Luz que alumbras con mil candelas el camino en sombras de mi alma viva, mientras
yo te amo con locura cada vez que observo el fondo de tus ojos claros, es
posible distinguir allí lo negro del blanco en el alto cielo de manto
estrellado.
Me gustan tus labios color carmesí de sangre puro. Tengo hambre de tu
voz, estoy hambriento de esa risa tuya que me incitada la vida. Tengo hambre de
tu boca, de tu luz, de tu pelo, de tu imperioso rostro con nariz soberana y
altanera. Tengo hambre de tu amor, y a vez quiero comer la sombra fugaz de tus
pestañas.
No te rindas, amada mía,
cierra historias, y por favor no cedas aunque el frío queme y aunque el miedo
muerda. Has al igual que yo, que te pienso muy despacito a cada instante, tan
lento como para dibujarte dentro de mí con lápices de mil colores, intentando
que tu airosa imagen quede grabada como en el primer instante, como el primer
beso. Solamente así tendré certeza que te veré mañana, pasado y siempre…

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