El
largometraje “Spotlight”, último vencedor del “Oscar de Mejor Película”, se
basa en una historia real: un grupo de periodistas de un rotativo de Boston,
Estados Unidos, pasó meses reuniendo documentos que probasen el envolvimiento
de padres católicos en el abuso sexual de jóvenes. Durante mucho tiempo la
Iglesia se esforzó para amortiguar esos escándalos temiendo, naturalmente, que
ellos manchasen aún más la reputación de la institución como un todo. Sin
embargo, habría sido más inteligente, transparente y eficaz asumir los
crímenes, apartar con punición severa a los culpados, discutir cómo prevenir la
violencia sexual, combatir la generalización…
Por la
importancia relevante del momento ese terminó siendo el tema de una entrevista realizada
con el padre Ronaldo Zacharias,
con doctorado en “Teología Moral” (Weston Jesuit School of Theology -
Cambridge), actualmente rector del “Centro Universitario Salesiano de São
Paulo” (UNISAL), y profesor de ética en cursos de pos graduación en educación
sexual. A bien verdad, el padre Ronaldo
debate normalmente en sala de aula, sin cualquier restricción, tópicos que son
polémicos para la Iglesia, como lo es la prostitución, aborto, diversidad
sexual, sexo fuera del casamiento, etc. Por tanto, no deja de ser inusitado y
loable que un religioso (alguien que vive el celibato) se debruce sobre el estudio
de la sexualidad humana.
“La
renuncia a un determinado modo de satisfacer el deseo no es una cuestión
meramente de querer, y sí de poder. Ni todos los que quieren vivir así pueden y
consiguen alcanzar esa aspiración”, afirmó Zacharias durante la entrevista.
En determinado momento el reportero preguntó: El filme “Spotlight”,
vencedor del Oscar de este año, retrata la investigación de periodistas para
denunciar casos de pedofilia en la Iglesia. ¿Usted concuerda que, si los padres
pudiesen casarse y/o ser sexualmente activos, podría prevenirse ese tipo de
crimen escandaloso?
El padre
Ronaldo respondió: No concuerdo, pues la pedofilia no tiene nada a ver con el
celibato sacerdotal o el voto de castidad. El número de pedófilos, personas
que, cuanto al deseo sexual se sienten atraídas predominante o exclusivamente
por jóvenes, es muy pequeño en el contexto de las denuncias realizadas, En la
mayoría de los casos, los acusados no son pedófilos, y sí abusadores,
aprovechadores de la situación. Eso no disminuye la gravedad de los hechos y de
las acusaciones, pero debemos ser precisos en la comprensión de tal fenómeno,
si no acabamos siendo injustos. Vale aquí, también para el pedófilo, lo que
vale para todos: celibato sacerdotal o consagración religiosa no son opciones
de vida realizadoras para muchos que las abrazan; y creo que más aun, pueden
ser opciones desastrosas para muchas personas.
¿Cuál es la diferencia entre la castidad y el
celibato?, fue otra de las preguntas realizadas durante la entrevista.
El
celibato -respondió el padre- es un estado de vida que se caracteriza por el
hecho de la persona vivir como soltera. El sacerdocio, por ejemplo, implica el
celibato: renuncia al matrimonio, a la conyugalidad y a la paternidad
biológica. La castidad, por su vez, es la integración de la sexualidad en la
propia personalidad y en el propio proyecto de vida del humano. Si bien no
todas las personas son vocacionadas al celibato, sea él sacerdotal o no, todas
son llamadas a la castidad; cada una en su estado de vida. Pero si el celibato
puede ser opcional, la castidad no; ella es un imperativo ético para quien
desea crecer en humanidad y se realizar como gente.
Otro cuestionamiento fue: ¿Por qué la Iglesia Católica exige el celibato
y la castidad por parte de los padres e monjas?
La
respuesta del sacerdote fue: Quien hace el voto de castidad, como es el caso de
las religiosas y de los religiosos, escoge vivir el amor como soltero en una
vida que desea expresar la radicalidad del seguimiento de Cristo en el servicio
a Dios y a los hermanos. Quien es ordenado, como es el caso de los padres, no
escoge de antemano renunciar al matrimonio; debe hacerlo por ser esta condición
“sine qua non” para poder ser
padre. Se trata de una norma disciplinar de la Iglesia, que puede ser derogada. No obstante, mientras no eso no
ocurra, quien quiere ser padre sabe, de antemano, que debe vivir como soltero
y, por tanto, renunciar al matrimonio, a la conyugalidad y a la paternidad
biológica para dedicarse de forma más exclusiva al ministerio, o sea, al
servicio del pueblo y de Dios.
La
retórica suena bien, lo que me lleva a recordar lo que ocurriera con Adán y Eva
después de su expulsión del Edén, cuando la puerta les fue cerrada para
siempre, porque ella le había dado la manzana, que se la ofreció sin intención
de malicia ni consejo de serpiente, porque estaba desnuda. Por eso se dice que
sólo cuando mordió la manzana se dio cuenta Adán que él también estaba desnudo,
como Eva, sin tiempo aun de vestirse, por lo que a partir de ese momento
pasaron a ser como los lirios del campo que no hilan ni tejen… ¡Que Dios me
perdone!
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