Calma, hay casos y casos, mí apasionado lector. Como lo es el de aquél
sujeto de muy buena familia -tal como gustaba apuntar mi abuela-, buena pinta y
elegante como un príncipe y que era codiciado por las más bellas damiselas de
alta estipe, que tuvo la infeliz idea y aquella innata debilidad humana de venir
a enamorase de una mujer de medio pelo -otra referencia clásica de mi abuela
para identificar los de clase media baja. Evidente que en cualquier lugar del
mundo, ellos podrían haberse amado sin tragedia, pero en ese ambiente en que
les tocó vivir, ambos fueron condenados al ostracismo y no pudieron ser felices
eternamente.
Quizás por causa de esa amplia hornada de similares historias de amor
frustrado que todos conocemos, fue que el investigador español Rafael
Santandreu, autor del libro “Las Gafas de la Felicidad”, no teniendo nada mejor
que hacer, se le ocurrió pasar un largo periodo estudiando de qué manera se dan
las relaciones amorosas, las frustraciones y de donde surgió la idea de la monogamia.
En todo caso, su principal conclusión después de un largo ensayo, es que para
ser felices eternamente, “los humanos deberíamos cambiar de pareja a cada cinco
años”… ¡Una extraordinaria resolución!
Indudablemente que al enterarme de ello, podría mencionar que no sé si
existe realmente un tiempo exacto para vivir perenemente dichoso al lado de
otra persona, algo posible de ser medido en números para determinar cuándo es
que la felicidad va terminar, pero es elemental que la recomendación de Santandreu
no deja de ser una buena teoría, especialmente si sirve para hacernos pensar en
cómo andan nuestras relaciones conyugales y cuáles son los motivos que nos hacen
permanecer al lado de personas que, teóricamente, amamos.
¿Por qué digo, “teóricamente”? Es que muchas veces, los
vivientes nos olvidamos de preguntarnos cuál es el sentimiento que impregna nuestra
relación. Por veces nos quedamos tan acomodados y confortables que, mismo teniendo
que convivir con diversos problemas gigantescos en nuestra vida, preferimos
mantener esos problemas que ya conocemos, en lugar de salir a buscar algo nuevo.
Quizás eso se deba al hecho de que lo nuevo siempre asusta.
En todo caso, ¿en base a qué, este investigador atribuye todo ese histórico
de monogamia en nuestras vidas? Pues pienso que se debe a la existencia de una
relación de amo/esclavo, en la cual el hombre posee a la mujer y la mantiene
prisionera de una relación… Que muchas veces no es la ideal.
¿Hace sentido? En algunas culturas puede que un poco más, y menos para
otras, pero el caso tanto da. Existen lugares, aquí mismo en nuestro terruño, en
que hombres son libres para mantener diversas relaciones mientras la mujer debe
permanecer quietita en casa… De por sí, juzgo que eso ya es un indicio de que hay
algo extraño.
Santandreu acredita que esa nueva manera de observar los relacionamientos,
es lo que permitiría disminuir problemas como celos, dependencia material y
psicológica, y quizás hasta disminuir los índices de violencia doméstica… “El
amor sentimental del futuro será itinerante: ninguna pareja tendrá pretensiones
de que dure toda la vida”, comenta este licenciado en dolores de codo ajeno.
Tal anacrónico raciocinio hace con que mucha gente piense -mismo no
teniendo materia gris entre oreja y oreja-, como es posible que así sea, si nuestros
antepasados pasaron la vida entera juntos. Aunque aquí cabría preguntarse: ¿cuál
era esa expectativa de vida que ellos tenían?
Actualmente, a cada año que pasa, la expectativa de vida aumenta por cuenta
de mejoras en la salud, nuevos medicamentos y avanzos en la tecnología, por tanto,
las relaciones tendrían más tiempo para durar. Sin embargo, uno debe
preguntarse: ¿Será que estamos preparados para ello?... ¿Es posible amar y mantener
tesón por una misma persona con quien durante 30, 40 o 50 años dividimos la
vida, la cama, las cuentas, las frustraciones, y, claro, las alegrías?
El secreto, mi febril leyente, tal vez no radique en querer colocar un
plazo de validad en el relacionamiento, y sí en mantener los ojos abiertos y establecer
ciertos parámetros para la pareja, los que les irán mostrar cómo es que anda el
índice de felicidad en su casa.
Mirar para el relacionamiento con sinceridad es extremamente importante,
así como buscar ser feliz. Así que, cuando eses índices no estén bien, la pareja
puede intentar mudar los caminos, las manías, los objetivos, las vivencias... Aunque
siempre es bueno recordar que lo más importante no es tener alguien al lado, más
bien, diría que es ser sincero consigo mismo y recordar que ni todo el mundo
precisa buscar la misma cosa en la vida… Ser feliz es lo que realmente importa,
de la manera que sea.
(*) Si le
parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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