Como si se
tratase de una de aquellas radionovelas mexicanas que la gente, extasiada,
pegaba el oído al receptor, uno bien pude suponer el episodio en el cual un día
incierto pero ocurrido, al entrar al consultorio, doña Tanya le dijera al
médico: ¿si mi hijo le muestra un huevo, usted me promete que no se ríe?
El Dr. Joel
sintió de pronto un golpe en el corazón, o en el estómago, o tal vez directo en
la entrepierna, ya que cuando estas cosas suelen ocurrir todos perdemos la
sangre fría y no la podemos localizar, a pesar de la pequeña distancia que
separa el fundillo del estómago y éste del corazón, y más aun estando de por
medio el diafragma, que tanto se reciente de los latidos como de éste como de
las contracciones de aquel. Por lo que daría para recapacitar que Dios, si
fuera hoy, con lo que lleva aprendido, haría menos complicado el cuerpo de los
humanos.
En todo
caso, no se trata de una radionovela y si de un hecho real en que a los 25 años,
el australiano Tyrone Bowd tiene que pasar sus días luchando con una rarísima enfermedad
conocida como “lindefema de pene” y escrotal. Esa rara condición lo hace tener la
bolsa testicular simplemente del tamaño de una sandía… Pero sin semillas,
claro.
Tanya Bowd, su
madre, afirma: “Una vez, cuando mi hijo era más chico, mientras él tomaba baño,
miré para su testículo y noté que estaba inflamado. En la hora le pregunté lo
que estaba aconteciendo, pues me parecía que había algo incorrecto. Era de un
tamaño realmente mucho mayor que lo normal”… O por lo menos muy diferentes de
los de su marido, que sabidamente eran de plomo.
Por supuesto
que al drama del baño, sin necesidad de agregar la dramaturgia radiofónica, le
siguieron después gritos desesperados del propio Tyrone tan pronto él notara la
inflamación. Pero aquel sería tan sólo el primer contacto que él tendría con la
enfermedad. Luego de cara, cuando fue al hospital, oyó que ni mismo un examen
de ultrasonido había sido capaz de identificar la causa de la hinchazón.
El médico
Joel Gelma, responsable por identificar la enfermedad de Tyrone, es quien explica
mejor la cuestión: “El lindefema escrotal es una condición que se desenvuelve
gradualmente. Los tejidos por bajo de la piel exterior del testículo crecen y eso
causa un alargamiento significativo de la piel del pene. Con el pasar del tiempo,
los pacientes pueden perder la capacidad de andar normalmente, y eso los afecta
por demás en lo emocional y hasta físicamente”.
Pues bien,
sabedores ahora del origen del problema, madre e hijo ahora corren atrás de donaciones
para poder llevar Tyrone a los Estados Unidos. Es que el Dr. Joel es
norteamericano y es allí donde espera su paciente para poder ayudarlo a
resolver el problema. Hasta el momento, la familia ha arrecadado con donaciones
de extraños cerca del 60% de los US$ 100 mil que necesita para que el huevón de
Tyrone realice los tratamientos necesarios en suelo norteamericano.
Al conceder
la entrevista para los periodistas, la madre se desahogó diciendo: “El
testículo ya se alargó hasta alcanzarle la rodilla. Le golpea en vuelta de la
parte de atrás de sus pantorrillas cuando Tyrone intenta andar. Los pantalones
ya no le sirven más, fuimos yendo para un tamaño mayor, y después otro más, y
otro más. Pero a los pocos las opciones se van agotando”… Por lo que no
dificulta en nada el dictado: “es poco paño para una manga”, palabra esta
última que, obviamente, debería ser sustituida por otra más específica y no
menos huevona… ¡Haya saco!
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