Es suficiente mirarla para captar toda la sabiduría de su sencillez. Pero
no me basta con verla o sentir su presencia muy cerca de mí. Quisiera
aproximarme y abrazarla como si los dos fuésemos un solo cuerpo, corazón, alma
y espíritu.
La dificultad en hacerlo se afana en no ser sencillo. En ella, ese idéntico
impedimento se convierte en su muro de contención, su bastión, su blindaje de
integridad, y a mí eso de cierta forma me contiene, me inmoviliza, paraliza mis
sentidos, retiene mis deseos y sentimientos.
Algunos hombres poseen cierta habilidad ingénita para irrumpir esos
misterios de la conducta sencilla de la mujer, haciendo de su rusticidad una
forma inédita de discreción.
Ya no me contento con no poder abrazarla y sentir su piel de durazno.
Tendré que vencer mis miedos, mis aprensiones y dudas. Para vencer lo que me
traba, necesito ser audaz.
Con todo, a veces lo imposible lo llevamos en el ánimo, y mi arrojo no
es capaz de dar el salto sobre lo prohibido… ¡Mañana lo intentaré!

Nenhum comentário:
Postar um comentário