quarta-feira, 2 de julho de 2014

Un Mal Whisky Puede Afectar el Cerebro


Ya no sorprende a nadie enterarse de que en la tierra de la octogenaria Reina existe mucho más que llovizna, bastante neblina y buenos whisky, mismo que diversos habitués a empinar la copa no sepan distinguir la diferencia entre el scotch whisky, el whisky escocés y el bourbon whisky o bourbon whiskey. En todo caso, haciendo un paréntesis frente a lo primordial del asunto, le diré que el primero es el clásico por antonomasia, el whisky propiamente dicho, el de toda la vida, elaborado en Escocia -y no en Paraguay-; y el segundo, pese a formar parte de la familia de los whiskies, es más conocido como bourbon simplemente… Algo así como si fuese un primo distante, o un paria sin apellidos.

Pues bien, retomando la cuestión de mi propósito una vez aclaradas las destiladas diferencias de alcurnias líquidas, tengo que agregar el lado siniestro de mi intención para comentarles que una mujer británica de 56 años y su marido, de 57, terminaron por ser declarados culpables del asesinato de los padres de ella después de que, 15 años más tarde, fuesen descubiertos sus cadáveres, enterrados en el jardín de su casa.

Sé que parece algo más confuso que fatídico, pero en verdad, Susan y Christopher Edwards, el abnegado esposo que la ayudó a encubrir los hechos y a cobrar el dinero y la pensión de las víctimas, acaban de recibir un dictamen de culpabilidad en el “Tribunal de Nottingham” (al centro de Inglaterra), mientras todo el vecindario espera que sean sentenciados en otra audiencia… Y lo que parece peor, sin ellos poder acercarse a la botella de scotch, traicionera compañía.

No sé, puede que el hecho de estar asistiendo a muchos partidos del mundial por la TV y no el whisky con que los acompaño, me esté afectando la composición de esta redacción, pero el asunto de esta pareja ha causado conmoción luego de la policía hallar los cadáveres de Patricia y William Wycherley 15 años después de su muerte ocurrida en mayo de 1998, y porque los autores pasaron todo ese tiempo pretendiendo mostrar que los difuntos seguían con vida para percibir sus prestaciones sociales.

En todo caso, Susan Edwards, que durante el juicio ha confesado que a veces tiene dificultades para distinguir fantasía de realidad, asegura que su madre mató a su padre, y que ella la mató porque le había provocado con comentarios desagradables, como por ejemplo… Bueno, no es necesario detallarlos.

Está bien, ya que el lector insiste, agrego que, según Edwards, quien admite el homicidio pero no asesinato, después de disparar a su padre, que entonces tenía 85 años, la madre, de 63, pasó a provocarla diciéndole que era una hija (…) no deseada y que sabía que había sido abusada sexualmente por su progenitor.

Así que, una vez que el leyente tenga dado rienda suelta a su imaginación de lo que pudo haber ocurrido luego de recibir tan aciagos comentarios, sucede que tras matar a la madre, la autora le confesó a su esposo el asesinato y el fin de semana siguiente ambos enterraron los cuerpos en el jardín trasero de la casa de los Wycherley. En todo caso, en 2005 ellos vendieron esa propiedad con los cadáveres allí enterrados.

Independiente de su juicio, mi amigo leyente, añadiré que esta pareja, que tenía dificultades financieras, no vaciló en vaciar las cuentas bancarias de los muertos y que durante años percibió sus pensiones, hasta un monto de 245.000 libras (más de trecientos mil euros).

Pero como la mentira -al igual que un enano- tiene piernas cortas, la voz de alarma la terminó dando la madrastra de Christopher Edwards, a quien él le confesó los hechos cuando se vio necesitado de dinero, y ello condujo posteriormente a que la policía desenterrara los cuerpos, envueltos en ropa de cama, el 10 de octubre de 2013.

Durante el proceso judicial, la fiscal, Dona Parry-Jones, dijo que fue “un asesinato frío y calculador, motivado por la avaricia”, y que ambos podrían afrontar la cadena perpetua cuando sean sentenciados en una fecha aún no especificada.

Por tanto, mencionado lo concluido y fuera de toda la morbosidad del caso en cuestión, queda clara la interferencia de un mal whisky en el raciocinio de cualquier viviente, momento que somete a la perplejidad popular el poco potable hecho llamado de Waterloo, que por la propia insalubridad acuática del nombre ya lo dice todo, principalmente ante la corruptela existente en la actual coyuntura, rellenada de figuras inexpresivas y personalismos exacerbados… ¡Todo culpa de la hormonal sed de Poder!

(*) Si le parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...

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