Ya no
sorprende a nadie enterarse de que en la tierra de la octogenaria Reina existe
mucho más que llovizna, bastante neblina y buenos whisky, mismo
que diversos habitués a empinar la copa no sepan distinguir la diferencia entre
el scotch whisky, el whisky escocés y el bourbon whisky o
bourbon whiskey. En todo caso, haciendo un paréntesis frente a lo primordial
del asunto, le diré que el primero es el clásico por antonomasia, el whisky
propiamente dicho, el de toda la vida, elaborado en Escocia -y no en Paraguay-;
y el segundo, pese a formar parte de la familia de los whiskies, es más
conocido como bourbon simplemente… Algo así como si fuese un primo distante, o
un paria sin apellidos.
Pues
bien, retomando la cuestión de mi propósito una vez aclaradas las destiladas diferencias de alcurnias líquidas, tengo que agregar el lado siniestro
de mi intención para comentarles que una mujer británica de 56 años y su
marido, de 57, terminaron por ser declarados culpables del asesinato de los
padres de ella después de que, 15 años más tarde, fuesen descubiertos sus
cadáveres, enterrados en el jardín de su casa.
Sé que parece algo más confuso que fatídico, pero en
verdad, Susan y Christopher Edwards, el
abnegado esposo que la ayudó a encubrir los hechos y a cobrar el dinero y la
pensión de las víctimas, acaban de recibir un dictamen de culpabilidad en el
“Tribunal de Nottingham” (al centro de Inglaterra), mientras todo el vecindario
espera que sean sentenciados en otra audiencia… Y lo que parece peor, sin ellos
poder acercarse a la botella de scotch,
traicionera compañía.
No sé,
puede que el hecho de estar asistiendo a muchos partidos del mundial por la TV
y no el whisky con que los acompaño, me esté afectando la composición de esta
redacción, pero el asunto de esta pareja ha causado conmoción luego de la
policía hallar los cadáveres de
Patricia y William Wycherley 15 años después de su muerte ocurrida en
mayo de 1998, y porque los autores
pasaron todo ese tiempo pretendiendo mostrar que los difuntos seguían con vida
para percibir sus prestaciones sociales.
En todo caso, Susan Edwards, que durante el juicio ha confesado que a veces tiene dificultades para
distinguir fantasía de realidad, asegura que su madre mató a su padre, y que
ella la mató porque le había provocado con comentarios desagradables, como por
ejemplo… Bueno, no es necesario detallarlos.
Está
bien, ya que el lector insiste, agrego que, según Edwards, quien admite el
homicidio pero no asesinato, después de disparar a su padre, que entonces tenía
85 años, la madre, de 63, pasó a provocarla diciéndole que era una hija (…) no
deseada y que sabía que había sido abusada sexualmente por su progenitor.
Así que, una
vez que el leyente tenga dado rienda suelta a su imaginación de lo que pudo
haber ocurrido luego de recibir tan aciagos comentarios, sucede que tras matar
a la madre, la autora le confesó a su esposo el asesinato y el fin de semana
siguiente ambos enterraron los cuerpos en el jardín trasero de la casa de los
Wycherley. En todo caso, en 2005 ellos vendieron esa propiedad con los
cadáveres allí enterrados.
Independiente
de su juicio, mi amigo leyente, añadiré que esta pareja, que tenía dificultades
financieras, no vaciló en vaciar las cuentas bancarias de los muertos y que
durante años percibió sus pensiones, hasta un monto de 245.000 libras (más de
trecientos mil euros).
Pero como
la mentira -al igual que un enano- tiene piernas cortas, la voz de alarma la
terminó dando la madrastra de Christopher
Edwards, a quien él le confesó los hechos cuando se vio necesitado de
dinero, y ello condujo posteriormente a que la policía desenterrara los
cuerpos, envueltos en ropa de cama, el 10 de octubre de 2013.
Durante
el proceso judicial, la fiscal, Dona Parry-Jones, dijo que fue “un asesinato frío
y calculador, motivado por la avaricia”, y que ambos podrían afrontar la cadena
perpetua cuando sean sentenciados en una fecha aún no especificada.
Por
tanto, mencionado lo concluido y fuera de toda la morbosidad del caso en
cuestión, queda clara la interferencia de un mal whisky en el raciocinio de
cualquier viviente, momento que somete a la perplejidad popular el poco potable
hecho llamado de Waterloo, que por la propia insalubridad acuática del nombre
ya lo dice todo, principalmente ante la corruptela existente en la actual
coyuntura, rellenada de figuras inexpresivas y personalismos exacerbados… ¡Todo
culpa de la hormonal sed de Poder!
(*) Si le
parece, de una vueltita por http://guillermobasanez.blogspot.com.br/ “Infraganti!!! Imágenes sin retoque”, un blog con algunas imágenes
instantáneas del cotidiano. Mis libros están en el sitio: www.clubedeautores.com.br/carlosdelfante ...
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