ajeno
Conforme la
opinión de Collins, “fue una tarea enorme. La construcción exigió millones de ladrillos
y, obviamente, de trabajadores”… Sin tener en cuenta que la mano de obra
esclava era gratuita.
Los análisis
iniciales realizados hasta el presente momento indican que la ciudad fue destruida
de forma brusca. Y acreditan que por un periodo de 700 años, la región no volvió
a ser habitada desde su misterioso fin.
Con todo, en
el Antiguo Testamento, la ciudad de Sodoma, así como Gomorra, fueron destruidas
por la ira de Dios y acabaron devastadas por una lluvia de fuego y azufre… La
que bien podría volver a caer hoy día en muchos palacios gubernamentales.
Eso da que
pensar, ya que probablemente que en esa supuesta Sodoma, sus ciudadanos podrían
fácilmente rumiar la asnería contemporánea bajo el frescor de las estribarías,
no obstante, claro, con menos caballerizos transitando en sus calles y, para
euforia general, con políticos mucho más transitorios… ¡Eufórico asunto!
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