De por sí,
la escena ya bastaría para llamar la atención de cualquier incauto. Imagine
entonces por un segundo: “una pelota de fuego baja del cielo y golpea de lleno la
superficie terrestre, más específicamente la península de Yucatán, en México”. No
obstante lo que vendría después habría de dejar a los moradores del lugar aún
más aturdidos… Lo que lleva a pensar que sería más o menos, o quizás
exactamente, con o sin el mérito que aporta la dramaturgia, algo así como lo es
el espectáculo electoral: ¡eludir plateas!
Evidente que
no me refiero a esto último por causa de sus prestidigitaciones inherentes a la
política vulgar, y sí por el ilusionismo del Arte de Tergiversar, el “trompe
l´oeil” que los maestros del marketing escénico consiguen alcanzar.
Puede también
que no sea más que la quintaescencia de la ferocidad surreal ligada a las
vastas ambiciones dramaturgas de un soñado elenco de la escuela de Cantinflas.
Por cierto no se sabe; pero lo irrefutable del caso, es que en el mismo local
en que el objeto volador no identificado se chocara con el peninsular suelo
terrestre yucatanense, también fue encontrada una pieza muy extraña. Y no faltó
tiempo para que muchos de los curiosos y charlatanes que acudieron al bendito local,
anunciar que se trataba de una “forma humanoide” que podría estar junto del
OVNI en cuestión.
Independiente
de lo ingénito del caso, ya que nada puede llegar a ser más patético de que
títeres sin gracia o políticos cazando votos, parece que la forma humana en cuestión
fue encontrada pocas horas después que la famosa bola de fuego cayese del cielo
y se chocase con el suelo, mismo que ese humanoide careciese de un soplo de
grandiosidad y falta de énfasis en la pretendida elocuencia y hasta estar falto
de una viscosidad verbal.
Una vez encontrada
la pieza, mismo estando falto de ese estoicismo último y cruel que al mismo
tiempo lleva multitudes al delirio, eso dejara a los moradores confusos y
pasmados, una vez que ellos pasaron a garantizar que se trata de una forma de
vida de otro planeta que viajaba hacia la Tierra.
Cuando
consultados, los especialistas en estos asuntos voladores que nos caen del
cielo, no necesitaron convocar profetas y otros iluminados y agoreros para
decir de qué se trataba, en un intento vano de tranquilizar a la población.
En todo caso,
ellos insistieron en explicar que se trataba de una cualidad común a ser
encontrada en los meteoros que de vez en cuando caen en la Tierra, una vez que,
a pesar de asustadores, esos asteroides menores pueden sí caer en nuestro
planeta y no tener relación alguna con otras formas de vida… Aunque para mala
suerte de mucho, ellos nunca tengan caído en la casa presidencial.
Las personas
que encontraron esa extravagancia celestial, hablan siempre en partes
desparramadas por el suelo y no en piezas. Ellas saben que no es un dron o algo
similar.
“Dicen que
parecía algo vivo”, llegó a comentar un vecino del lugar, y a otro se le ha
dado por decir: “Mire para el cuerpo que fue encontrado, el esqueleto, que
parece un robó o un traje espacial alienígena. Eso, porque de ninguna manera, mismo
tratándose de un cuerpo extraño como éste, podría soportar esa caída tan grande
y continuar en buen estado”.
No sé por
qué miércoles este asunto me lleva a meditar con lo acontecido con Pórcia, la
mujer de Brutus, cuando sospechara de su marido estaba metido en politiquería
romana y amenazó con matarse. Sin embargo, de nada le sirvió enseñar la uñas. Todos
sabemos que después de participar del asesinato de César, y él propio
difuntearse a filo de espada, Brutus no dejara alternativa al estoicismo de la
esposa sino el suicidio alucinado, tragando carbones en brasas… ¡Maravilloso!
(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma
editorial Bubok: www.bubok.es/
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