Parece
mentira la alta frecuencia con que se percibe en la vida diaria, la existencia
de una infinidad de individuos que andan por ahí con los ojos medio cerrados,
los oídos como tapiados, la nariz fruncida y el pensamiento adormecido. Acaso
es bien que así sea, y tal vez esa mismísima somnolencia o embotamiento es lo
que hace que tan soportable y deseada resulte la existencia para una
incalculable mayoría de personas.
De todas
suerte, bien pocos serán entre nosotros, simples vivientes en este valle de
lágrimas, los que no hayan pasado nunca por uno de aquellos momentos en que
despierta el espíritu para ver, oír, oler esas cosas que suelen suceder a su
alrededor.
Dígame
entonces si es capaz: ¿A quién ya no le sucedió encontrarse dentro un ascensor
junto con extraños, o dentro de un ómnibus o un vagón de tren lleno de
pasajeros que, con rostro disimulado y fisonomía rubicunda, tuercen la nariz
por causa de un vaporoso mal olor?
Pues
bien, parece que ya no hay por qué sorprenderse ni asombrarse ante esas
hediondas situaciones, como bien resulta ser el mal olor proveniente de la
flatulencia, el cual, indiscutiblemente, siempre ha sido gran motivo de
reclamación y/o de risadas contra quien “comete” el maldito flato, pues ahora me
entero que, de acuerdo con un reportaje que fue publicado por el periódico inglés
“Daily Mail”, y según lo afirma un estudio que fue realizado por la “Universidad
de Exeter”, Inglaterra, el olor del “sulfurito de hidrógeno”, el gas responsable
por el mal olor derivado de substancias podridas, en realidad puede llegar prevenir
algunas enfermedades graves.
Según
estos expertos, ese olor nauseabundo, cuando inspirado en pequeñas cuantidades,
proporcionaría una substancia que ayudaría a proteger el organismo humano de enfermedades
como el cáncer, de accidentes vasculares cerebrales, de ataques cardíacos y, lo
principal, de la demencia -cosa que para muchos ya no hay solución que valga-, conforme
lo indica esta odorífera investigación realizada en la universidad inglesa… Así
que, mi carismático lector, de ahora en adelante aspire al máximo tan dichosa
fragancia si es que quiere preservar la buena salud de su corazón.
¿La
explicación? Bueno, ellos no mencionan quienes fueron sometidos a tan balsámico
test, pero de acuerdo con estos científicos, un ser humano cualquiera, al ser
acometido por alguna de esas enfermedades, sus células atraerían las enzimas
que producen el rancio sulfurito de hidrógeno.
Todo se
debe a que ese tal compuesto ayuda a preservar las mitocondrias, la estructura
celular cuya silenciosa función benemérita es ayudar en la producción de energía
y regular las inflamaciones.
Pues
bien, en el presente momento, estos investigadores están estudiando una manera
de abastecer de alguna manera las células con el gas de los flatos -sin
necesidad de tener que encerrar al paciente en un ascensor- y, así, lograr reverter
los daños causados por enfermedades en las mitocondrias, porque, según ellos, parecería
que con este bendito gas, el 80% de las células pueden sobrevivir en condiciones
de enfermedades destructivas, de acuerdo con los testes que fueron realizados.
Así que, si a la altura en que andamos de este escrito aún no se han
formado los leyentes una vaga idea de lo que mencioné hasta aquí, será
ciertamente porque mi narración ha sido harto oscura o porque les ha privado el
sueño de fijarse lo suficiente en el sentido de mis palabras… ¡Válgame Dios!
Estaba dispuesto -y no descompuesto- a hacerlo con el mayor gusto…. ¡Otra vez
será!
(*) Si le
parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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