segunda-feira, 14 de março de 2016

Campanas Suena Entre Pedófilos y Aprovechadores


El largometraje “Spotlight”, último vencedor del “Oscar de Mejor Película”, se basa en una historia real: un grupo de periodistas de un rotativo de Boston, Estados Unidos, pasó meses reuniendo documentos que probasen el envolvimiento de padres católicos en el abuso sexual de jóvenes. Durante mucho tiempo la Iglesia se esforzó para amortiguar esos escándalos temiendo, naturalmente, que ellos manchasen aún más la reputación de la institución como un todo. Sin embargo, habría sido más inteligente, transparente y eficaz asumir los crímenes, apartar con punición severa a los culpados, discutir cómo prevenir la violencia sexual, combatir la generalización…

Por la importancia relevante del momento ese terminó siendo el tema de una entrevista realizada con el padre Ronaldo Zacharias, con doctorado en “Teología Moral” (Weston Jesuit School of Theology - Cambridge), actualmente rector del “Centro Universitario Salesiano de São Paulo” (UNISAL), y profesor de ética en cursos de pos graduación en educación sexual. A bien verdad, el padre Ronaldo debate normalmente en sala de aula, sin cualquier restricción, tópicos que son polémicos para la Iglesia, como lo es la prostitución, aborto, diversidad sexual, sexo fuera del casamiento, etc. Por tanto, no deja de ser inusitado y loable que un religioso (alguien que vive el celibato) se debruce sobre el estudio de la sexualidad humana.

“La renuncia a un determinado modo de satisfacer el deseo no es una cuestión meramente de querer, y sí de poder. Ni todos los que quieren vivir así pueden y consiguen alcanzar esa aspiración”, afirmó Zacharias durante la entrevista.

En determinado momento el reportero preguntó: El filme “Spotlight”, vencedor del Oscar de este año, retrata la investigación de periodistas para denunciar casos de pedofilia en la Iglesia. ¿Usted concuerda que, si los padres pudiesen casarse y/o ser sexualmente activos, podría prevenirse ese tipo de crimen escandaloso?

El padre Ronaldo respondió: No concuerdo, pues la pedofilia no tiene nada a ver con el celibato sacerdotal o el voto de castidad. El número de pedófilos, personas que, cuanto al deseo sexual se sienten atraídas predominante o exclusivamente por jóvenes, es muy pequeño en el contexto de las denuncias realizadas, En la mayoría de los casos, los acusados no son pedófilos, y sí abusadores, aprovechadores de la situación. Eso no disminuye la gravedad de los hechos y de las acusaciones, pero debemos ser precisos en la comprensión de tal fenómeno, si no acabamos siendo injustos. Vale aquí, también para el pedófilo, lo que vale para todos: celibato sacerdotal o consagración religiosa no son opciones de vida realizadoras para muchos que las abrazan; y creo que más aun, pueden ser opciones desastrosas para muchas personas.

¿Cuál es la diferencia entre la castidad y el celibato?, fue otra de las preguntas realizadas durante la entrevista.

El celibato -respondió el padre- es un estado de vida que se caracteriza por el hecho de la persona vivir como soltera. El sacerdocio, por ejemplo, implica el celibato: renuncia al matrimonio, a la conyugalidad y a la paternidad biológica. La castidad, por su vez, es la integración de la sexualidad en la propia personalidad y en el propio proyecto de vida del humano. Si bien no todas las personas son vocacionadas al celibato, sea él sacerdotal o no, todas son llamadas a la castidad; cada una en su estado de vida. Pero si el celibato puede ser opcional, la castidad no; ella es un imperativo ético para quien desea crecer en humanidad y se realizar como gente.

Otro cuestionamiento fue: ¿Por qué la Iglesia Católica exige el celibato y la castidad por parte de los padres e monjas?

La respuesta del sacerdote fue: Quien hace el voto de castidad, como es el caso de las religiosas y de los religiosos, escoge vivir el amor como soltero en una vida que desea expresar la radicalidad del seguimiento de Cristo en el servicio a Dios y a los hermanos. Quien es ordenado, como es el caso de los padres, no escoge de antemano renunciar al matrimonio; debe hacerlo por ser esta condición “sine qua non” para poder ser padre. Se trata de una norma disciplinar de la Iglesia, que puede ser derogada. No obstante, mientras no eso no ocurra, quien quiere ser padre sabe, de antemano, que debe vivir como soltero y, por tanto, renunciar al matrimonio, a la conyugalidad y a la paternidad biológica para dedicarse de forma más exclusiva al ministerio, o sea, al servicio del pueblo y de Dios.

La retórica suena bien, lo que me lleva a recordar lo que ocurriera con Adán y Eva después de su expulsión del Edén, cuando la puerta les fue cerrada para siempre, porque ella le había dado la manzana, que se la ofreció sin intención de malicia ni consejo de serpiente, porque estaba desnuda. Por eso se dice que sólo cuando mordió la manzana se dio cuenta Adán que él también estaba desnudo, como Eva, sin tiempo aun de vestirse, por lo que a partir de ese momento pasaron a ser como los lirios del campo que no hilan ni tejen… ¡Que Dios me perdone!

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