Por lo que
se sabe, y por si el leyente no faltó al aula ese día, recapitulo que la “teoría de la probabilidad” es la parte
de las matemáticas que estudia los “fenómenos aleatorios estocásticos”. Por ser
así, estos deben contraponerse a los “fenómenos determinísticos”, los cuales
son resultados únicos y/o previsibles de experimentos que fueron realizados
bajo las mismas condiciones determinadas, por ejemplo, si se calienta agua a
100 grados Celsius a nivel del mar se obtendrá vapor… Por lo que si es mucha, lo
que se logrará es una sauna.
En todo
caso, los fenómenos aleatorios, por el contrario, son aquellos que se obtienen
como resultado de experimentos realizados, otra vez bajo las mismas condiciones
determinadas, pero como resultado posible poseen un conjunto de alternativas. Por
ejemplo, el lanzamiento de un dado o de una moneda… Salvo que el tirador tenga
mucho azar.
Pues bien,
en resumen, la teoría de probabilidades se ocupa de asignar un cierto número a
cada posible resultado que pueda ocurrir en un experimento aleatorio, con el
fin de cuantificar dichos resultados y saber si un suceso es más probable que
otro.
Teniendo en
cuenta este supuesto, muchos fenómenos naturales son aleatorios, aunque existen
algunos como el lanzamiento de un dado, donde el fenómeno no se repite en las
mismas condiciones, debido a que las características del material hace que no
exista una simetría del mismo, así las repeticiones no garantizan una
probabilidad definida… Y si por acaso apostó, puede perder todo.
En los
procesos reales que se modelizan mediante distribuciones de probabilidad,
corresponden a modelos complejos donde no se conocen “a priori” todos los parámetros que intervienen; ésta es una de
las razones por las cuales la estadística, que busca determinar estos
parámetros, no se reduce inmediatamente a la teoría de la probabilidad en sí.
Durante décadas los marineros del mundo todo tuvieron recelo de navegar
por el “Triángulo de las Bermudas”, área que quedó conocida por una
interminable serie de incidentes tales como el naufragio de un navío de carga
de la marina en 1918.
Luego de ocurrido el desastre y desde entonces, a los paranormales más
entusiastas se les ha dado por afirmar que la región esta asombrada. Sin
embargo, científicos acreditan ahora que puede haber una explicación plausible
para los naufragios ocurridos en la mencionada región, y eso no tendría nada a
ver con los “portales del tiempo” o con “Atlantis”.
Resulta que algunos científicos noruegueses descubrieron una serie de
crateras en el fundo del mar, cerca de la costa de Noruega; por lo que estos
estudiosos acreditan que ellas fueron creadas por enormes bolsones de gas
metano -no necesariamente proveniente de los peces ni del hombre-, que se
desprenden del lecho del océano.
Al presente, ellos están investigando si esas enormes explosiones de gas
serían lo suficientemente fuertes como para hundir los navíos. Algunos de los especialistas
en esos asuntos aguados, sugieren que esas “explosiones” pueden estar por detrás
del misterio del Triángulo de las Bermudas.
Ergo, investigadores de la “Universidad del Ártico”, en Noruega, dieron la siguiente declaración al periódico “Sunday Times”: “Existen varias crateras gigantes en el fundo del mar, en una área del centro-oeste del Mar de Barents, y ellas son, probablemente, las causantes de esas enormes explosiones de gas”… “La región de esas crateras podría representar uno de los puntos donde se registra la mayor liberación de gas metano en las aguas poco profundas del Océano Ártico”.
Como enuncié, todo es probable hoy día, pues no hay más fáciles teorías que
éstas, y porque vivimos en la tierra del gallo milagroso que después de asado
cantó y tuvo descendencia, tanta que, si aún no llegó al millón, poco le
faltará… ¡Es probable!
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