Mientras el alma esté en la tierra, ella siempre ha de
necesitar un cuerpo en el que habitar; no obstante dentro del contexto secular
y perecedero en que nos han encajado sin pedirlo, lo aconsejable es uno no
ponerse a mimar demasiado el cuerpo, como para que éste no vaya a pensar
equivocadamente y se crea que él es más importante que nuestros sentimientos.
Estoy convicto de que mis años vividos ya son historia;
eso es algo que ya nadie puede quitármelo. Más tarde me ha de llegar la vejez
con sus achaques y demás malestares a cuestas, así que por ahora mí consuelo es
animarme con reflexiones consoladoras y entregarme a pensar en ti, Maga de mis
sueños.
Por eso me
gusta pensar que voy a verte. No sé en qué lugar, ni en qué estación o bajo qué
circunstancia. No sé si será hoy, mañana, dentro de un par de años o en otra
vida. Tampoco sé si ese encuentro ocurrirá siendo niños, jóvenes o ancianos; en
forma de personas, o en una conjugación de agua y piedra, de luna y estrellas,
de flor y tierra o como lluvia y cielo. Pero igual me gusta pensar que voy a
verte.
En realidad,
me encanta conceder las horas de mis días y mis noches a pensar que de algún
modo voy a verte; posiblemente ha de ser en algún momento en que nuestros
destinos coincidan nuevamente. Simplemente pienso en eso. Me gusta pensar que
voy a verte.
Tal vez nos
volveremos a encontrar cuando seamos ligeramente más viejos y nuestras mentes
sean menos frenéticas, cuando entonces yo seré adecuado para ti y tú serás
buena para mí, porque entiendo que justo ahora soy un caos para tus
pensamientos y tú eres veneno para mi corazón.
Eso sí,
prometo que volveré a verte antes de que tu preguntes: ¿De qué murió?, y mucho antes
de que todos te contesten que me caí de lo más alto de mis expectativas.
No hay nada
más bonito que volver a oírte decir: “me hiciste mucha falta”. Porque tú
existes dondequiera, pero yo sé que siempre existes donde mejor te quiero: en mi
corazón.

Nenhum comentário:
Postar um comentário