No es nada,
no es nada, pero una historia macabra ha dejado a Honduras, en América Central,
literalmente en estado de choque, además de los pueblerinos tener que
enfrentarse a la primaveral estupidez de los tiempos dispersos y a la
prodigiosa y elástica imaginación resultante de los botóxicos ataques de
amnesia que han sufrido algunos ineptos galenos del mencionado país
centroamericano.
Por supuesto
que de inmediato tal acontecimiento me proporcionó una voluntad loca de
desenvolver sorprendentes raciocinios sobre las idiosincrasias proustianas y su
vital importancia en la interpretación de algunos textos bizantinos del siglo
IX, pero en vista del candor de la revelación, pronto me sentí asolado por
motivaciones mucho más severas y pragmáticas sobre el hecho de querer analizar
el mundo por la inclemente óptica surreal.
En todo
caso, dejando tales bobadas al visionario sabor de los poetas chiflados, lo
importante a decir, es que Neysi Pérez fue enterrada viva a los 16 años de edad,
debido a erros médicos. Con todo, su familia solamente se enteró que ella en
realidad no había muerto, por cuenta de una visita que el marido de la chica
realizara al camposanto un día después del velorio.
Imaginemos
entonces cuál no habrá sido la cara de pasmo de todos los que allí acudieron al
momento, cuando al abrir el sarcófago para verificar lo que había acontecido,
percibieron que las manos de la joven estaban llenas de hematomas, claras señales
resultantes de los golpes que ella diera para tentar libertarse de la tapa del
ataúd.
Recapitulando,
de acuerdo con relatos de parientes, Neysi había salido de su casa durante la
noche para usar el cuarto de baño que queda en el patio, cuando de repente escuchara
disparos de armas de fuego. A raíz del susto, ella tendría sufrido un ataque de
pánico que resultó en colapso. Espumando por la boca, fue tratada como “poseída
por el demonio” por su familia, que es extremamente religiosa… Si bien eso no
es garantía alguna de que estos no cometan sus pecadillos de vez en cuando.
A más de lo citado,
de rayano el padre de Neysi intentó exorcizarla en su propia casa, pero como se
trataba de un problema médico, la joven no reaccionaba y por eso fue llevada a
un hospital. Con todo, una vez en el nosocomio ella fue dada como muerta y
enterrada logo enseguida, usando, inclusive, el vestido que utilizara en su
casamiento.
Un funcionario
del cementerio afirmó al periodista del “Mirror”: “Al día siguiente al entierro,
el marido de la muchacha fue a visitar su túmulo y oyó gritos y golpes. Como la
estructura era toda de concreto, él comenzó a gritar por ayuda para quebrar todo
y poder tirarla de allí. Cuando otros llegaron en auxilio, abrieron la
sepultura y la cargaron de inmediato para el hospital dentro del propio cajón, ya
abierto… Fue una correría”.
Ella luego
fue atendida por médicos, y mientras era examinada en el hospital, la joven no
resistiera a los neófitos eventos del día que pasara trancada en el cajón y acabó
muriendo. Algunos afirman que ya no estaba viva cuando los profesionales
comenzaron a prestar los socorros necesarios. En todo caso, horas después Neysi
fue nuevamente enterrada en el mismo local anterior… Esta vez en definitivo.
Los responsables
por el atendimiento médico de la muchacha llegaron a afirmar que con respecto a
la primera defunción, lo más probable es que ella sufriera un ataque de pánico
tan severo, que su corazón parara de funcionar por algún tiempo… Al igual que
ocurriera la mente de los clínicos que no fueron nada hospitalarios con la
jovencita.
Excepto
estas hipótesis sepulcrales, ahora se las tendrán que ver en otra instancia, ya
que la familia culpa al hospital que emitiera el certificado de óbito, y
pretende procesarlo por la muerte de Neysi… Un plato lleno para abogados
expertos.
Queda
descontado entonces, que aunque no todo esté bajo absoluto control, necesitamos
reconocer que al final de cuentas vivimos en paz en pleno proceso democrático
de equilibrio, concordia, harmonía, y en la total certeza de que actividades
intestinales ciertas veces confunden a los médicos… ¡Siniestro!
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editorial Bubok: www.bubok.es/
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