Si por uno
de esos fenomenales acasos de la vida, el leyente es de los que está
acostumbrado con películas y series televisivas que abordan un mundo
apocalíptico y lleno de misterios enigmáticos, juzgo que lo que se tratará de
aquí en más será un suceso que le parecerá extremamente común para sus gustos
proparoxítonos. Con todo, si está a fin de continuar leyendo, desde ya le aviso
que el gran inconveniente de por medio, es que esa escena aconteció en la vida
real: “un ataque caníbal violentísimo”… Diría con acciones teatrales casi del
tipo: El Silencio de los
Inocentes, Psicosis, El Exorcista,
Hannibal y demás por el estilo.
El hecho, de
cierta manera extrañísimo, aconteció en la renombrada Ibiza, en España, uno de
los destinos preferidos de los millonarios y poderosos de todo el mundo. Sin
embargo la víctima terminó siendo un individuo de nacionalidad española de
nombre Kenny McSween, de 38 años, el mismo que se encargara de describir los martirizados
momentos que vivió.
Pero
antes de seguir con esto, es de preguntar: ¿qué lleva a un individuo a desear
comerse a otra persona? Claro que dependiendo de lo que signifique eso de
querer “comerse a otra persona”, a los entendidos en este tipo de gastronomía se
les ha dado por decir que generalmente tiene que ver con la fantasía de que se
están ingiriendo cualidades, características que tiene el otro. Es como si se incorporaran a través
de la alimentación, por lo que se trata de un mecanismo
sumamente primitivo que tiene el bebé respecto del pecho de la madre. Por eso,
por más que ellos caminen por la calle y se relacionen con el resto del mundo,
están en un estado de alienación. Nada más que imitando una cosa muy primitiva.
Lejos
de ser un fenómeno episódico, que se da en un momento aislado, como en el de
Miami hace un par de años y el Ibiza ahora, el canibalismo tiende a ser un
hábito por parte de quien lo practica. Este tipo de antropofagia se ve en los
rituales, igual como se ve en la película “Hannibal”, donde
el doctor Lecter ingiere parte del cerebro de alguien vivo e incluso se lo da
de comer. Evidente que también es el caso de asesinos seriales o múltiples que comen
alguna parte del cuerpo de sus víctimas. Eso más bien tiene que ver con un
ritual de actitud macabra.
Volviendo al
caso, conforme lo afirmó Kenny: “En cuanto el agresor me golpeaba y me mordía,
él gruñía como si fuese un animal salvaje… Fue algo que me asustó bastante -por
lo que es de imaginarse como le quedaron los calzoncillos-… Honestamente pensé
que fuese morir en aquel momento, fue horrible por demás”, reveló a quienes lo
entrevistaron.
Según cuenta
éste atemorizado y borrado español, él estaba parado en el hall de un predio
cuando de repente fue empujado contra la pared. A partir de ahí ellos -víctima
y agresor- se revolcaron por el piso por algunos minutos mientras intercambiaban
trompadas, y el provocador intentaba de todas las maneras posibles morder a la
víctima.
El caso, que
aconteció a fines de setiembre último, sacudió completamente con la farandulera
vida de Kenny, al punto de él quedar tremendamente asustado de continuar habitando
en el lugar y por eso ahora se mudó para Londres. No obstante él haya quedado
con buena parte del rostro deformado a causa de las mordiscadas y golpes que
recibió.
Con todo,
recomiendo que todos abran los ojos, pues la gran problemática es que el supuesto
caníbal sigue suelto por ahí y nadie se anima a dar mayores explicaciones sobre
la motivación del bárbaro crimen. La policía sigue con las búsquedas por el sanguinario
criminoso, si bien hasta el momento ningún otro caso similar fue registrado.
Por supuesto
que mientras permanezco aquí a meditar sobre este tipo de filosofías
gastronómicas acompañadas al sabor de un buen vino, es lógico que me entregue a
deliberar sobre la corporativa orgía de las campañas “libres de grasas” lo que
sea, mientras continúo a observar las obscenas maratones de la inconstancia de algunos que
pretenden usar juguetes culinarios… ¡Espantoso!
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