Supongo que usted no imagina en lo más mínimo, todo lo que provoca en mí
su susceptible mirada de ángel. Así como tampoco desconfía todo el delirio y
ese desborde de emociones que me impulsa hacia el infinito, cuando veo en su hermosa
boca delinearse esas sublimes curvas que tanto me hechizan.
Usted, ciertamente, es de ese tipo de alma candorosa a la cual me dan enormes
ganas de asomar mi espíritu, al igual como me aproximo con ojos en delirios a
una ventana llena de sol en el invierno.
Considerando los desvaríos que su presencia me causa, dama de mis
sueños, opto por amarle en silencio, porque es justamente en el silencio donde no
he encontrado rechazo siempre que he dado formas reales a un fantasma que me
cautiva.
También he escogido amarle en soledad, porque se ha tornado evidente para
mí, que en mi parco desamparo usted sólo a mí me pertenece.
Igualmente he elegido adorarle a la distancia, porque es en vano yo querer
luchar contra un libro abierto donde sólo alcanzo a leer sus pupilas entre las letras,
y descubrí que es en la distancia donde logro protegerme del dolor.
Por ser usted como una ola gigante que el viento riza y empuja en el mar
de mis delirios, elijo besarle en el viento, porque he percibido que el viento
es más suave que mis labios, nube de dolor.
A causa del eco de un suspiro que conozco formado de ese aliento que ya he
bebido en otros días, elijo tenerle abrazada en mis sueños, porque al igual que
una nota de lejana música, mis sueños no tienen fin.
Mi adorada de un día, cariñosa mujer, tal vez nos volvamos a ver cuándo
el destino tenga ganas de juntarnos. Mientras tanto, se feliz bajo ese sol que
ilumina tu sendero.

Nenhum comentário:
Postar um comentário