Mi amigo
leyente, puede que usted se asombre con tan parásita revelación, pero al dar
cuenta que desde Inglaterra nos llega la noticia de que arqueólogos y científicos forenses que examinaron los 25
esqueletos descubiertos hace un año en la región de Clerkenwell, en Londres, uno
se entera que ellos acreditan haber revelado el secreto sobre la naturaleza de
la “Peste Negra”, una epidemia que sabidamente asoló a Gran Bretaña y a Europa
durante la Edad Media, conforme lo informa el prestigioso periódico británico “The
Guardian”.
Por tanto, el análisis investigativo, que hace parte del proyecto “Crossrail”
de arqueología, lanzó sobre nuestras cabezas dudas sobre uno de los sucesos que
hemos aprendido en los bancos de la escuela: “que la epidemia fue causada por la
estirpe de una bacteria altamente contagiosa que era transmitida por las pulgas
de las ratas”.
Pues bien, lo que ocurre, es que las evidencias que fueron retiradas de
los restos humanos encontrados en “Charterhouse Square”, al norte de la ciudad
de Londres durante excavaciones que fueron realizadas como parte de la construcción
de una nueva línea de tren, sugieren una causa diferente: “que apenas una infección
transportada por el aire sería capaz de dispersarse tan rápidamente matando
tanta gente”.
Como puede notar, esta nueva tesis contradice las teorías de otros probados
científicos, los que argumentan que la epidemia fuera causada por el surgimiento
independiente de una bacteria en sus hospederos naturales: “la rata negra”.
Hasta el presente, ellos han venido afirmando que la Peste Negra llegó a
Gran Bretaña a partir de Asia Central, en el otoño de 1348; y que hasta el
final de la primavera del año siguiente, ella ya había matado seis en cada 10
personas en Londres. Así que, en base a estas afirmaciones, según la estimativa
del mencionado periódico, si hoy día se aplicase esta regla de mortandad, la alta
tasa de destruición en la actualidad mataría a cinco millones de vecinos.
En todo caso, lo que tenemos, es que al extraer el DNA de la bacteria de
la enfermedad (la Yersinia pestis) de los dientes mayores de algunos de los cráneos
recuperados, estos científicos fueron capaces de comparar la cepa de la Peste
Negra preservada, con la que fuera recientemente responsable por la muerte de
60 personas en Madagascar, África. Sin embargo, para sorpresa de ellos, el
material del siglo XIV -que causó la catástrofe más letal de la historia- no
era más virulento de lo que muestra la africana enfermedad de hoy.
Empero, según afirman los investigadores que trabajan en el órgano de Salud
Pública de Inglaterra, en Puerto Down, para que la peste se esparciese al ritmo
que se desparramó, la plaga debe haber sido transmitida por la tos o el estornudo…
“Fue una peste neumónica en vez de una peste bubónica. La infección se diseminó
de humano para humano, en lugar de las picadas de pulgas de ratas” argumentó el
científico Tim Brooks al reportero del “The Guardian”.
Para apoyar su tesis, Brooks evaluó lo que aconteció en Suffolk, en
1906, cuando la peste mató una familia y luego después se extendió para un vecino
que había concurrido para ayudarlos. Según Brooks, la culpada era la peste neumónica,
que se estableció en los pulmones de las víctimas y se desparramó a través de la
respiración de los infectados.
Por su vez, los tétricos esqueletos de Charterhouse también fueron
capaces de revelar que la población de Londres se encontraba en malas condiciones
de salud en general cuando la enfermedad los alcanzó. Los arqueólogos encontraron
evidencias de raquitismo, anemia, dientes destruidos y desnutrición infantil.
Por otro
lado, y asumiendo que tales revelaciones finales tengan fundamento, no se puede
descartar la idea de que la culpa fue del rey “Eduardo III Plantagenet”, quien además de dedicarse a la guerra con Francia para el mantenimiento de su red de alianzas políticas, realizó
un severo aumento de impuestos que causó recias protestas por parte de sus
súbditos, y se encargó personalmente de que el arzobispo de Canterbury quedara
condenado al ostracismo político, dejando por tanto a su pueblo sin el pan y el
circo… Pero eso sí, con las ratas y sus pulgas… ¿No es abismante?
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