Algo anda sonando como a exotérico en el huerto del
Señor, si bien no hay dudas que para la mayoría de los humanos pensantes que
necesitamos vivir en él sin pisar en las flores, la idea de practicar sexo con
máquinas frías y sin vida puede no parecer tan atrayente y encantador como cualquiera
pueda imaginar.
Con todo, por el amor a Afroditas, la fogosa deidad
que los dioses disputaban a las patadas, esos mismos pensantes sentimentales de
hoy pueden que estén rotundamente equivocados, pues todo indica que ese nuevo juego
lúdico-libidinoso puede tornarse normal más temprano de lo muchos imaginan.
Esta excentricidad me trae a la memoria algo que me contó mi vecino el
otro día, cuando me dijo: “Antes de ayer necesité hacer una recarga para mi
celular, pero como yo estaba ocupado mandé a mi empleada, que me pidió que le
anotara mi número en un papelito… Obvio, le puse uno falso, porque tengo novia
y la amo”.
Dejando de lado esas ridiculeces de mi impulsivo y enamorado vecino y lo
sucedido con Hefestos, Ares y Adonis en las tierras de la vieja Corinto y Atenas, y volviendo a la originalidad que mencioné al
inicio, debo advertir que el Dr. Helen Driscoll, de la “University of Sunderland”, comentó hace poco que los avanzos
tecnológicos en el campo de la realidad virtual y de la robótica pueden
permitir el surgimiento de lo que él pasó a llamar de “tecno sexo”… Que no es
lo mismo que “tengo sexo”.
Incluso, este catedrático agregó que las personas pueden
acabar apasionándose por sus parejas robóticas, pasando a dar preferencia a las
relaciones sexuales con ellas… Mismo que estas resulten más frías que un
témpano de hielo.
Conforme avisa el Dr. Driscoll -que no debemos
confundir con el Dr. Scholl, ya que al contrario éste cuida sólo de los pies-, parecería que lo
dicho puede causar sobresaltos porque “nosotros tendemos a pensar sobre cuestiones
como la realidad virtual y el sexo con robos dentro de las normas vigentes”.
Sin necesidad de mostrar espasmos del intelecto, en
su dialéctica, el Dr. Driscoll fue más lejos y comentó: “Con todo, si pensamos un
poco en las normas sociales vigentes sobre el sexo hace 100 años atrás, veremos
que las diferencias de hoy son radicales”… “Como la realidad virtual se está tornando
más y más realista, ella ciertamente será capaz de imitar o mismo mejorar la
experiencia sexual que hoy se tiene con una pareja humana”… “Es concebible que a
futuro algunos han de escoger esta nueva tendencia, dejando de interesarse por compañeros
humanos de juegos a dos en la horizontal y en la cama”... “Y digo más, esas mismas
personas también pueden terminar apasionándose por sus parejas virtuales”.
En cuanto estas prestidigitadas teorías no se
cumplen, agrego que hace poco, por ejemplo, me divertí con una impresionante
investigación en el campo de la medianidad. Por ejemplo, sabiendo que el
jardinero poseía tales poderes, lo até al sofá y le ordené que evocase alguna
cosa. Enteramente poseído, él evocó luego un aumento de sueldo, por lo que me
vi obligado a darle unos golpes con mi bengala. Procurando entonces ser
compasivo y no exigir más de la cuenta del pobre hombre, comencé por cosas
fáciles: hacerle bajar el espectro del chorizo que saboreaba… Él espumó un
poco, es verdad, sin embrago, en minutos, un ectoplásmico cochino apareció y, al
ser sometido un vasto interrogatorio, terminó por contarme que además de
monótono, el Más Allá era una pocilga… ¡De no acreditar!
(*) Libros y e-book disponibles en: Livraria Saraiva: www.saraiva.com.br; Livraria Siciliano: http://www.siciliano.com.br; www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante; y en: Plataforma
editorial Bubok: www.bubok.es/
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