Inevitable
mencionar que la historia terrenal se ha encargado de registrar innúmeros casos
de muertes horripilantes y macabras, y también algunas de ellas jocosas al
extremo. Cito entre muchas, por ejemplo, la del rey Eduardo II de Inglaterra en 1327,
quien después de ser depuesto y encarcelado por su reina Isabella y el amante
de ella, Roger Mortimer, fue asesinado al introducirle una barra de hierro
incandescente a través del ano… Lo que, sin duda, fue un hecho ardiente.
Otro caso inusitado fue el de George
Plantagenet, Duque de Clarence, en
1478, que fue ejecutado por
ahogamiento dentro de un barril lleno de vino Malvazia por petición propia… Lo
que de por sí ya lo torna un suceso placentero.
Un tercer caso de muerte
disparatada fue la de György Dózsa en 1514,
un líder de la revolución campesina en Hungría que fue condenado a
sentarse en un trono metálico candente, con una corona metálica también
incandescente, y un cetro rojo incandescente en su mano derecha para burlarse
de sus ambiciones de querer ser Rey, por la nobleza de Transilvania. Con todo, quedó
registrado que luego de morir su cuerpo rostizado fue parcialmente comido por
seis de sus compañeros rebeldes que habían permanecido sin comer durante una
semana… Una ocurrencia que no merece más comentarios.
Dentro de estas paradójicas
defunciones, tenemos la muerte de Nanda Bayin, el rey de Birmania en 1599, que se murió de risa después de
ser informado que Venecia era un estado libre sin rey… Por lo que es evidente
que la expiración lo alcanzó en plena alegría.
Sin embargo, el astrónomo
danés Tycho Brahe, años después, en 1601,
de acuerdo al mito, murió de complicaciones resultantes del hecho de
retener orina en su vejiga durante un banquete, ya que para esa época era de
muy mala etiqueta dejar la mesa antes de terminar la comida… Poco más tarde
inventaron los pañales geriátricos.
Sir Arthur Aston, comandante
de la realeza, fue golpeado hasta la muerte en 1649 con su pata de palo, porque según los soldados parlamentarios
contenía monedas de oro en su interior… Con todo, el viejo astuto tenía los
dineros bajo el colchón.
Se
cuenta también que Molière, el excelente actor y
guionista francés, murió 1649 de
un ataque de tos mientras actuaba en el papel protagónico de su obra: “Le
Malade imaginaire” (El Hipocondríaco)… No tenía a mano el paquetito de
pastillas “Halls”.
Podría relatar miles de
historias más, todas inusitadas y excéntricas al extremo, pero confieso que no
encontré ninguna que se asemejase en lo más mínimo con la de una mujer que murió de sed después que quedara presa
en un ascensor durante un mes en China.
Según informa
la prensa local, los funcionarios responsables por la manutención de la máquina
en desperfecto, no observaron la existencia de cualquier persona dentro del
elevador. En verdad, los operarios fueron llamados para reparar un elevador que
presentó problemas a comienzo de enero último en la ciudad de Xi´an, al norte del
país. No obstante y conforme apunta la prensa del lugar, una vez allí, estos
gritaron preguntando si había alguien dentro. Al no recibir respuesta, desligaron
el equipamiento y se marcharon.
En la
conjugación del destino, ese equipo de funcionarios salió de licencia por causa
de los festejos del Año Nuevo chino, y retornó al lugar un mes después cuando
entonces encontró el cuerpo de una mujer dentro del elevador que había trabado
entre el 10º y el 11º piso del edificio. Dentro del cuadrilátero mortuorio, junto
a la imagen cadavérica, los operarios encontraron las paredes repletas de arañones
que fueron realizados por la desesperada mujer antes de morir.
De acuerdo
con lo informado por agentes del gobierno, la muerte fue causada por un grave
error de la empresa de manutención, que no verificó correctamente si había personas
presas antes de cortar la energía del equipamiento… Lo que resultó en un
verdadero desperdicio, porque la mujer tenía 43 años y vivía sola en su
apartamento.
Elementar
decir que la policía ya ha realizado diversas prisiones y el caso está siendo juzgado
como homicidio involuntario. Lo cierto de todo esto, es que accidentes que
envuelven falta de respeto a las normas de seguridad se han vuelto comunes en
China, debido a la poca fiscalización de las empresas y el alto índice de
corrupción entre las autoridades… Un hecho que no es nada novedoso por estos
parajes latinoamericanos.
Mismo así,
muertes trágicas en el mundo siempre han acontecido por error personal, como sucedió
en 1871, cuando Clement Vallandigham, congresista americano y oponente político de
Abraham Lincoln, murió de un disparo de bala que el mismo se hizo en corte,
mientras representaba al defendido en un caso de homicidio. Pretendiendo demostrar
como la víctima pudo haberse disparado a sí mismo inadvertidamente, el arma que
según Vallandigham estaba descargada, disparó y lo lesionó mortalmente… Claro
que la demostración fue exitosa y el defendido fue absuelto del delito.
En todo caso, en 1912, Franz Reichelt, un iluso sastre
metido a inventor, cayó hacia su muerte desde el primer piso de la torre Eiffel
mientras probaba su primer invento: el abrigo paracaídas. Era la primera vez
que lo probaba, y la única… ¡Vaya destino trágico!
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