Se me dio
por pensar que nosotros, los humanos, deberíamos sentirnos más unidos por los
dioses, un pensamiento suelto que más parece identificarse con fósiles o restos
de antiguas civilizaciones. No obstante hay un momento inmediato en que dudo si
no harían más sentido las odas completas de donde lo saqué, que ponerme a unir
trozos sueltos aún coherentes pero ya corroídos por la ausencia de lo que había
antes o viene después, y contradictoriamente afirmando, en su propia
mutilación, otro sentido cerrado, definitivo, como el que parecen tener los
epígrafes puestos en la entrada de los libros.
Fuera estas
divagaciones pueriles que no llevan a nada, la intención mismo era registrar
que, en 2010, el periodista científico Carl Zimmer llegó a escribir un artículo
para la revista “Discover”
hablando sobre un extraño caso clínico que había sido estudiado por el
neurólogo inglés Adam Zeman. Se trataba de un hombre que no podía ver personas
o cosas, con los ojos de la mente… Aunque todos sepamos que muchos sólo ven las
cosas con el “tercer ojo” que tienen localizado al final de la espina dorsal.
Como sea,
luego después de haber sido editada la tal publicación, el profesor Zimmer fue
abordado por 21 personas que se sintieron identificadas con el artículo y
querían saber más al respecto.
Qué pasó
durante estos últimos años, no se sabe, pero hoy día Zeman y sus colegas de la
“Escuela de Medicina de la Universidad de Exeter” relatan para la revista “Cortex”, que esa condición puede
estar afectando hasta el 2,5% de la población… Mismo que no sea una cifra
extraordinaria, de por sí significa que hay un montón de delirantes en el
mundo.
Con todo, a
esa síndrome ahora la denominarla de “aphantasia”, no obstante Zeman tenga
insistido en una entrevista para la “BBC”, que no se trata de una enfermedad
-no necesariamente mental-, y sí de una “variabilidad de la experiencia humana”
que hace con que la mayoría de los mortales “conviva durante toda la vida con imágenes
producidas por los ojos de la mente; imágenes que ellos analizan de vez en
cuando”.
Por ejemplo,
un hombre que sufría de insomnio durante la infancia, llegó a expresar lo siguiente
a ese respecto: “Yo no podía ver ninguna ovejita saltando la cerca, no había
nada para contar en mi mente”… ¡Estupendo! Por eso él leía la revista “Playboy”.
No
importando los detalles sobre entretenimientos nocturnos de cualquiera, agrego
que esa recién nombrada condición, es algo que en realidad afecta a varias personas
desde el nacimiento, y de por sí es diferente de la experiencia descrita por primera
vez por Zeman en la revista “Discover”.
En ese ensayo él relataba que un paciente perdiera la capacidad de ver imágenes
mentales después de someterse a una cirugía cardíaca.
Cuanto a los
pacientes con “aphantasia” congénita,
Zeman dice que la red de regiones que están distribuidas a lo largo del cerebro
-del que tiene-, implicadas en el proceso de visualización, puede funcionar de
forma diferente ya desde el nacimiento del individuo, y no debido a un
acontecimiento traumático. Por otro lado, hay personas que nacen con “hyperaphantasia”, que nada más es que
la capacidad de visualizar imágenes mentales con riqueza de detalles… Y puede
que talvez de ahí se originen los chimes.
En todo
caso, para comprender mejor las bases neurológicas de esa gama de experiencias
visuales, Zeman ahora está trabajando en el proyecto “The Eye’s Mind”, o “Los Ojos de la Mente”, un proyecto que tendrá
duración de un año y cuenta con la participación de la artista Susan Aldworth,
del historiador de arte John Onians y de la filósofa Fiona Macpherson... Todos ellos
preocupados en descubrir con cuantos ojos al final de cuentas nacimos… ¡Hace
sentido!
(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma
editorial Bubok: www.bubok.es/
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